Aprendiendo
a Innovar Intermediarios
de información reciben capacitación en Suárez, departamento
del Cauca, en el suroccidente colombiano. |  |
Iniciativa para propagar innovaciones rurales como la
chispa que incendia la praderaEn las comunidades agrícolas de escasos
recursos en todo el trópico, no todo sigue igual. Las crecientes presiones
económicas y ambientales sobre sus medios de vida están generando
un replanteamiento de las estrategias de desarrollo por parte de todos los grupos
interesados -productores, extensionistas, investigadores y donantes. Un adagio
para estos tiempos sería "adáptese o perezca" o, más
optimista, "innove y sobreviva". Durante el último año,
el Instituto de Innovación Rural del CIAT ha trabajado en una estrategia
novedosa para ayudar a la población rural de escasos recursos a que identifique
problemas, diseñe soluciones, institucionalice sus habilidades recién
descubiertas e intercambien experiencias los unos con los otros. Mediante nuestra
nueva iniciativa colaborativa "Aprendiendo a Innovar", estamos entretejiendo
los diversos hilos de nuestra experticia en extensión comunitaria y fortalecimiento
de capacidades para maximizar el potencial de esta población para que logre
un impacto. Éstos incluyen enfoques de fitomejoramiento participativo,
planificación del uso de la tierra, seguimiento y evaluación, diseño
de agroempresas rurales y -el hilo más reciente- uso de las nuevas tecnologías
de información y comunicación (TIC) para el desarrollo rural. Un
nuevo modelo de la iniciativa arriba mencionada nos ayuda a entender qué
combinaciones de estos elementos funcionarán mejor en diferentes circunstancias. Yendo
un paso más allá, nosotros y nuestros socios colaboradores hemos
comenzado a establecer lo que llamamos "alianzas de aprendizaje", como
una forma de aplicar esta misma terapia de innovación a nosotros mismos.
Una alianza de aprendizaje es una coalición de organizaciones de I&D,
donantes y formuladores de políticas. Juntos, estas instituciones e individuos
realizan una serie de actividades en un área de interés mutua, aprenden
de ese trabajo, ponen en práctica las lecciones aprendidas y reflexionan
acerca de qué ha funcionado y qué no. Este proceso de aprendizaje
no sólo está ayudando al CIAT, sino también a nuestros socios
colaboradores, a ser más eficientes e innovadores en la forma en que nosotros
mismos fomentamos la innovación rural. La primera alianza de aprendizaje
del CIAT fue formada en Nicaragua con CARE Internacional en el 2001. Los participantes
representaban a 12 organizaciones de agricultores y siete ONG locales, además
de personal del CIAT y de CARE. El aprendizaje se centró en la promoción
de agroempresas, utilizando un enfoque territorial (en contraposición con
un enfoque de producto o sectorial) diseñado por los investigadores del
CIAT. A finales del 2003 se lanzó una alianza de aprendizaje de espectro
más amplio con CARE, que cubría cuatro países centroamericanos,
incluyendo Nicaragua. Hoy día se está formando una alianza similar
en la región andina. En África está en marcha una alianza
de aprendizaje que busca ayudar a los agricultores a establecer pequeñas
empresas alrededor de nuevas oportunidades de mercado. Esta alianza cubre nueve
países, con la colaboración de Catholic Relief Services (CRS). Respuesta
al cambio globalLa necesidad de una sólida capacidad de innovación
a escala local es especialmente urgente en vista de los tres tipos de cambio global
que ahora exponen, a amenazas adicionales, a la ya vulnerable población
rural en el trópico. El primero es la globalización económica,
especialmente los regímenes de libre comercio. Mientras esta globalización
no genere nuevas oportunidades, también significa que, en muchos casos,
en algunos países sudamericanos ya no se podrá sembrar competitivamente
cultivos tradicionales como el maíz. Se necesitan opciones que permitirán
a los agricultores diversificar sus productos y mercados. El segundo tipo
es el cambio climático, frente al cual la producción de cultivos
es muy sensible. Aquí se necesitan opciones técnicas, tanto para
ayudar a los agricultores a enfrentar los cambios en regímenes de temperatura
y precipitación como para reducir la contribución de la agricultura
al calentamiento global. El tercer tipo de cambio global es demográfico.
Mientras que los recursos naturales del planeta, incluyendo el suelo, permanecen
finitos, el crecimiento de la población sigue impulsando la demanda de
alimentos y otros productos básicos. Al mismo tiempo, los mayores ingresos
y la urbanización están alterando los patrones de esa demanda. Se
espera que los mercados para productos de origen animal y alimentos básicos,
por ejemplo, crezcan rápidamente durante las próximas décadas.
Se necesitan nuevas opciones para ayudar a los pequeños productores a desarrollar
sus empresas y agregar valor a sus productos. El ritmo del cambio es tan
rápido que los sistemas tradicionales de conocimientos, que son principalmente
orales y basados generalmente en el contacto personal dentro de la comunidad local,
son generalmente incapaces de hacerle frente. Parte de la respuesta consiste en
que la población rural tenga un acceso mejor y más rápido
a la información técnica, a través de la Internet y otros
medios. Sin embargo, Boru Douthwaite, un analista de políticas sobre tecnologías
vinculado al Instituto de Innovación Rural del CIAT, considera que, por
sí mismo, no será suficiente para persuadirla a innovar. "Los
agricultores y procesadores deben ser apoyados durante el proceso de aprendizaje,
lo que incluye exponerlos a las experiencias que otros han tenido en cuanto a
adopción de oportunidades o invenciones". Modelación
del proceso de innovaciónEn el contexto de desarrollo en el cual
opera el CIAT, la innovación puede definirse como un proceso en el cual
grupos de interesados clave en zonas rurales -individuos y comunidades que pueden
ser beneficiarios directos- transforman las invenciones o ideas nuevas en medios
prácticos para mejorar sus medios de vida. Al diseñar proyectos
bajo la iniciativa de "Aprendiendo a Innovar", Douthwaite y sus colegas
intentan repetir cuatro funciones o componentes clave que han sido observados
en el pasado como acompañantes de una innovación rural exitosa.
Estos componentes son: (1) sistema de información sobre oportunidades;
(2) apoyo a la toma de decisiones relacionadas con la adopción; (3) apoyo
a los procesos incipientes de innovación; y (4) mecanismo de revisión
general y de retroinformación -algo que Douthwaite llama "meta-aprendizaje
y selección". Este modelo de proceso de innovación ayuda a
entidades externas como el CIAT a "orquestar" una combinación
de intervenciones participativas que se adaptarán rigurosamente a las necesidades
de una comunidad dada. Las primeras tres funciones de este modelo de innovación
corresponden a lo que a menudo los especialistas en capacitación y transferencia
de tecnología se refieren como los componentes de "conocimiento, actitudes
y practicas" del aprendizaje. Los sistemas de información sobre oportunidades
son el punto de partida. Éstos pueden ser cualquier fuente de ideas potencialmente
prácticas o invenciones -bases de datos, sitios Web, programas de radio,
revistas, folletos de extensión, días de campo agrícola,
o visitas de intercambio de agricultores. Las aplicaciones del modelo han indicado
que esta función a menudo debe mejorarse, especialmente en el caso de las
zonas rurales más apartadas. Una vez se conozcan y se entiendan las
oportunidades, los agricultores deben decidir si las adoptan o no. Es decir, deben
decidir si van a "emprender el proceso de aprendizaje en vivo incluido dentro
del proceso de innovación", según lo expresa Douthwaite. "Las
personas necesitan convencerse de que una invención o idea nueva es una
ganancia potencial para ellos. Por ejemplo, alguien que considera la posibilidad
de cultivar lulo (un pequeño fruto nativo de Colombia y Ecuador) por primera
vez, puede necesitar saber si sobrevivirá a una altitud específica".
Los mecanismos de apoyo para tratar tales temas incluyen ensayos en los campos
de los agricultores, encuestas de mercado, grupos de discusión y recolección
y evaluación participativa de información específica. El
próximo paso, suponiendo que se haya tomado la decisión de adoptar,
comprende la experimentación o adaptación de la nueva idea -normalmente
una empinada curva de aprendizaje para el innovador. Aquí las cosas, fácil
y rápidamente, pueden salir mal. Sin soluciones oportunas a las dificultades
prácticas encontradas cuando se está aprendiendo algo nuevo, las
personas pueden desalentarse y darse por vencidas. El contacto personal con otros
innovadores y expertos, así como recibir otros tipos de apoyo técnico
menos directos, como los servicios en línea de pregunta-respuesta, son
esenciales en este paso del proceso. La meta-aprendizaje y selección,
la cuarta función que alimenta a las otras tres, es una manera de captar
las lecciones derivadas de anteriores experiencias de innovación y ponerlas
al alcance de los esfuerzos actuales. "Uno de mis colegas del CIAT en Asia
me comentó que las innovaciones se difunden como los incendios en matorrales",
dice Douthwaite. "La función de aprendizaje y selección en
nuestro modelo de innovación es una manera de identificar estos incendios
y compartir con personas en otros sitios. Al mismo tiempo, podemos advertir a
las personas que eviten tecnologías o ideas que ya se sabe que son callejones
sin salida". Tecnologías de información y comunicaciónAparte
de las opciones relativamente sencillas -como variedades de cultivos de alto rendimiento
apropiadas para condiciones de cultivo uniformes-, las innovaciones rurales, ya
sea biofísicas o sociales, rara vez pueden aplicarse directamente. Más
bien deben ser adaptadas a través de numerosos ciclos de aprendizaje realizados
por individuos y grupos. La meta de la iniciativa del CIAT "Aprendiendo a
Innovar" es agilizar el proceso de aprendizaje al vincular entre sí
a innovadores y sus experiencias pasadas. Esto implica un gran compromiso para
ayudar a las comunidades a que encuentren, almacenen, generen y distribuyan información
y conocimiento, en gran parte, mediante el aprovechamiento de nuevas TIC. Aunque
ahora existen herramientas de aprendizaje eficaces y promisorias, hay que hacer
algunas advertencias. Por un lado, existe un inmenso volumen de conocimientos
técnicos rurales que está disponible en la Internet para apoyar
las decisiones de adopción y la innovación incipiente. Este volumen
está creciendo rápidamente, en parte gracias al trabajo de muchos
institutos de investigación, incluyendo el CIAT y las ONG especializadas.
Además, la mayoría de los pueblos grandes y ciudades en el mundo
en desarrollo ya tienen cibercafés comerciales y, en algunos casos, puntos
de acceso a la Internet financiados por el sector público, por ejemplo
los telecentros comunitarios. (Los telecentros se diferencian de los cibercafés
en que los primeros son operados generalmente por organizaciones locales sin fines
de lucro, que típicamente ofrecen a los usuarios capacitación personalizada
en las aplicaciones de computación, incluyendo búsquedas en línea.) Por
otro lado, todavía faltan muchos años para que la gran mayoría
de hogares rurales tengan acceso personal directo a la Internet. En efecto, hasta
el servicio básico de teléfono es aún un lujo en las zonas
rurales más apartadas del trópico. Y donde las personas sí
tienen acceso limitado a la Internet, ya sea a través de las escuelas o
de otras instituciones, todavía falta por emerger una cultura de conocimientos
basada en las TIC. "El acceso mejorado del público a las TIC
de ninguna manera garantiza que la población rural las utilizará
para conseguir información que le ayudará a introducir innovaciones
técnicas o mejorar sus medios de vida", dice Nathan Russell, líder
del proyecto Información y Comunicación para Comunidades Rurales
(InforCom) del CIAT. "Para que
esto suceda, las organizaciones locales deberán hacer un esfuerzo deliberado
para incorporar las TIC en los planes de desarrollo a favor de la población
de escasos recursos". Durante los últimos 3 años, InforCom
ha experimentado maneras de promover y apoyar los telecentros comunitarios como
herramientas de desarrollo en zonas rurales. Este trabajo se ha hecho en colaboración
con universidades y otras organizaciones del suroccidente colombiano. Como
prueba de este concepto, el trabajo piloto de los telecentros es alentador. Hasta
la fecha, los beneficios han sido en gran parte institucionales, en el sentido
de que las organizaciones comunitarias que auspician los telecentros han sido
fortalecidas por la experiencia. En un caso, un telecentro en la pequeña
ciudad militarmente insegura de Santander de Quilichao, operado por una organización
indígena que representa 75,000 personas, principalmente de la etnia Páez,
ha tenido éxito en movilizar el apoyo para denunciar una serie de violaciones
de los derechos humanos. Estos abusos, que fueron expuestos internacionalmente
en la Internet, incluían asesinatos de líderes indígenas.
La contribución del telecentro fue un buen ejemplo de cómo las TIC
pueden apoyar la innovación tanto social como técnica -sirviendo,
en este caso, para defender derechos humanos básicos violados tanto por
la guerrilla de izquierda como por los paramilitares de derecha. La "orquestación
de las competencias del CIAT" contemplada por la iniciativa "Aprendiendo
a Innovar" ampliará el valor de las TIC como un servicio para las
cuatro funciones de apoyo a la innovación. Los telecentros, en especial,
tienen un papel decisivo que desempeñar en el fortalecimiento de agroempresas
-un punto de acceso cada vez más importante para llevar los resultados
de investigación del CIAT a un uso en niveles superiores. Comunicadores
locales asumen rol frente a brecha digitalEn el 2003, el personal de InforCom
empezó a estudiar el papel potencial que podrían desempeñar
los intermediarios de la información. La idea aquí fue hacer un
puente para cerrar la brecha digital entre los servicios de TIC (incluyendo los
de los telecentros) y los agricultores, utilizando jóvenes comunicadores
locales para promover una cultura de adquisición de conocimiento. "Nuestros
datos sobre el impacto indicaron que muchos agricultores no tienen acceso fácil
a los telecentros, ni se sienten propensos a utilizarlos", explica Russell.
"O, si los visitan, no necesariamente tienen una idea concreta de sus necesidades
de información". Casi 15 años de experiencia del CIAT
en los comités de investigación agrícola local (CIAL) han
demostrado lo exitosos que pueden ser los agricultores realizando investigación
adaptativa práctica y desarrollando agroempresas viables en nombre de sus
comunidades locales. El CIAT espera que los pequeños equipos de comunicaciones,
cada uno con 6 a 10 jóvenes campesinos con un gran interés en TIC,
puedan servir de catalizadores de la innovación rural. Dichos equipos,
capacitados debidamente en una variedad de medios de comunicación, se están
estableciendo actualmente dentro de las organizaciones comunitarias del departamento
del Cauca, en Colombia. "De tener éxito", dice Russell,
"estos equipos podrían ofrecer un servicio de apoyo útil para
la investigación local y el desarrollo de agroempresas". Los productores
de panela, seda y café se encuentran entre los innovadores que se espera
se beneficien de este esfuerzo en la zona piloto.
Una
estrategia para crear espacios de aprendizaje para la innovación rural
El cambio global ejerce enorme presión sobre los
pequeños agricultores del trópico para que cambien o diversifiquen
sus cultivos y adopten nuevos métodos de cultivo y de manejo de los recursos.
Si la población rural no sólo ha de sobrevivir sino también
mejorar sus medios de vida, entonces debe volverse más versada en la innovación
social y técnica. Ese proceso, a su vez, depende en gran medida de la presencia
de sistemas de conocimiento e información agrícolas (AKIS, su acrónimo
en inglés) que sean eficaces.
¿Qué pueden hacer las
organizaciones de I&D como el CIAT para ayudar a la población rural
a aumentar sus acervos tradicionales de conocimientos y simplificar los procesos
de innovación? Nuestra estrategia consiste en identificar los componentes
críticos que faltan en los AKIS, pero que se necesitan para ayudar a la
población rural pobre a tomar decisiones para mejorar sus ingresos con
base en una información adecuada. En resumen, nuestra estrategia
consiste en ayudar a crear espacios de aprendizaje prácticos, al igual
que redes para la innovación rural, y cerrar las brechas que otras organizaciones
probablemente no tratarán. El plan de trabajo de la iniciativa Aprendiendo
a Innovar contempla cuatro tipos de resultados, cada uno vinculado de manera
diferente a una o varias de las cuatro funciones indicadas en el modelo Aprendiendo
a Innovar explicado anteriormente. Estrategias para fortalecer
sistemas de innovación en zonas rurales: Mediante las alianzas
de aprendizaje ya descritas, por ejemplo, fomentamos la colaboración y
fortalecemos los vínculos entre los centros internacionales de investigación,
organizaciones de desarrollo importantes y socios colaboradores locales en el
proceso de innovación. Modelos institucionales y empresariales
para la prestación local de servicios de información en áreas
rurales: En América Latina y África Oriental estamos desarrollando
este tipo de modelos para proveer información de mercadeo vía Internet
y por la radio. Herramientas y conocimientos para sistematizar los
conocimientos científicos y autóctonos: En América
Latina y África Oriental estamos desarrollando y probando un enfoque para
documentar historias de vida de innovación técnica y
social, y luego aprender de ellas. Software interactivo que permite
a empresarios rurales encontrar respuestas a preguntas y compartir experiencias:
El CIAT está desarrollando varios programas computarizados que facilitarán
la toma de decisiones en cada localidad acerca de qué sembrar, dónde
y para cuáles mercados.
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