Un estudio realizado a los suelos de los Llanos Orientales permitió concluir que los
cultivos de estas tierras sí pueden ser productivos, y para hacerlo de una manera
económica y sostenible, científicos del Centro Internacional de Agricultura Tropical
(CIAT) diseñaron una metodología denominada "Formación de una capa arable".La
investigación, que duró 6 años, contó con el apoyo de Corpoica, la Universidad del
Llano, Colciencias y Pronata, y forma parte del convenio de cooperación técnica y
científica con el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural. Durante este tiempo, los
investigadores se dieron a la tarea de determinar los principales limitantes de los
suelos, para luego tratar de controlarlos y mejorarlos.
Esta región, con 17 millones de hectáreas, es una de las más extensas del país; sin
embargo, sus tierras no tienen condiciones favorables para la agricultura por su elevada
acidez, altos niveles de aluminio y por ser pobres en materia orgánica y calcio. Para
mejorar estas condiciones y lograr producir de manera económica y sostenible, los
expertos están convencidos de que es necesario desarrollar una capa arable, para poder
mejorar el suelo física, química y biológicamente.
Con el mejoramiento físico, que se logra haciendo labranza vertical con cinceles, se
aumenta la infiltración y la capacidad de enraizamiento. Con el mejoramiento químico,
que se obtiene aplicando cal, se estabiliza el nivel de calcio del suelo y se vence el
problema del aluminio. Solucionados los problemas físicos y químicos se logra el
mejoramiento biológico, el cual consiste en dar las condiciones necesarias para que se
produzca un considerable volumen de raíces, preferiblemente de pastos.
"Cultivos de arroz, soya, maíz, e inclusive algodón, que en otros tiempos era
imposible que se produjeran en esta zona, pueden lograrse con un buen manejo y uso
planificado de los suelos", dice el edafólogo del CIAT, Edgar Amézquita, quien
lideró la investigación.
Estas nuevas prácticas se están extendiendo a los cultivos de maíz, los cuales no
eran muy comunes en los Llanos, pero ahora hay un incremento considerable y se espera que
para este semestre sean sembradas 60 mil hectáreas utilizando la labranza vertical.
Aunque ya se comprobó que la aplicación de esta metodología contribuye ecológica y
económicamente al mejoramiento de los suelos, la formación de capa arable sólo se ha
podido llevar a cabo en una mínima parte de esta región debido a dos factores: el orden
público y la dificultad para cambiar los hábitos entre los agricultores respecto a la
labranza de la tierra.
El primer problema ha provocado el ausentismo de muchos propietarios de fincas que se
han desplazado a otras regiones, y sus tierras ahora son manejadas por terceros que no
toman decisiones y que no ven con buenos ojos otras técnicas de siembra.
"Esta nueva manera de cultivar la tierra implica un cambio de pensamiento de las
personas que manejan los cultivos", dice Amézquita. "Los agricultores más
progresistas han captado el mensaje, pero la mayoría aún trabajan los suelos con
labranzas tradicionales en las que se utilizan rastras y arados, que lo único que hacen
es sellar los suelos y acabar con el potencial de siembra de pastos y cultivos".
Para este científico, el impacto de este proyecto sería mayor si los dueños de las
tierras estuvieran presentes y conocieran el proyecto. Además, "implementar un
sistema de trabajo diferente al que se ha hecho durante tantas décadas no es
fácil", admite. Hasta el momento sólo ha sido posible su aplicación en algunas
fincas del Meta.
Para cambiar un poco esta mentalidad, científicos del CIAT, Corpoica y la Universidad
del Llano han organizado una serie de cursos y talleres en la región de la Orinoquia, con
los que se pretende actualizar conocimientos y exponer las ventajas de las nuevas
tecnologías. El primero de estos cursos se dictará entre el 9 y el 13 de julio.
Enviar esta Página a un Amigo
|