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CIAT en Perspectiva 2003-2004
Los Puntos Cardinales de Nuestra Carta de Navegación

A Compartir los Beneficios del
Oro Verde de la Agricultura

 

 

 

Producción de flores de piretro, las cuales
contienen compuestos insecticidas y se venden
para procesamiento, en la aldea de Muguli,
en el suroccidente de Uganda.

Iniciativa de ayuda para que América Latina aplique convenios internacionales de diversidad biológica

Imagínese haber acumulado una pequeña fortuna familiar durante varias décadas de trabajo. Usted espera que sea suficiente no sólo para financiar su jubilación sino que, con el tiempo, dejarles una herencia a sus hijos. Pero inesperadamente, en un período de 6 meses, el valor de su capital, ganado con tanto esfuerzo, colapsa y se reduce a sólo un cuarto de su nivel anterior, dejándolo a usted y a su familia vulnerables frente a un futuro incierto.

Hoy día, la comunidad agrícola mundial está más o menos en esa difícil situación, siendo su nidal amenazado la diversidad fitogenética. La velocidad y la escala de esta disminución son alarmantes. Durante los últimos 150 años, la diversidad de variedades cultivadas -el capital biológico amasado por agricultores-mejoradores durante 10 milenios de observación y ahorro selectivo de semilla y otros materiales reproductivos- ha disminuido en un 75 por ciento. La pérdida está estrechamente vinculada al comportamiento y las exigencias del hombre: los cambios en el uso de la tierra, el crecimiento de la población, la uniformidad requerida por la agricultura comercial de altos insumos y los patrones cambiantes del comercio de los productos alimentarios debidos a la globalización.

Al mismo tiempo, los parientes silvestres de cultivos alimenticios, tan vitales para el fitomejoramiento futuro y, por consiguiente, para la seguridad alimentaria, también están bajo amenaza. La destrucción de los hábitat, que incluye, irónicamente, la tala forestal para la agricultura y la ganadería, es la principal causa. Y ahora el cambio climático plantea nuevos peligros para ciertas poblaciones de plantas, tanto silvestres como domesticadas. Por ejemplo, sin intervención humana directa, muchas de las especies silvestres de maní de América del Sur estarán extintas en 50 años.

Seguimiento a convenios mundiales

El Convenio sobre la Diversidad Biológica fue adoptado en la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo, la denominada Cumbre para la Tierra, en Río de Janeiro en junio de 1992. Junto con la Agenda 21, un plan detallado mucho más amplio para la protección del medio ambiente, el Convenio fue un llamado mundial a la guerra contra las crecientes amenazas a la diversidad biológica -tanto para la diversidad de plantas agrícolas como para todas las formas de vida.

Desde entonces, han sido adoptados otros dos instrumentos internacionales, que están estrechamente relacionados con las metas y el espíritu de la Agenda 21 y el Convenio. El Protocolo de Bioseguridad de Cartagena, que proviene del Artículo 19 del Convenio, fue adoptado en el 2000 y está en vigor. El Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, independiente del Convenio pero en armonía con éste, fue adoptado en el 2001 por los estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Este Tratado entró en vigor el 29 de junio de 2004.

Tanto el Convenio como el Tratado enfatizan mucho la participación equitativa de los beneficios que surgen del uso de los recursos genéticos. El Tratado, que es específico para la diversidad biológica agrícola, incluye un artículo sobre los derechos de los agricultores, principales guardianes de la diversidad de plantas comestibles. También define un mecanismo multilateral de carácter obligatorio para distribuir justamente diversos tipos de beneficios: información, tecnología, fortalecimiento de capacidades y ganancias provenientes de la comercialización de productos. Respecto a este punto, el Convenio es más generalizado, pero sí menciona los derechos de las "comunidades indígenas y locales" y la necesidad de participación equitativa de los beneficios.

Durante el último año, el CIAT ha trabajado con cinco organizaciones para diseñar un ambicioso proyecto colaborativo que ayudará a los países latinoamericanos a que apliquen las provisiones de estos influyentes convenios internacionales. Los miembros latinoamericanos del grupo central de planeación de este proyecto son el Instituto Alexander von Humboldt de Colombia, el Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio) de Costa Rica y la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) de México. Los miembros con sede en los Estados Unidos son la Universidad de Cornell y el Museo de Historia Natural de la Institución Smithsonian.

En febrero del 2004, después de consultas en la sede del CIAT en Colombia, el grupo presentó una propuesta preliminar al Fondo Global para el Medio Ambiente (GEF) para un proyecto de 5 años sobre la conservación y el uso de la agrobiodiversidad y la participación de sus beneficios. El proyecto busca capacitar a los países latinoamericanos para que hagan un mayor uso de su diversidad biológica en el contexto de la globalización, que racionalicen los esfuerzos de conservación al apoyar la formulación de políticas con información técnica sólida y que descubran "diversidad funcional" para enriquecer los acervos de genes. Se espera que los costos promedien cerca de US$5 millones por año.
"Los países biológicamente ricos se están comiendo su capital y poniendo en riesgo sus opciones futuras para el desarrollo sostenible", dice Joe Tohme, fitogenetista y líder del proyecto Conservación y Uso de Recursos Genéticos del Trópico del CIAT. "En el mundo altamente interconectado de hoy, agrega Tohme, la seguridad alimentaria de la mayoría de los países depende, en gran medida, de la diversidad fitogenética concentrada en sólo unos cuantos países".

Aprovechar la experticia en América tropical

"Vemos esta nueva iniciativa como un consorcio regional, no como un proyecto del CIAT", explica Tohme. "Las instituciones que pertenecen al grupo central poseen experticia en áreas específicas cubiertas por el proyecto, tales como conservación, bioprospección, genómica y bioseguridad. Se les invitará a participar por derecho propio, pero también para que identifiquen o recluten profesionales de otras organizaciones que puedan aportar al trabajo del consorcio".

Tohme cita el trabajo de bioprospección que hace INBio en Costa Rica como un ejemplo de la experiencia y los conocimientos que hay que aprovechar para el trabajo regional de diversidad biológica agrícola. Aunque este pequeño país centroamericano representa menos del 0.5 por ciento de la superficie terrestre del mundo, los científicos calculan que es el refugio de aproximadamente 500,000 especies, quizás 4 ó 5 por ciento de la diversidad biológica no acuática de la tierra. La catalogación, la conservación y el uso de este "oro verde" para el beneficio nacional han sido las principales tareas de INBio desde que se estableció como instituto de interés público, sin fines de lucro, a finales de los años 80.

En 1991, INBio llegó a un acuerdo con el gigante de los farmacéuticos de los Estados Unidos, Merck & Co. Bajo el arreglo multimillonario en dólares, se concedió a Merck los derechos de seleccionar un número limitado de especímenes de plantas, insectos y microbios recolectados por INBio en las áreas de conservación. Merck convino en pagar regalías, que serán compartidas por INBio y el gobierno costarricense, sobre las ganancias de comercialización de cualquier medicamento desarrollado como resultado de este trabajo. El acuerdo también obligó a Merck a capacitar científicos costarricenses en las técnicas de evaluación de plantas tropicales para aplicaciones medicinales potenciales.

Como miembro principal del nuevo consorcio latinoamericano sobre agrobiodiversidad, INBio extenderá su investigación y experticia a especies importantes para la agricultura. "Siento gran entusiasmo por este proyecto", dice Ana Lorena Guevara, gerente de la Unidad de Acción Estratégica de Bioprospección de INBio. "Las personas olvidan que el alimento que comemos se basa en los recursos genéticos que ahora están bajo seria amenaza. Tienden a concentrarse en la diversidad biológica silvestre y no piensan mucho en la diversidad biológica agrícola. El proyecto del consorcio es una oportunidad tangible para que proporcionemos a las personas encargadas de tomar decisiones la información que necesitan para proteger nuestra oferta de alimentos y la seguridad alimentaria".

Para Guevara, una agrónoma convencida, el proyecto es, irónicamente, su primera oportunidad como científica del INBio para considerar la diversidad biológica costarricense específicamente en función de sus beneficios para la producción de alimentos y la generación de ingresos en zonas rurales. "El arroz es muy importante para la seguridad alimentaria", dice ella. "Pero Costa Rica también hospeda parientes silvestres de otros cultivos con buen potencial económico. La papaya silvestre, por ejemplo, podría resultar valiosa para el mejoramiento genético de la papaya cultivada, permitiendo que se desarrollen nuevos mercados de exportación".

Maíz, frijol, arroz y... más

El proyecto se centrará en dos importantes corredores biológicos que son centros de la diversidad genética. El primero se extiende desde el Istmo de Tehuantepec, en el sur de México, a través de América Central hasta el área del Canal de Panamá. El segundo está en los Andes de Colombia y Ecuador, en el noroeste de América del Sur. Para mantener el proyecto manejable se decidió que las principales actividades deben restringirse inicialmente a unos cuantos países. Las tres instituciones nacionales que forman parte del grupo están ubicadas en países ampliamente conocidos por su riqueza en recursos fitogenéticos (RFG): México, Colombia y Costa Rica.

El proyecto cubrirá los cultivos alimenticios de primera necesidad que son importantes para América Latina y otras regiones, como son el maíz, el arroz americano, el frijol común y la yuca. También se incluirán algunas especies de frutas y verduras con significativo potencial comercial, a saber, cucurbitáceas (familia de la calabaza), papaya, anonáceas (familia del guanábano), cacao y aguacate, más unas cuantas especies nativas de árboles multipropósito.

Aunque América Central alberga una riqueza única de diversidad genética para el maíz, el arroz y el frijol, ya no es autosuficiente en estos alimentos básicos. Un beneficio importante de la conservación mejorada debería ser, por consiguiente, una mayor seguridad alimentaria en esta región. No obstante, probablemente se verá una recompensa aun más grande en otras regiones productoras, especialmente África, donde estos cultivos se siembran en forma mucho más amplia. Por fortuna, el "sistema multilateral" contemplado por el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura contempla incentivos financieros y otros, para que los países pongan en práctica programas de conservación de la agrobiodiversidad como fuentes de bienes públicos internacionales en vez de sólo nacionales.

Aunque varios países en todo el mundo han logrado adelantos en la conservación de los RFG, Tohme dice que hay mucho por hacer para racionalizar estos esfuerzos y hacerlos rentables. Por ejemplo, los ministerios de agricultura y del ambiente necesitan asesoría detallada sobre cuáles especies pueden tener especial importancia económica, cuáles están amenazadas y dónde designar las áreas protegidas. También necesitan información sobre cómo los esfuerzos de conservación, con apoyo de organizaciones locales, pueden extenderse más allá de estas áreas hasta los campos de los agricultores y los bordes de los caminos.

La biotecnología y los SIG

El ritmo veloz de la erosión de la agrobiodiversidad es tema de suma preocupación para los expertos en recursos genéticos. Afortunadamente, recientes adelantos tecnológicos, especialmente en los campos de la biotecnología y los sistemas de información geográfica (SIG), ofrecen oportunidad para reforzar los programas de conservación y uso de RFG -y quizás para salvaguardar una valiosa especie de la extinción.

"Un aspecto nuevo y útil de nuestro trabajo de mejoramiento es que ahora es posible la manipulación en el plano genético en vez de hacerlo sólo a nivel de la planta", dice el director de investigación del CIAT, Douglas Pachico. Por ejemplo, el mejoramiento en las técnicas de marcadores moleculares y el advenimiento de la tecnología de chip de ADN (o sea, microarreglos en los que en un pequeño espacio se pueden acomodar muchos genes o porciones de ADN de un organismo). Estas técnicas permiten la selección rápida y precisa de grandes números de especímenes de planta, ya sea de bancos de germoplasma o de hábitat naturales, con respecto a rasgos de valor económico. Esta información puede realimentarse en los programas de conservación para perfeccionarlos o reorientarlos. O puede canalizarse en los programas de mejoramiento para desarrollar cultivares con rasgos favorables para los agricultores -como requerimientos más bajos de agua y de nutrientes en el suelo, más resistencia a plagas y enfermedades, y mayores concentraciones de aquellos micronutrientes que faltan en los regímenes alimentarios de la población de escasos recursos.

Las herramientas de SIG también permiten una conservación más eficaz de los RFG. Por ejemplo, FloraMap, desarrollado por el CIAT, predice la distribución geográfica de plantas silvestres utilizando los datos climáticos de las localidades (definidos por latitud y longitud) donde ya se han recolectado especies. Al sobreponer otra información georeferenciada, como las redes viales, los patrones de suelo, los límites administrativos y los centros de población, FloraMap también ayuda a identificar las áreas apropiadas para la conservación in situ.

Pachico señala que el escenario de los derechos de propiedad intelectual (DPI) ha cambiado extraordinariamente en los últimos años. Por un lado, los convenios internacionales reconocen explícitamente la soberanía de los gobiernos nacionales sobre los recursos genéticos dentro de sus fronteras. Por otro lado, las compañías privadas cada vez sacan más provecho de los medios legales para proteger innovaciones, ya sea que se trate de aplicaciones patentadas o del cumplimiento de los convenios de regalías a través de procesos jurídicos. Si los convenios internacionales verdaderamente han de fomentar la participación equitativa de beneficios, dice Pachico, entonces el CIAT y otros centros del GCIAI (Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional) deben estar preparados para ayudar a sus socios nacionales mediante el fortalecimiento de capacidades en relación con los RFG.

"Ian Johnson, presidente del GCIAI, ha recalcado en la necesidad de vincular el trabajo de los centros internacionales de investigación al conjunto de convenios y acuerdos internacionales. El fondo del asunto es que el GCIAI debe hacer que su investigación sea más pertinente a los principales temas que están siendo tratados en estos foros mundiales. Uno de estos temas es la distribución justa de los beneficios de la diversidad biológica".

 

Seis pasos para la conservación y el uso de la agrobiodiversidad

Un consorcio de organizaciones latinoamericanas y estadounidenses, convocado por el CIAT, lanzó un proyecto de 5 años para mejorar la conservación y el uso de los RFG para la agricultura y para promover la participación equitativa de los beneficios. El proyecto está organizado alrededor de seis actividades interconectadas:

Análisis de amenazas: ¿Qué impacto tendrán el cambio climático, los patrones cambiantes del uso de la tierra, la urbanización y la globalización económica en la agrobiodiversidad? ¿Qué especies se encuentran en peligro y cuál es su valor económico y social?

Las personas encargadas de tomar decisiones necesitan respuestas a estas preguntas antes de decidir cómo proceder.

Determinación de la distribución espacial: ¿Dónde están localizadas las valiosas líneas locales y especies silvestres y cuáles son sus poblaciones? Alguna información pertinente existe, pero está esparcida en diferentes instituciones y países.

Manejo de la conservación: Los resultados del análisis de amenazas y el mapeo de la distribución espacial pueden usarse para ampliar los esfuerzos de conservación más allá de las áreas formalmente protegidas y los sitios ex situ, como los bancos de germoplasma y los herbarios. Las comunidades y las organizaciones locales pueden movilizarse para proteger los hábitat rurales y conservar las especies de plantas in situ -en tierra de barbecho, en los perímetros sin cultivar de los campos de cultivo, y a lo largo de los bordes de los caminos.

Correlación de la diversidad con rasgos clave de la planta: Los especímenes de plantas deben ser masivamente examinados, utilizando marcadores moleculares, respecto a los genes que controlan rasgos deseables, por ejemplo resistencia a la sequía o tolerancia a suelos ácidos. Los resultados serán de utilidad tanto para los fitomejoradores como para los especialistas en conservación.

Participación de los beneficios: Una mejor conservación, una difusión de la información y el acceso a germoplasma permitirán a los investigadores entregar variedades mejoradas de cultivos a los agricultores, incluyendo especies únicas con potencial comercial.

Fortalecimiento de capacidades e intercambio de información: Los agricultores y los representantes de organizaciones comunitarias, organizaciones no gubernamentales y organismos gubernamentales recibirán capacitación en diversos aspectos del manejo de los RFG. Los beneficios principales a escala local serán la adopción de prácticas agrícolas que favorecen la diversidad biológica, así como más tierra dedicada a la conservación de líneas locales y especies silvestres. El conocimiento y la información serán incorporados en productos y servicios de información, fáciles de usar.

 

 

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