Mientras muchos agricultores colombianos se lamentan por no tener qué cosechar, debido a
la sequía atribuida al fenómeno de El Niño, unos cuantos están tranquilos
porque confiaron en un cultivo que nunca les ha fallado: la yuca. No es un
secreto que este cultivo es uno de los que mejor toleran condiciones marginales de
producción, tanto por escasez de agua, como de fertilidad en el suelo y, muchas veces,
marginales en términos de enfermedades y plagas.
Esto se demostró una vez más en la presente situación de anormalidad
climática, especialmente en la costa norte de Colombia la región de mayor
producción de yuca del país, donde se cultivan alrededor de 70 mil hectáreas de yuca.
Allí sorprende encontrar hoy producciones equivalentes o por encima del promedio normal.
El fenómeno de El Niño, originado por el calentamiento de las aguas
del Océano Pacífico, comenzó en la Costa Atlántica el año pasado para la época de
siembra, con una irregularidad en las lluvias. Gracias a la campaña de divulgación
acerca del fenómeno climático, los agricultores intuyeron que necesitaban de un cultivo
como la yuca para defenderse.
"Ahora se están viendo resultados: es una cosecha buena, con calidad y
rendimiento más que aceptables y con perspectivas increíbles, puesto que mucha más
gente quiere sembrar", dice Carlos Iglesias, fitomejorador del Centro Internacional
de Agricultura Tropical (CIAT), que adelanta un proyecto para impulsar el cultivo de la
yuca en la Costa Atlántica, con el apoyo del Ministerio de Agricultura de Colombia y del
Gobierno del Japón. El CIAT forma parte de una red mundial de investigación agrícola
conocida como Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (GCIAI).
Productores relativamente pequeños han tenido márgenes de rentabilidad de un
millón y medio de pesos por hectárea cuando vendieron su yuca para el mercado de consumo
fresco. "Hoy en día es difícil encontrar productos que den una rentabilidad tan
alta como la yuca, en un período como éste", dice Iglesias.
Esta apreciación es compartida por Eusebio Ortega, consultor del Ministerio de
Agricultura en Sincelejo, quien afirma que la yuca ha sido el cultivo que menos ha sufrido
por la presencia de El Niño.
La resistencia a altos niveles de sequía que tiene la yuca no sorprende a los
científicos del CIAT, entidad que ha estado trabajando en la Costa Atlántica por más de
dos décadas. Lo que sí les llama la atención es constatar cómo los agricultores están
reaccionando ante situaciones climáticas anunciadas, como la de El Niño, y
recurren a la siembra de un cultivo que ellos saben que va a responder.
El papel de los medios de comunicación, según Iglesias, ha sido importante en
esta campaña de divulgación y prevención; sin embargo, le extrañó que por ninguna
parte aparecía la yuca como uno de los cultivos recomendados frente al fenómeno
climático.
Los agricultores costeños están plantando materiales seleccionados que
previamente habían sido expuestos a sequía dentro de la etapa experimental. Se trata de
las variedades conocidas como Verdecita, ICA Negrita e ICA Costeña, liberadas por
CORPOICA, con el apoyo del CIAT. De todas, la variedad ICA Costeña es la que mejor tolera
la sequía y los ácaros, que son un problema asociado con la falta de agua.
Existen nuevos materiales experimentales, desarrollados gracias al apoyo estatal
del Plan de Modernización de la Yuca, los cuales están siendo multiplicados para ser
liberados próximamente. Asimismo, según anunció Ortega, está prevista la apertura de
Bancos de Semilla en diferentes municipios, con miras a ayudar a los pequeños
productores.
El comportamiento de la yuca ha sido aprovechado no solamente por los productores de la
Costa Norte, sino por gentes de otras regiones colombianas, que están utilizando el
material seleccionado. Inclusive en zonas que no han sido de tradición yuquera, como el
norte del Valle del Cauca, hay un enorme interés y se está impulsando la adopción de
este cultivo.
"Pienso que la yuca es una alternativa sumamente válida para asegurar la
alimentación en regiones de condiciones extremas, y posibilitar que pequeños productores
se pongan en contacto con mercados dinámicos como el del almidón", dice Iglesias,
quien no vacila en calificarla de noble.
Aunque de estrato humilde, la yuca parece ganar imagen poco a poco y conquistar
nuevos mercados. Hay experiencias interesantes que se están desarrollando en la zona
cafetera del Quindío. Allí se promueve el uso integral de la yuca, no sólo para
venderla en el mercado fresco parafinada, para que dure más sino que también
se está vendiendo precongelada para un mercado procesado de croquetas. Con la yuca
también se produce almidón dulce y almidón agrio para diferentes usos industriales,
siendo éste uno de los renglones principales de la economía del Cauca.
"Ahora se está trabajando para hacer de la yuca un cultivo más
empresarial, más tecnificado, para que llegue a una gama más alta de usuarios finales;
yo creo que eso le va a cambiar la imagen", dice Iglesias.
En este sentido ha sido muy importante el apoyo que el Ministerio de Agricultura
le ha dado al Plan de Modernización de la Yuca, al igual que el respaldo del sector
privado. "Antes, los bancos de la Costa abrían sus puertas a los algodoneros y las
cerraban a los yuqueros; ahora, ocurre a la inversa", afirma Ortega, para ratificar
que la yuca está dejando de ser el cultivo de los pobres. "Existen productores que
dedican 150 hectáreas de sus propiedades para sembrarlas con yuca, y eso ya es muy
significativo", agrega.
Los expertos sostienen que, en la medida en que se aúnen esfuerzos y se
faciliten los canales de comercialización y de producción, se podrá demostrar que con
la yuca se pueden sacar adelante regiones enteras del país. Por ahora sabemos que la yuca
se enfrentó a El Niño y salió airosa para beneficio de los que siempre han
confiado en ella.
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