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Colombia
y el CGIAR:
Socios en la Investigación para el Desarrollo
Para mayor información contactar a:
Nathan
Russell
Pocos países en desarrollo desempeñan un papel más
productivo y multifacético que Colombia, en el sistema de
investigación agrícola internacional. Miembro del
CGIAR desde 1993,
el país ha sido un socio constante y pro-activo de diversos
centros apoyados por aquél, además de ser uno de los
principales beneficiarios de la investigación colaborativa
para el desarrollo.
Papel multifacético de Colombia
en la investigación agrícola internacional
Como
protagonista central de los proyectos llevados a cabo por las Fundaciones
Rockefeller,
Ford y Kellogg,
a partir de 1948 Colombia contribuyó de manera muy importante
a los esfuerzos que, con el tiempo, condujeron a la creación
del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola
Internacional (CGIAR,
sus siglas en inglés). Con miras a ampliar dicho trabajo
y darle continuidad, el gobierno colombiano aceptó ser anfitrión
del CIAT. Desde que se estableció este Centro en 1967, se
ha comprometido con una agenda de investigación sumamente
variada, la cual refleja la extraordinaria diversidad de la agricultura
y del acervo de recursos naturales de Colombia.
El país ocupa un nicho geográfico estratégico
(enlazando a América Central y del Sur, así como el
Caribe) y abarca una amplia gama de agroecologías, sistemas
agrícolas y recursos fitogenéticos. Por esas razones,
Colombia ha servido extremadamente bien como sede para la investigación
eco-regional que hace el CIAT y también ha facilitado las
transferencias de nuevas tecnologías desde América
tropical hasta África al sur del Sahara y el sudeste asiático.
Además, la sede del CIAT en Cali ha servido de punto lógico
para las operaciones regionales de otros Centros patrocinados por
el CGIAR en particular Bioversity
International y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz
y Trigo (CIMMYT).
Las instituciones colombianas también han desempeñado
un papel activo en el trabajo de otros Centros e iniciativas del
CGIAR, incluyendo el Centro para la Investigación Forestal
Internacional (CIFOR),
el Centro Internacional de la Papa (CIP),
el Consorcio para el Desarrollo Sostenible de la Ecorregión
Andina (CONDESAN),
el Instituto Internacional de Investigación sobre Cultivos
para el Trópico Semiárido (ICRISAT),
el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas
Alimentarias (IFPRI),
el Instituto Internacional de Investigación Pecuaria (ILRI),
el Instituto Internacional para el Manejo del Agua (IWMI),
el Programa de Reto de Agua y Alimentos (CPWF)
y el Centro Mundial de Agroforestería.
Este trabajo colaborativo ha entregado considerables beneficios
a Colombia, América Latina y el Caribe como un todo, y para
muchos otros países del mundo en desarrollo. En Colombia,
muchos de los beneficios han provenido de la investigación
sobre alimentos básicos, especialmente fríjol, yuca,
maíz, papa y arroz, así como forrajes tropicales para
el mejoramiento sostenible de la producción pecuaria. El
país también se ha beneficiado de la investigación
encaminada a mejorar el manejo de los recursos naturales mediante
intervenciones, tanto de tecnología como de políticas.

Al tiempo que los investigadores colombianos continúan comprometidos
con el mejoramiento continuo de los cultivos arriba mencionados,
también han buscado el desarrollo de productos agrícolas
de mayor valor, especialmente frutas tropicales, como parte de nuevos
esfuerzos para combatir la pobreza rural. El CIAT y otros Centros
están encontrando maneras de apoyar ese trabajo de manera
eficaz, por ejemplo, mediante la caracterización de la diversidad
genética de especies frutales y la investigación en
biotecnología enfocada hacia el desarrollo de métodos
para la multiplicación rápida de materiales de siembra
sanos.
Aprovechando su larga trayectoria de colaboración con los
Centros, Colombia se convirtió en miembro del CGIAR
en 1993, justamente en un tiempo en que muchos de los donantes tradicionales
empezaron a reducir su apoyo a la agricultura. Durante más
de una década, la contribución financiera de Colombia
fue la más alta entre los miembros del CGIAR que eran países
en desarrollo. Por cada millón de dólares estadounidenses
que el país invirtió en la investigación del
CGIAR, obtuvo unos US$74 millones en beneficios económicos.
Otras ventajas que ofrece Colombia y que han favorecido enormemente
la investigación apoyada por el CGIAR
en el país son su recurso humano de gran calidad y su capital
institucional. Los profesionales colombianos han sido fundamentales
para la eficacia del CIAT y de los otros Centros, formando parte
de sus juntas directivas, como administradores, como científicos
y en otras actividades.
De manera similar, la fortaleza y versatilidad de los socios colombianos
en la investigación y el desarrollo explican, en gran parte,
el éxito y el carácter innovador de los esfuerzos
colaborativos en áreas que van desde la conservación
de los recursos fitogenéticos y el mejoramiento de cultivos,
hasta el manejo integrado de plagas tropicales y el desarrollo de
enfoques alternativos para el manejo de suelos y el uso de la tierra.
Algunos socios colombianos, junto con diversas organizaciones internacionales
y alianzas público-privadas, forman parte del Parque
Científico Agronatura en el campus del CIAT en Palmira.
Dicho Parque fortalece las capacidades investigativas, presta servicios
de apoyo y facilita la formación de nuevas alianzas.
El apoyo que brinda Colombia al CGIAR
es manejado por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural
(MADR)
de este país. En el marco de esa relación, el CIAT
y otros Centros trabajan en estrecha colaboración con la
Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria
(CORPOICA),
junto con otros institutos nacionales de investigación, las
grandes universidades del país, sus numerosas organizaciones
de la sociedad civil que están socialmente comprometidas
y su dinámico sector privado.
Los Centros han contribuido de manera importante al fortalecimiento
de la capacidad investigativa de sus socios colombianos. Sólo
el CIAT ha capacitado a más de 4,000 profesionales agrícolas
del país, muchos de los cuales han continuado sus estudios
en universidades prestigiosas y han ocupado puestos importantes
en CORPOICA
y otras organizaciones de investigación.
Una parte significativa de la inversión de
los Centros en el fortalecimiento de capacidades ha constado de
apoyo a estudiantes colombianos a nivel de posgrado. Por ejemplo,
Bioversity
International y el CIAT, en colaboración con la Universidad
Nacional, han ayudado a desarrollar un programa de maestría
sobre recursos fitogenéticos, que se encuentra entre los
pocos programas de posgrado que se han sostenido sobre este tema
en América Latina.

Frutos de una asociación exitosa
- Forrajes más productivos para las sabanas tropicales
Una meta inicial y persistente del CIAT y su gobierno anfitrión
fue encontrar maneras de mejorar el potencial agrícola
de los Llanos Orientales del país un objetivo que
ahora parece ser más pertinente que nunca, considerando
la reciente crisis en los precios de los alimentos. Esta región,
que ocupa alrededor de 17 millones de hectáreas, forma
parte de las vastas sabanas tropicales de América del
Sur la última gran frontera agrícola del
mundo. La opción más prometedora para los Llanos
Orientales es reemplazar los pastizales nativos improductivos
con gramíneas y leguminosas forrajeras mejoradas (preferentemente
en combinación con cultivos alimenticios), un proceso
que se encuentra bien adelantado. Los nuevos forrajes son altamente
productivos y tolerantes a los suelos ácidos infértiles
de la región, y aumentan la ganancia de peso del ganado
bovino, de 20 kilogramos por hectárea por año
a 200 kilogramos.
- Arroz y fríjol: Una inseparable dupla de alimentos
de primera necesidad se hace más fuerte
Para
millones de consumidores en Colombia y otras partes de América
Latina, el arroz y el fríjol, a menudo consumidos juntos,
son fuentes clave de carbohidratos y proteína. El CIAT,
en un trabajo conjunto con socios nacionales, está ayudando
a mantener un flujo constante de variedades mejoradas, las cuales
son fundamentales para mantener bajos y estables los precios
de estos granos de primera necesidad.
En los últimos años, Colombia ha liberado 17
variedades de arroz relacionadas con el CIAT las últimas
en una serie de unas 40, muchas de las cuales llevan el nombre
de la Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz)
de Colombia. Las nuevas variedades están generando beneficios
económicos calculados en cientos de millones de dólares
estadounidenses, principalmente debido al incremento de los
rendimientos y a la reducción de gastos en productos
químicos para controlar enfermedades y plagas. El mejoramiento
del arroz en Colombia y otros países sudamericanos ha
recibido un significativo impulso durante la última década
por parte de una innovadora alianza público-privada:
el Fondo Latinoamericano para Arroz de Riego (FLAR).
Con apoyo y orientación de Fedearroz y otros miembros,
el FLAR ha acelerado el flujo de los resultados de investigación
para satisfacer las exigencias del sector arrocero.
En cuanto al fríjol, 17 variedades relacionadas con
el CIAT, liberadas en Colombia desde la década de los
80, también muestran rendimientos más altos y
mayor resistencia a enfermedades y plagas. Generaciones nuevas
de variedades de fríjol ofrecen la ventaja adicional
de un mayor contenido de micronutrientes, específicamente
hierro y cinc. Recientemente, el CIAT firmó acuerdos
con socios locales en Colombia para la multiplicación
y ensayo, en gran escala, de estas variedades "biofortificadas",
con la intención de fortalecer la seguridad alimentaria
para algunos sectores de la población más vulnerable.

- Mejores perspectivas de mercado para la yuca
La investigación colaborativa sobre la yuca en Colombia
está reforzando firmemente la doble función del
cultivo en este país al igual que en otros países
latinoamericanos. Además de consumirse fresca, como alimento
básico tradicional, esta raíz, rica en almidón,
también proporciona materia prima para procesar alimentos
para animales, almidón y, cada vez más, bioetanol.
La yuca, aun cultivada principalmente por pequeños agricultores
en ambientes marginales, les representa a ellos una oportunidad
importante para mejorar sus ingresos, ya que se transforma en
un producto básico orientado hacia el mercado.
Hasta el momento, Colombia ha liberado 17 variedades relacionadas
con el CIAT, que muestran rendimientos más altos y mayor
contenido de almidón, así como resistencia a enfermedades.
Las variedades de yuca del futuro tendrán cualidades
de almidón especiales así como otros rasgos que
mejoran aún más el potencial de mercado. Este
trabajo y otros relacionados se están adelantando en
colaboración con el Consorcio Latinoamericano y del Caribe
de Apoyo a la Investigación y al Desarrollo de la Yuca
(CLAYUCA)
una alianza público-privada estructurada como el
FLAR
en el que participan activamente cerca de una docena de socios
colombianos.
- Desplazamiento del maíz a nuevos nichos importantes
Durante
los años 90, cuando se desplomaron los precios de café,
causando una grave crisis en la zona cafetera de Colombia, dicho
sector optó por la diversificación, con el apoyo
del gobierno nacional, como el mejor camino para lograr nuevamente
la prosperidad. Una opción que ha surgido como evidente
ganadora es la siembra de maíz entre las hileras de arbustos
podados de café.
Para ayudar a los caficultores a llenar este nuevo nicho, el
CIMMYT
ha trabajado con socios nacionales para desarrollar cuatro variedades
de alto rendimiento, resistentes a enfermedades, incluyendo
dos híbridos, que ahora están siendo promovidos.
Como resultado, el área sembrada de maíz en la
zona cafetera ha pasado de cerca de 3,000 hectáreas en
el 2002 a más de 50,000 en el 2007, generando empleo
para los trabajadores del campo sin tierra, al igual que utilidades
de casi US$1,000 por hectárea para los caficultores.
El maíz también está progresando en los
Llanos Orientales, donde las nuevas variedades de maíz
tolerantes a suelos ácidos han permitido expandir la
producción.
- Aprovechamiento del potencial de las frutas tropicales de
alto valor
Colombia alberga una rica variedad de frutas tropicales y
asigna alta prioridad a hacer realidad su potencial de desarrollo.
Entre otros beneficios, las frutas tropicales proporcionan un
poderoso medio para aumentar los ingresos de los pequeños
agricultores mediante la producción y el procesamiento
de cultivos de alto valor. Desde mediados de la década
de los 90, Bioversity International ha trabajado estrechamente
con CORPOICA
y con diversas universidades colombianas en investigaciones
encaminadas a caracterizar la diversidad genética de
especies frutales, como la papaya y las diferentes especies
de Passiflora, que tienen un importante valor comercial. El
nuevo conocimiento generado por esta investigación es
esencial para mejorar las variedades actualmente en producción,
porque se identifican nuevas opciones de frutas que pueden llamar
la atención de los consumidores, y para planificar esfuerzos
de conservación a nivel de país. Un producto reciente
de la investigación colaborativa que incluye a Bioversity,
CIAT y el Centro de Cooperación Internacional en Investigación
Agrícola para el Desarrollo (CIRAD)
es la Base de Datos de Especies Frutales del Nuevo Mundo, que
cubre 1,256 especies.

- Una agricultura más competitiva y una mejor administración
ambiental
Desde principios de la década de los 90, el CIAT ha
desarrollado una ambiciosa agenda de investigación sobre
el manejo de los recursos naturales, que complementa el trabajo
que se hace sobre cultivos clave. Esta investigación
cubre las principales agroecologías en Colombia laderas,
sabanas y bosques marginales y ha generado una rica colección
de conocimientos, métodos y opciones tecnológicas
que están siendo aplicados por la población rural
y numerosas organizaciones de investigación y desarrollo
en todo el país. Son especialmente dignos de mención
los sistemas de producción mejorados para los Llanos
Orientales; los métodos de investigación participativa
con los agricultores respecto a cultivos locales, el manejo
comunitario de cuencas hidrográficas y el desarrollo
agroempresarial; y las herramientas de información para
orientar los esfuerzos para combatir la pobreza y proteger los
recursos naturales.
Un producto reciente de esta investigación es un nuevo
recurso de información que busca apoyar los esfuerzos
de las alianzas estratégicas que se están formando
en Colombia y en otras partes, para hacer que la agricultura
sea más competitiva y equitativa ante la turbulencia
económica y el cambio climático. Creado en colaboración
con una variada gama de socios nacionales e internacionales,
este recurso suministra información detallada que cubre
unos 30 millones de hectáreas de tierras cultivadas en
Colombia. Estudios de casos recientes han demostrado la utilidad
de dicha información en tareas como seleccionar áreas
para la introducción de cultivos de alto valor, esquemas
para compensar a la población rural por servicios ambientales
y proyectos para reducir la sedimentación de vías
fluviales.
- Compensación de la población rural por servicios
ambientales
Mientras que el CIAT emprendió nueva investigación
sobre el manejo de los recursos naturales en las diversas agroecologías
a comienzos de la década de los 90, CONDESAN
emprendió esfuerzos complementarios en la región
alta de los Andes. Una innovación que ha surgido de este
trabajo es un mecanismo para compensar a la población
rural por la prestación de servicios ambientales en las
cuencas andinas consideradas vitales, que apoyan medios de vida
agrícolas y albergan diversidad biológica, además
de proveer agua.
En una de estas cuencas, cerca de la Laguna de Fúquene
en Colombia, se identificó la eutrofización (o
contaminación por nutrientes), causada por el uso excesivo
de agroquímicos en la producción de papa, como
importante problema ambiental. Un análisis de los posibles
usos de la tierra indicó que la agricultura de conservación
(es decir, reducir la labranza y dejar residuos de cultivos
para cubrir el suelo) era la opción más beneficiosa
en términos generales, especialmente porque controlaba
la erosión y reducía la filtración de nitratos
y fosfatos provenientes de los fertilizantes y de los desechos
animales en el lago. Para brindar a los pequeños agricultores
los incentivos y medios para adoptar esta alternativa, se creó
un fondo rotatorio que les ofrece crédito a través
de asociaciones. Para el éxito de esta iniciativa fue
clave la asistencia técnica que los agricultores recibieron
del gobierno local y el apoyo de investigación proporcionado
por el CIAT.

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