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Compartir los Beneficios del Oro Verde de la Agricultura Producción
de flores de piretro, las cuales contienen compuestos insecticidas y se venden
para procesamiento, en la aldea de Muguli, en el suroccidente de Uganda. |  |
Iniciativa de ayuda para que América Latina aplique
convenios internacionales de diversidad biológicaImagínese
haber acumulado una pequeña fortuna familiar durante varias décadas
de trabajo. Usted espera que sea suficiente no sólo para financiar su jubilación
sino que, con el tiempo, dejarles una herencia a sus hijos. Pero inesperadamente,
en un período de 6 meses, el valor de su capital, ganado con tanto esfuerzo,
colapsa y se reduce a sólo un cuarto de su nivel anterior, dejándolo
a usted y a su familia vulnerables frente a un futuro incierto. Hoy día,
la comunidad agrícola mundial está más o menos en esa difícil
situación, siendo su nidal amenazado la diversidad fitogenética.
La velocidad y la escala de esta disminución son alarmantes. Durante los
últimos 150 años, la diversidad de variedades cultivadas -el capital
biológico amasado por agricultores-mejoradores durante 10 milenios de observación
y ahorro selectivo de semilla y otros materiales reproductivos- ha disminuido
en un 75 por ciento. La pérdida está estrechamente vinculada al
comportamiento y las exigencias del hombre: los cambios en el uso de la tierra,
el crecimiento de la población, la uniformidad requerida por la agricultura
comercial de altos insumos y los patrones cambiantes del comercio de los productos
alimentarios debidos a la globalización. Al mismo tiempo, los parientes
silvestres de cultivos alimenticios, tan vitales para el fitomejoramiento futuro
y, por consiguiente, para la seguridad alimentaria, también están
bajo amenaza. La destrucción de los hábitat, que incluye, irónicamente,
la tala forestal para la agricultura y la ganadería, es la principal causa.
Y ahora el cambio climático plantea nuevos peligros para ciertas poblaciones
de plantas, tanto silvestres como domesticadas. Por ejemplo, sin intervención
humana directa, muchas de las especies silvestres de maní de América
del Sur estarán extintas en 50 años. Seguimiento a convenios
mundialesEl Convenio sobre la Diversidad Biológica fue adoptado
en la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo,
la denominada Cumbre para la Tierra, en Río de Janeiro en junio de 1992.
Junto con la Agenda 21, un plan detallado mucho más amplio para la protección
del medio ambiente, el Convenio fue un llamado mundial a la guerra contra las
crecientes amenazas a la diversidad biológica -tanto para la diversidad
de plantas agrícolas como para todas las formas de vida. Desde entonces,
han sido adoptados otros dos instrumentos internacionales, que están estrechamente
relacionados con las metas y el espíritu de la Agenda 21 y el Convenio.
El Protocolo de Bioseguridad de Cartagena, que proviene del Artículo 19
del Convenio, fue adoptado en el 2000 y está en vigor. El Tratado Internacional
sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura,
independiente del Convenio pero en armonía con éste, fue adoptado
en el 2001 por los estados miembros de la Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Este Tratado entró
en vigor el 29 de junio de 2004. Tanto el Convenio como el Tratado enfatizan
mucho la participación equitativa de los beneficios que surgen del uso
de los recursos genéticos. El Tratado, que es específico para la
diversidad biológica agrícola, incluye un artículo sobre
los derechos de los agricultores, principales guardianes de la diversidad de plantas
comestibles. También define un mecanismo multilateral de carácter
obligatorio para distribuir justamente diversos tipos de beneficios: información,
tecnología, fortalecimiento de capacidades y ganancias provenientes de
la comercialización de productos. Respecto a este punto, el Convenio es
más generalizado, pero sí menciona los derechos de las "comunidades
indígenas y locales" y la necesidad de participación equitativa
de los beneficios. Durante el último año, el CIAT ha trabajado
con cinco organizaciones para diseñar un ambicioso proyecto colaborativo
que ayudará a los países latinoamericanos a que apliquen las provisiones
de estos influyentes convenios internacionales. Los miembros latinoamericanos
del grupo central de planeación de este proyecto son el Instituto Alexander
von Humboldt de Colombia, el Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio) de Costa
Rica y la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad
(Conabio) de México. Los miembros con sede en los Estados Unidos son la
Universidad de Cornell y el Museo de Historia Natural de la Institución
Smithsonian. En febrero del 2004, después de consultas en la sede
del CIAT en Colombia, el grupo presentó una propuesta preliminar al Fondo
Global para el Medio Ambiente (GEF) para un proyecto de 5 años sobre la
conservación y el uso de la agrobiodiversidad y la participación
de sus beneficios. El proyecto busca capacitar a los países latinoamericanos
para que hagan un mayor uso de su diversidad biológica en el contexto de
la globalización, que racionalicen los esfuerzos de conservación
al apoyar la formulación de políticas con información técnica
sólida y que descubran "diversidad funcional" para enriquecer
los acervos de genes. Se espera que los costos promedien cerca de US$5 millones
por año. "Los países biológicamente ricos se están
comiendo su capital y poniendo en riesgo sus opciones futuras para el desarrollo
sostenible", dice Joe Tohme, fitogenetista y líder del proyecto Conservación
y Uso de Recursos Genéticos del Trópico del CIAT. "En el mundo
altamente interconectado de hoy, agrega Tohme, la seguridad alimentaria de la
mayoría de los países depende, en gran medida, de la diversidad
fitogenética concentrada en sólo unos cuantos países". Aprovechar
la experticia en América tropical"Vemos esta nueva iniciativa
como un consorcio regional, no como un proyecto del CIAT", explica Tohme.
"Las instituciones que pertenecen al grupo central poseen experticia en áreas
específicas cubiertas por el proyecto, tales como conservación,
bioprospección, genómica y bioseguridad. Se les invitará
a participar por derecho propio, pero también para que identifiquen o recluten
profesionales de otras organizaciones que puedan aportar al trabajo del consorcio". Tohme
cita el trabajo de bioprospección que hace INBio en Costa Rica como un
ejemplo de la experiencia y los conocimientos que hay que aprovechar para el trabajo
regional de diversidad biológica agrícola. Aunque este pequeño
país centroamericano representa menos del 0.5 por ciento de la superficie
terrestre del mundo, los científicos calculan que es el refugio de aproximadamente
500,000 especies, quizás 4 ó 5 por ciento de la diversidad biológica
no acuática de la tierra. La catalogación, la conservación
y el uso de este "oro verde" para el beneficio nacional han sido las
principales tareas de INBio desde que se estableció como instituto de interés
público, sin fines de lucro, a finales de los años 80. En
1991, INBio llegó a un acuerdo con el gigante de los farmacéuticos
de los Estados Unidos, Merck & Co. Bajo el arreglo multimillonario en dólares,
se concedió a Merck los derechos de seleccionar un número limitado
de especímenes de plantas, insectos y microbios recolectados por INBio
en las áreas de conservación. Merck convino en pagar regalías,
que serán compartidas por INBio y el gobierno costarricense, sobre las
ganancias de comercialización de cualquier medicamento desarrollado como
resultado de este trabajo. El acuerdo también obligó a Merck a capacitar
científicos costarricenses en las técnicas de evaluación
de plantas tropicales para aplicaciones medicinales potenciales. Como miembro
principal del nuevo consorcio latinoamericano sobre agrobiodiversidad, INBio extenderá
su investigación y experticia a especies importantes para la agricultura.
"Siento gran entusiasmo por este proyecto", dice Ana Lorena Guevara,
gerente de la Unidad de Acción Estratégica de Bioprospección
de INBio. "Las personas olvidan que el alimento que comemos se basa en los
recursos genéticos que ahora están bajo seria amenaza. Tienden a
concentrarse en la diversidad biológica silvestre y no piensan mucho en
la diversidad biológica agrícola. El proyecto del consorcio es una
oportunidad tangible para que proporcionemos a las personas encargadas de tomar
decisiones la información que necesitan para proteger nuestra oferta de
alimentos y la seguridad alimentaria". Para Guevara, una agrónoma
convencida, el proyecto es, irónicamente, su primera oportunidad como científica
del INBio para considerar la diversidad biológica costarricense específicamente
en función de sus beneficios para la producción de alimentos y la
generación de ingresos en zonas rurales. "El arroz es muy importante
para la seguridad alimentaria", dice ella. "Pero Costa Rica también
hospeda parientes silvestres de otros cultivos con buen potencial económico.
La papaya silvestre, por ejemplo, podría resultar valiosa para el mejoramiento
genético de la papaya cultivada, permitiendo que se desarrollen nuevos
mercados de exportación". Maíz, frijol, arroz y... másEl
proyecto se centrará en dos importantes corredores biológicos que
son centros de la diversidad genética. El primero se extiende desde el
Istmo de Tehuantepec, en el sur de México, a través de América
Central hasta el área del Canal de Panamá. El segundo está
en los Andes de Colombia y Ecuador, en el noroeste de América del Sur.
Para mantener el proyecto manejable se decidió que las principales actividades
deben restringirse inicialmente a unos cuantos países. Las tres instituciones
nacionales que forman parte del grupo están ubicadas en países ampliamente
conocidos por su riqueza en recursos fitogenéticos (RFG): México,
Colombia y Costa Rica. El proyecto cubrirá los cultivos alimenticios
de primera necesidad que son importantes para América Latina y otras regiones,
como son el maíz, el arroz americano, el frijol común y la yuca.
También se incluirán algunas especies de frutas y verduras con significativo
potencial comercial, a saber, cucurbitáceas (familia de la calabaza), papaya,
anonáceas (familia del guanábano), cacao y aguacate, más
unas cuantas especies nativas de árboles multipropósito. Aunque
América Central alberga una riqueza única de diversidad genética
para el maíz, el arroz y el frijol, ya no es autosuficiente en estos alimentos
básicos. Un beneficio importante de la conservación mejorada debería
ser, por consiguiente, una mayor seguridad alimentaria en esta región.
No obstante, probablemente se verá una recompensa aun más grande
en otras regiones productoras, especialmente África, donde estos cultivos
se siembran en forma mucho más amplia. Por fortuna, el "sistema multilateral"
contemplado por el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos
para la Alimentación y la Agricultura contempla incentivos financieros
y otros, para que los países pongan en práctica programas de conservación
de la agrobiodiversidad como fuentes de bienes públicos internacionales
en vez de sólo nacionales. Aunque varios países en todo el
mundo han logrado adelantos en la conservación de los RFG, Tohme dice que
hay mucho por hacer para racionalizar estos esfuerzos y hacerlos rentables. Por
ejemplo, los ministerios de agricultura y del ambiente necesitan asesoría
detallada sobre cuáles especies pueden tener especial importancia económica,
cuáles están amenazadas y dónde designar las áreas
protegidas. También necesitan información sobre cómo los
esfuerzos de conservación, con apoyo de organizaciones locales, pueden
extenderse más allá de estas áreas hasta los campos de los
agricultores y los bordes de los caminos. La biotecnología y los
SIGEl ritmo veloz de la erosión de la agrobiodiversidad es tema
de suma preocupación para los expertos en recursos genéticos. Afortunadamente,
recientes adelantos tecnológicos, especialmente en los campos de la biotecnología
y los sistemas de información geográfica (SIG), ofrecen oportunidad
para reforzar los programas de conservación y uso de RFG -y quizás
para salvaguardar una valiosa especie de la extinción. "Un aspecto
nuevo y útil de nuestro trabajo de mejoramiento es que ahora es posible
la manipulación en el plano genético en vez de hacerlo sólo
a nivel de la planta", dice el director de investigación del CIAT,
Douglas Pachico. Por ejemplo, el mejoramiento en las técnicas de marcadores
moleculares y el advenimiento de la tecnología de chip de ADN (o sea, microarreglos
en los que en un pequeño espacio se pueden acomodar muchos genes o porciones
de ADN de un organismo). Estas técnicas permiten la selección rápida
y precisa de grandes números de especímenes de planta, ya sea de
bancos de germoplasma o de hábitat naturales, con respecto a rasgos de
valor económico. Esta información puede realimentarse en los programas
de conservación para perfeccionarlos o reorientarlos. O puede canalizarse
en los programas de mejoramiento para desarrollar cultivares con rasgos favorables
para los agricultores -como requerimientos más bajos de agua y de nutrientes
en el suelo, más resistencia a plagas y enfermedades, y mayores concentraciones
de aquellos micronutrientes que faltan en los regímenes alimentarios de
la población de escasos recursos. Las herramientas de SIG también
permiten una conservación más eficaz de los RFG. Por ejemplo, FloraMap,
desarrollado por el CIAT, predice la distribución geográfica de
plantas silvestres utilizando los datos climáticos de las localidades (definidos
por latitud y longitud) donde ya se han recolectado especies. Al sobreponer otra
información georeferenciada, como las redes viales, los patrones de suelo,
los límites administrativos y los centros de población, FloraMap
también ayuda a identificar las áreas apropiadas para la conservación
in situ. Pachico señala que el escenario de los derechos de propiedad
intelectual (DPI) ha cambiado extraordinariamente en los últimos años.
Por un lado, los convenios internacionales reconocen explícitamente la
soberanía de los gobiernos nacionales sobre los recursos genéticos
dentro de sus fronteras. Por otro lado, las compañías privadas cada
vez sacan más provecho de los medios legales para proteger innovaciones,
ya sea que se trate de aplicaciones patentadas o del cumplimiento de los convenios
de regalías a través de procesos jurídicos. Si los convenios
internacionales verdaderamente han de fomentar la participación equitativa
de beneficios, dice Pachico, entonces el CIAT y otros centros del GCIAI (Grupo
Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional) deben estar
preparados para ayudar a sus socios nacionales mediante el fortalecimiento de
capacidades en relación con los RFG. "Ian Johnson, presidente
del GCIAI, ha recalcado en la necesidad de vincular el trabajo de los centros
internacionales de investigación al conjunto de convenios y acuerdos internacionales.
El fondo del asunto es que el GCIAI debe hacer que su investigación sea
más pertinente a los principales temas que están siendo tratados
en estos foros mundiales. Uno de estos temas es la distribución justa de
los beneficios de la diversidad biológica".
Seis
pasos para la conservación y el uso de la agrobiodiversidad Un
consorcio de organizaciones latinoamericanas y estadounidenses, convocado por
el CIAT, lanzó un proyecto de 5 años para mejorar la conservación
y el uso de los RFG para la agricultura y para promover la participación
equitativa de los beneficios. El proyecto está organizado alrededor de
seis actividades interconectadas: Análisis de amenazas: ¿Qué
impacto tendrán el cambio climático, los patrones cambiantes del
uso de la tierra, la urbanización y la globalización económica
en la agrobiodiversidad? ¿Qué especies se encuentran en peligro
y cuál es su valor económico y social? Las personas encargadas
de tomar decisiones necesitan respuestas a estas preguntas antes de decidir cómo
proceder.
Determinación de la distribución espacial:
¿Dónde están localizadas las valiosas líneas locales
y especies silvestres y cuáles son sus poblaciones? Alguna información
pertinente existe, pero está esparcida en diferentes instituciones y países.
Manejo
de la conservación: Los resultados del análisis de amenazas
y el mapeo de la distribución espacial pueden usarse para ampliar los esfuerzos
de conservación más allá de las áreas formalmente
protegidas y los sitios ex situ, como los bancos de germoplasma y los herbarios.
Las comunidades y las organizaciones locales pueden movilizarse para proteger
los hábitat rurales y conservar las especies de plantas in situ -en tierra
de barbecho, en los perímetros sin cultivar de los campos de cultivo, y
a lo largo de los bordes de los caminos.
Correlación de
la diversidad con rasgos clave de la planta: Los especímenes de
plantas deben ser masivamente examinados, utilizando marcadores moleculares, respecto
a los genes que controlan rasgos deseables, por ejemplo resistencia a la sequía
o tolerancia a suelos ácidos. Los resultados serán de utilidad tanto
para los fitomejoradores como para los especialistas en conservación.
Participación
de los beneficios: Una mejor conservación, una difusión
de la información y el acceso a germoplasma permitirán a los investigadores
entregar variedades mejoradas de cultivos a los agricultores, incluyendo especies
únicas con potencial comercial.
Fortalecimiento
de capacidades e intercambio de información: Los agricultores y
los representantes de organizaciones comunitarias, organizaciones no gubernamentales
y organismos gubernamentales recibirán capacitación en diversos
aspectos del manejo de los RFG. Los beneficios principales a escala local serán
la adopción de prácticas agrícolas que favorecen la diversidad
biológica, así como más tierra dedicada a la conservación
de líneas locales y especies silvestres. El conocimiento y la información
serán incorporados en productos y servicios de información, fáciles
de usar.
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