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CIAT en Perspectiva 2003-2004
Los Puntos Cardinales de Nuestra Carta de Navegación

Prevenir, Reducir, Revertir

 

 

 

La quema es utilizada ampliamente en
América Central para limpiar los terrenos
para la siembra, pero tiene
un impacto ambiental negativo.

Agresiva propuesta en la guerra contra la degradación de la tierra

Durante el último año, el CIAT y sus organizaciones colaboradoras han diseñado una estrategia para combatir la degradación de la tierra agrícola en el trópico húmedo y subhúmedo. Aunque el nivel y la intensidad de este problema varían ampliamente entre las regiones, se calcula que una cuarta parte de la tierra agrícola del mundo se encuentra degradada. Y, en general, la situación está empeorando.

La degradación consiste en la reducción de la capacidad de un ecosistema terrestre de realizar funciones ecológicas y de entregar beneficios económicos y sociales, dando lugar, a menudo, a una mínima resiliencia o capacidad del sistema para adaptarse al cambio. Por ejemplo, la deforestación puede reducir la capacidad del paisaje de captar y purificar el agua, reglamentar los flujos de los arroyos, almacenar carbono y mantener hábitat apropiados para plantas y fauna silvestre. Los efectos dependen, en parte, de cómo se utiliza la tierra después de eliminarse los árboles. La erosión del suelo, debida a prácticas deficientes de cultivo o de pastoreo, puede minar la producción agrícola local, al mismo tiempo que se taponan con sedimento los embalses aguas abajo. El agotamiento de nutrientes del suelo, además de causar una disminución a largo plazo en los rendimientos, puede aumentar la sensibilidad de las plantas a plagas y enfermedades, forzando a los agricultores a dejar de sembrar ciertas especies e incluso abandonar la tierra por completo.

A nivel mundial, el daño causado por estas formas de degradación es tan severo que, en octubre del 2002, el Fondo Global para el Medio Ambiente (GEF), una organización financiera multilateral dedicada a mejorar el ambiente global, adicionó este tema a su portafolio de mandato. Menos de un año después, anunció planes para asignar más de US$500 millones a la lucha contra la degradación de la tierra entre 2003 y 2006.

Actualmente se cree que cerca del 35 por ciento de la tierra agrícola en Asia, el 45 por ciento en América del Sur y el 65 por ciento en África experimentan alguna forma de degradación. Aunque América Central representa solamente una pequeña fracción de la tierra agrícola del mundo, se considera un "punto caliente" de degradación, con un 74 por ciento de su tierra afectada. Las praderas en áreas empinadas son las más vulnerables (ver recuadro, pág. 13).

Hasta la fecha, la degradación de la tierra en el trópico húmedo y subhúmedo ha recibido menos atención internacional que la que azota las tierras de secano. Por ejemplo, un convenio de las Naciones Unidas que entró en vigor en 1996 se centra específicamente en la desertización, una grave amenaza para muchas zonas agrícolas secas. No existe un instrumento internacional parecido para el trópico húmedo y subhúmedo, aunque estas zonas albergan gran parte de la diversidad biológica del mundo y sirven como gran repositorio de carbono que, de otro modo, puede terminar en la atmósfera como dióxido de carbono. Por tanto, es vital abordar la degradación de la tierra en estos ambientes -especialmente la destrucción de la vegetación y del suelo- no sólo para sus 2 mil millones de habitantes sino para toda la humanidad.

Agricultores más adinerados, paisajes más saludables

En el pasado, las actividades de I&D se han concentrado principalmente en reducir la degradación en lugar de revertirla, lo que implica restaurar la productividad de los sistemas existentes que apoyan los medios de vida locales. Muchas intervenciones, por lo tanto, han tenido poco que ofrecer a los agricultores en forma de beneficios tangibles inmediatos. Aunque numerosos proyectos han tratado de brindar a los agricultores alternativas de manejo de la tierra y de cultivos que sean sostenibles, la mayoría de estas alternativas continúan siendo poco atractivas, porque las tecnologías no se ajustan o no funcionan, porque los costos iniciales van más allá de los recursos de los pequeños propietarios y la información del mercado es incorrecta.

Entonces, para muchos agricultores, las opciones propuestas se han visto no sólo como un paso adelante demasiado costoso, sino también como un salto de fe demasiado grande. Para promotores y beneficiarios a la par, el impacto general de las anteriores respuestas a la degradación de la tierra ha sido, en una palabra, decepcionante.

La nueva estrategia del CIAT busca prevenir, reducir o revertir la degradación de la tierra, dependiendo del alcance del problema en una localidad dada y las necesidades expresadas por la comunidad seleccionada. Se implementará a través de un programa de I&D de 6 años, que involucra múltiples socios colaboradores y abarca tres regiones. Al integrar la investigación biofísica, socioeconómica y de políticas, el programa asegurará que las intervenciones propuestas -desde nivel de la finca hasta nivel de formulación de políticas nacionales- serán pertinentes y factibles, aumentado así las posibilidades de tener un impacto positivo y generalizado.

La mayor parte de los recursos y los esfuerzos del programa, más o menos el 60 por ciento, se dirigirá a revertir la degradación de la tierra y restaurar su productividad. Esta estrategia específica, que se superpone con la estrategia de reducción, es la más integral de los tres tipos de intervención de amplio espectro. Estará dirigida hacia las personas más pobres en los sistemas agrícolas más vulnerables -en los agroecosistemas tradicionales de África al sur del Sahara sometidos a múltiples tipos de estrés, las laderas erosionadas de América Central y Asia, y las pasturas degradadas de la Amazonía y las sabanas de América del Sur.

La estrategia para reducir la degradación de la tierra, a la cual se asignará cerca del 30 por ciento de los recursos del programa, se enfocará hacia sistemas de ganado-cultivos moderadamente degradados en ciertas zonas de ladera de América del Sur y Asia. Aquí, el objetivo es mantener o impulsar la rentabilidad del sistema agrícola al introducir variedades mejoradas de cultivos y mejores prácticas de manejo.

El 10 por ciento restante de los recursos se dedicará a prevenir la degradación, especialmente en los bosques y humedales de América del Sur. Este trabajo se centrará en el análisis de riesgos y en el apoyo a la formulación de políticas. Anteriormente, las políticas incoherentes del gobierno han sido, a menudo, una fuerza impulsora de la degradación de la tierra. El análisis y la reforma de políticas -en áreas como la asignación de precios a los recursos, la tenencia de la tierra, los esquemas de asentamiento, el crédito y la creación de áreas protegidas- son básicas en las estrategias tanto de prevención como de reducción.

Enfatizar en la estrategia de reversión y restauración reconoce que los administradores primarios de la tierra agrícola en el trópico, o sea, los pequeños agricultores, no invertirán en la salud de su tierra a largo plazo, a menos que haya un beneficio económico a corto plazo. En efecto, la población rural de escasos recursos considera la degradación de su propia tierra como el precio inevitable que deben pagar por su supervivencia como agricultores. "Minar" los recursos naturales puede ser la única manera de ganar suficiente dinero en efectivo para comprar los alimentos que ellos mismos ya no pueden producir y para pagar por otras necesidades, como ropa y medicina.

"Algo novedoso de nuestro enfoque es la división del mejoramiento a escala de finca en dos pasos", dice Carlos Lascano, quien lidera el Proyecto de Gramíneas y Leguminosas Tropicales para Propósitos Múltiples del CIAT y coordina la investigación colaborativa del Centro sobre degradación de la tierra. "En primer lugar, necesitamos ayudar a los agricultores a que encaminen de nuevo su producción para que puedan ganar algo de dinero en un período relativamente corto. El segundo paso, durante un plazo más largo, es cuando se hacen mejoras tangibles a la tierra y ocurren los cambios más profundos en la estructura agrícola. La justificación es que los agricultores de escasos recursos necesitan mayores ingresos antes de esperar que su finca se recupere para poder trabajar en un entorno ambientalmente amistoso".

Pensar globalmente, actuar localmente

El programa se enfoca hacia las zonas húmedas y subhúmedas tropicales de África, Asia y América Latina. Los países y subregiones seleccionados son Malawi, Uganda, Indonesia, Vietnam, Amazonía y América Central. La primera fase comprende la agenda principal de I&D, en colaboración con comunidades piloto y organizaciones colaboradoras seleccionadas, principalmente universidades e institutos nacionales de investigación agrícola.

Los investigadores diseñarán indicadores biofísicos, económicos y sociales de la degradación de la tierra, así como indicadores de impacto para uso posterior. Estos criterios proveerán un lenguaje común para el diagnóstico, la medición, el análisis y la evaluación, permitiendo comparar y contrastar los problemas y las soluciones en diferentes regiones a diversas escalas geográficas y niveles administrativos. Los investigadores también empalmarán problemas técnicos con soluciones potenciales. El análisis económico ex ante permitirá a los investigadores calcular los posibles costos y beneficios de diferentes opciones tecnológicas desde la perspectiva del agricultor y así seleccionar las opciones con más precisión y aumentar las perspectivas de adopción. Se apoyará este trabajo con herramientas de análisis espacial que son muy eficaces. Los investigadores y planificadores del uso de la tierra utilizarán los sistemas de información geográfica (SIG) para identificar, por ejemplo, aquellos sitios cuyo clima y suelos favorecen las soluciones basadas en germoplasma que están disponibles y para identificar y seleccionar áreas donde coinciden la pobreza extrema y la degradación de la tierra.

Al nivel de la comunidad, las principales actividades en la primera fase serán el diagnóstico de problemas; la selección, la adaptación y el ensayo de soluciones promisorias y el seguimiento y la evaluación de los resultados. Para ayudar a las comunidades a que lleven a cabo este trabajo, los investigadores aprovecharán la experiencia sustancial del CIAT en el fortalecimiento de capacidades de comunidades y en métodos de investigación participativa. Además, las lecciones aprendidas de todas las áreas del programa y sus sitios piloto serán utilizadas para ejercer influencia en la formulación de políticas y suministrar información pertinente.

La segunda fase del programa estará dedicada a la repetición o adaptación de los resultados en comunidades vecinas (extensión) y en organizaciones de nivel superior como proyectos nacionales o regionales (de niveles inferiores a superiores). Ya que las soluciones a los problemas de la degradación de la tierra son específicas a cada sitio, el papel desempeñado por los grupos de interesados en cada localidad será fundamental.

En meses recientes, el personal administrativo del CIAT ha conversado con donantes potenciales, incluyendo el GEF, acerca del financiamiento de este programa. Consideramos que nuestro enfoque amplio e integrado de lucha contra la degradación de la tierra amerita atención y apoyo internacional. Mientras evita los escollos de los anteriores esfuerzos de rehabilitación de la tierra, la estrategia contribuirá directamente a los Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio de erradicar la pobreza y el hambre y asegurar la sostenibilidad ambiental.


 

Puentes a un mejor futuro en las pasturas
de América Central

El nuevo programa del CIAT sobre la degradación de la tierra contempla un conjunto de proyectos en diversas subregiones de África, Asia y América Latina, incluyendo un punto caliente importante de degradación: América Central.

Tres cuartos de la tierra agrícola en esta subregión propensa a la sequía se encuentran degradadas y, de éstas, el 60 por ciento, es decir 9 millones de hectáreas, tienen pasturas de productividad baja o decreciente. La dinámica alarmante del problema es evidente desde dos hechos yuxtapuestos: la población bovina de la región crece a menos de 1 por ciento por año, pero el área bajo pasturas aumenta a una tasa de 4 a 9 por ciento por año.

Para los gobiernos centroamericanos, la reversión de la degradación y la desaceleración de la ampliación de tierra de pastoreo son prioridades de I&D. El punto de vista del CIAT es que aumentar la productividad de los forrajes sembrados por 11 millones de pequeños y medianos productores pecuarios de la subregión es un punto de acceso lógico para mejorar rápidamente los medios de vida locales, al tiempo que se protegen los recursos naturales.

Al adoptar gramíneas y leguminosas mejoradas que han sido desarrolladas por el CIAT y programas nacionales en el transcurso de los años, los agricultores pueden hacer mejor uso de las pasturas existentes y evitar la invasión de áreas boscosas. Las gramíneas africanas de raíces profundas son, en especial, sumamente productivas, resisten el estrés de las largas estaciones secas que se presentan en América Central y aumentan las reservas de carbono del suelo. También protegen el suelo de la erosión y la compactación causada por animales.

El uso de forrajes mejoradas para restaurar e intensificar la producción de los sistemas de producción pecuaria existentes servirá de puente entre las prácticas destructoras de hoy día y el objetivo a más largo plazo de cambiar a sistemas agrícolas diversificados, plenamente sostenibles y sensibles al mercado. En efecto, la intensificación "prepara el terreno", tanto económica como ambientalmente, para la diversificación. Por contraste, las estrategias anteriores de tratar de "convertir el desierto en el Edén en un único salto de quantum" sencillamente no funcionaron, como lo expresó uno de los científicos del CIAT.

La familia Núñez en Yorito, Honduras, ilustra el valor del enfoque progresivo del CIAT. Durante años apacentaron sus 12 vacas en una pastura de baja calidad, incluyendo un área boscosa en tierras altas ambientalmente sensibles en lo alto de su aldea. La producción de leche era apenas de 35 litros por día. Con apoyo técnico del CIAT, los Núñez rehabilitaron todo su sistema de producción. Sembraron pasto Brachiaria y una leguminosa forrajera con alto contenido de proteína que no representaba riesgo para el medio ambiente, Cratylia argentea. También introdujeron una técnica de alimentación de corte para sus animales, así como el ensilaje.

Hoy, el hato de Núñez produce tres veces más leche en menos de la mitad de la tierra utilizada anteriormente. El peso de los animales ha mejorado, al igual que la tasa reproductiva del hato. Los ingresos familiares han aumentado, junto con las perspectivas para su entorno local -especialmente desde que pudieron liberar 47 hectáreas para reconversión a bosque.

 

 

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