Prevenir,
Reducir, Revertir La
quema es utilizada ampliamente en América Central para limpiar los terrenos
para la siembra, pero tiene un impacto ambiental negativo. |  |
Agresiva propuesta en la guerra contra la degradación
de la tierraDurante el último año, el CIAT y sus organizaciones
colaboradoras han diseñado una estrategia para combatir la degradación
de la tierra agrícola en el trópico húmedo y subhúmedo.
Aunque el nivel y la intensidad de este problema varían ampliamente entre
las regiones, se calcula que una cuarta parte de la tierra agrícola del
mundo se encuentra degradada. Y, en general, la situación está empeorando. La
degradación consiste en la reducción de la capacidad de un ecosistema
terrestre de realizar funciones ecológicas y de entregar beneficios económicos
y sociales, dando lugar, a menudo, a una mínima resiliencia o capacidad
del sistema para adaptarse al cambio. Por ejemplo, la deforestación puede
reducir la capacidad del paisaje de captar y purificar el agua, reglamentar los
flujos de los arroyos, almacenar carbono y mantener hábitat apropiados
para plantas y fauna silvestre. Los efectos dependen, en parte, de cómo
se utiliza la tierra después de eliminarse los árboles. La erosión
del suelo, debida a prácticas deficientes de cultivo o de pastoreo, puede
minar la producción agrícola local, al mismo tiempo que se taponan
con sedimento los embalses aguas abajo. El agotamiento de nutrientes del suelo,
además de causar una disminución a largo plazo en los rendimientos,
puede aumentar la sensibilidad de las plantas a plagas y enfermedades, forzando
a los agricultores a dejar de sembrar ciertas especies e incluso abandonar la
tierra por completo. A nivel mundial, el daño causado por estas formas
de degradación es tan severo que, en octubre del 2002, el Fondo Global
para el Medio Ambiente (GEF), una organización financiera multilateral
dedicada a mejorar el ambiente global, adicionó este tema a su portafolio
de mandato. Menos de un año después, anunció planes para
asignar más de US$500 millones a la lucha contra la degradación
de la tierra entre 2003 y 2006. Actualmente se cree que cerca del 35 por
ciento de la tierra agrícola en Asia, el 45 por ciento en América
del Sur y el 65 por ciento en África experimentan alguna forma de degradación.
Aunque América Central representa solamente una pequeña fracción
de la tierra agrícola del mundo, se considera un "punto caliente"
de degradación, con un 74 por ciento de su tierra afectada. Las praderas
en áreas empinadas son las más vulnerables (ver recuadro, pág.
13). Hasta la fecha, la degradación de la tierra en el trópico
húmedo y subhúmedo ha recibido menos atención internacional
que la que azota las tierras de secano. Por ejemplo, un convenio de las Naciones
Unidas que entró en vigor en 1996 se centra específicamente en la
desertización, una grave amenaza para muchas zonas agrícolas secas.
No existe un instrumento internacional parecido para el trópico húmedo
y subhúmedo, aunque estas zonas albergan gran parte de la diversidad biológica
del mundo y sirven como gran repositorio de carbono que, de otro modo, puede terminar
en la atmósfera como dióxido de carbono. Por tanto, es vital abordar
la degradación de la tierra en estos ambientes -especialmente la destrucción
de la vegetación y del suelo- no sólo para sus 2 mil millones de
habitantes sino para toda la humanidad. Agricultores más adinerados,
paisajes más saludablesEn el pasado, las actividades de I&D
se han concentrado principalmente en reducir la degradación en lugar de
revertirla, lo que implica restaurar la productividad de los sistemas existentes
que apoyan los medios de vida locales. Muchas intervenciones, por lo tanto, han
tenido poco que ofrecer a los agricultores en forma de beneficios tangibles inmediatos.
Aunque numerosos proyectos han tratado de brindar a los agricultores alternativas
de manejo de la tierra y de cultivos que sean sostenibles, la mayoría de
estas alternativas continúan siendo poco atractivas, porque las tecnologías
no se ajustan o no funcionan, porque los costos iniciales van más allá
de los recursos de los pequeños propietarios y la información del
mercado es incorrecta. Entonces, para muchos agricultores, las opciones
propuestas se han visto no sólo como un paso adelante demasiado costoso,
sino también como un salto de fe demasiado grande. Para promotores y beneficiarios
a la par, el impacto general de las anteriores respuestas a la degradación
de la tierra ha sido, en una palabra, decepcionante. La nueva estrategia
del CIAT busca prevenir, reducir o revertir la degradación de la tierra,
dependiendo del alcance del problema en una localidad dada y las necesidades expresadas
por la comunidad seleccionada. Se implementará a través de un programa
de I&D de 6 años, que involucra múltiples socios colaboradores
y abarca tres regiones. Al integrar la investigación biofísica,
socioeconómica y de políticas, el programa asegurará que
las intervenciones propuestas -desde nivel de la finca hasta nivel de formulación
de políticas nacionales- serán pertinentes y factibles, aumentado
así las posibilidades de tener un impacto positivo y generalizado. La
mayor parte de los recursos y los esfuerzos del programa, más o menos el
60 por ciento, se dirigirá a revertir la degradación de la tierra
y restaurar su productividad. Esta estrategia específica, que se superpone
con la estrategia de reducción, es la más integral de los tres tipos
de intervención de amplio espectro. Estará dirigida hacia las personas
más pobres en los sistemas agrícolas más vulnerables -en
los agroecosistemas tradicionales de África al sur del Sahara sometidos
a múltiples tipos de estrés, las laderas erosionadas de América
Central y Asia, y las pasturas degradadas de la Amazonía y las sabanas
de América del Sur. La estrategia para reducir la degradación
de la tierra, a la cual se asignará cerca del 30 por ciento de los recursos
del programa, se enfocará hacia sistemas de ganado-cultivos moderadamente
degradados en ciertas zonas de ladera de América del Sur y Asia. Aquí,
el objetivo es mantener o impulsar la rentabilidad del sistema agrícola
al introducir variedades mejoradas de cultivos y mejores prácticas de manejo. El
10 por ciento restante de los recursos se dedicará a prevenir la degradación,
especialmente en los bosques y humedales de América del Sur. Este trabajo
se centrará en el análisis de riesgos y en el apoyo a la formulación
de políticas. Anteriormente, las políticas incoherentes del gobierno
han sido, a menudo, una fuerza impulsora de la degradación de la tierra.
El análisis y la reforma de políticas -en áreas como la asignación
de precios a los recursos, la tenencia de la tierra, los esquemas de asentamiento,
el crédito y la creación de áreas protegidas- son básicas
en las estrategias tanto de prevención como de reducción. Enfatizar
en la estrategia de reversión y restauración reconoce que los administradores
primarios de la tierra agrícola en el trópico, o sea, los pequeños
agricultores, no invertirán en la salud de su tierra a largo plazo, a menos
que haya un beneficio económico a corto plazo. En efecto, la población
rural de escasos recursos considera la degradación de su propia tierra
como el precio inevitable que deben pagar por su supervivencia como agricultores.
"Minar" los recursos naturales puede ser la única manera de ganar
suficiente dinero en efectivo para comprar los alimentos que ellos mismos ya no
pueden producir y para pagar por otras necesidades, como ropa y medicina. "Algo
novedoso de nuestro enfoque es la división del mejoramiento a escala de
finca en dos pasos", dice Carlos Lascano, quien lidera el Proyecto de Gramíneas
y Leguminosas Tropicales para Propósitos Múltiples del CIAT y coordina
la investigación colaborativa del Centro sobre degradación de la
tierra. "En primer lugar, necesitamos ayudar a los agricultores a que encaminen
de nuevo su producción para que puedan ganar algo de dinero en un período
relativamente corto. El segundo paso, durante un plazo más largo, es cuando
se hacen mejoras tangibles a la tierra y ocurren los cambios más profundos
en la estructura agrícola. La justificación es que los agricultores
de escasos recursos necesitan mayores ingresos antes de esperar que su finca se
recupere para poder trabajar en un entorno ambientalmente amistoso". Pensar
globalmente, actuar localmenteEl programa se enfoca hacia las zonas húmedas
y subhúmedas tropicales de África, Asia y América Latina.
Los países y subregiones seleccionados son Malawi, Uganda, Indonesia, Vietnam,
Amazonía y América Central. La primera fase comprende la agenda
principal de I&D, en colaboración con comunidades piloto y organizaciones
colaboradoras seleccionadas, principalmente universidades e institutos nacionales
de investigación agrícola. Los investigadores diseñarán
indicadores biofísicos, económicos y sociales de la degradación
de la tierra, así como indicadores de impacto para uso posterior. Estos
criterios proveerán un lenguaje común para el diagnóstico,
la medición, el análisis y la evaluación, permitiendo comparar
y contrastar los problemas y las soluciones en diferentes regiones a diversas
escalas geográficas y niveles administrativos. Los investigadores también
empalmarán problemas técnicos con soluciones potenciales. El análisis
económico ex ante permitirá a los investigadores calcular los posibles
costos y beneficios de diferentes opciones tecnológicas desde la perspectiva
del agricultor y así seleccionar las opciones con más precisión
y aumentar las perspectivas de adopción. Se apoyará este trabajo
con herramientas de análisis espacial que son muy eficaces. Los investigadores
y planificadores del uso de la tierra utilizarán los sistemas de información
geográfica (SIG) para identificar, por ejemplo, aquellos sitios cuyo clima
y suelos favorecen las soluciones basadas en germoplasma que están disponibles
y para identificar y seleccionar áreas donde coinciden la pobreza extrema
y la degradación de la tierra. Al nivel de la comunidad, las principales
actividades en la primera fase serán el diagnóstico de problemas;
la selección, la adaptación y el ensayo de soluciones promisorias
y el seguimiento y la evaluación de los resultados. Para ayudar a las comunidades
a que lleven a cabo este trabajo, los investigadores aprovecharán la experiencia
sustancial del CIAT en el fortalecimiento de capacidades de comunidades y en métodos
de investigación participativa. Además, las lecciones aprendidas
de todas las áreas del programa y sus sitios piloto serán utilizadas
para ejercer influencia en la formulación de políticas y suministrar
información pertinente. La segunda fase del programa estará
dedicada a la repetición o adaptación de los resultados en comunidades
vecinas (extensión) y en organizaciones de nivel superior como proyectos
nacionales o regionales (de niveles inferiores a superiores). Ya que las soluciones
a los problemas de la degradación de la tierra son específicas a
cada sitio, el papel desempeñado por los grupos de interesados en cada
localidad será fundamental. En meses recientes, el personal administrativo
del CIAT ha conversado con donantes potenciales, incluyendo el GEF, acerca del
financiamiento de este programa. Consideramos que nuestro enfoque amplio e integrado
de lucha contra la degradación de la tierra amerita atención y apoyo
internacional. Mientras evita los escollos de los anteriores esfuerzos de rehabilitación
de la tierra, la estrategia contribuirá directamente a los Objetivos de
Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio de erradicar la pobreza y el
hambre y asegurar la sostenibilidad ambiental.
Puentes
a un mejor futuro en las pasturas de América Central El
nuevo programa del CIAT sobre la degradación de la tierra contempla un
conjunto de proyectos en diversas subregiones de África, Asia y América
Latina, incluyendo un punto caliente importante de degradación: América
Central. Tres cuartos de la tierra agrícola en esta subregión
propensa a la sequía se encuentran degradadas y, de éstas, el 60
por ciento, es decir 9 millones de hectáreas, tienen pasturas de productividad
baja o decreciente. La dinámica alarmante del problema es evidente desde
dos hechos yuxtapuestos: la población bovina de la región crece
a menos de 1 por ciento por año, pero el área bajo pasturas aumenta
a una tasa de 4 a 9 por ciento por año. Para los gobiernos centroamericanos,
la reversión de la degradación y la desaceleración de la
ampliación de tierra de pastoreo son prioridades de I&D. El punto de
vista del CIAT es que aumentar la productividad de los forrajes sembrados por
11 millones de pequeños y medianos productores pecuarios de la subregión
es un punto de acceso lógico para mejorar rápidamente los medios
de vida locales, al tiempo que se protegen los recursos naturales. Al adoptar
gramíneas y leguminosas mejoradas que han sido desarrolladas por el CIAT
y programas nacionales en el transcurso de los años, los agricultores pueden
hacer mejor uso de las pasturas existentes y evitar la invasión de áreas
boscosas. Las gramíneas africanas de raíces profundas son, en especial,
sumamente productivas, resisten el estrés de las largas estaciones secas
que se presentan en América Central y aumentan las reservas de carbono
del suelo. También protegen el suelo de la erosión y la compactación
causada por animales. El uso de forrajes mejoradas para restaurar e intensificar
la producción de los sistemas de producción pecuaria existentes
servirá de puente entre las prácticas destructoras de hoy día
y el objetivo a más largo plazo de cambiar a sistemas agrícolas
diversificados, plenamente sostenibles y sensibles al mercado. En efecto, la intensificación
"prepara el terreno", tanto económica como ambientalmente, para
la diversificación. Por contraste, las estrategias anteriores de tratar
de "convertir el desierto en el Edén en un único salto de quantum"
sencillamente no funcionaron, como lo expresó uno de los científicos
del CIAT. La familia Núñez en Yorito, Honduras, ilustra el
valor del enfoque progresivo del CIAT. Durante años apacentaron sus 12
vacas en una pastura de baja calidad, incluyendo un área boscosa en tierras
altas ambientalmente sensibles en lo alto de su aldea. La producción de
leche era apenas de 35 litros por día. Con apoyo técnico del CIAT,
los Núñez rehabilitaron todo su sistema de producción. Sembraron
pasto Brachiaria y una leguminosa forrajera con alto contenido de proteína
que no representaba riesgo para el medio ambiente, Cratylia argentea. También
introdujeron una técnica de alimentación de corte para sus animales,
así como el ensilaje. Hoy, el hato de Núñez produce
tres veces más leche en menos de la mitad de la tierra utilizada anteriormente.
El peso de los animales ha mejorado, al igual que la tasa reproductiva del hato.
Los ingresos familiares han aumentado, junto con las perspectivas para su entorno
local -especialmente desde que pudieron liberar 47 hectáreas para reconversión
a bosque.
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