El arroz se erige como uno de los alimentos clave para contrarrestar el hambre que azota
al mundo, flagelo que, de no adoptarse correctivos urgentes, puede agravarse para el año
2025. Para entonces, la demanda mundial de este cereal crecerá en un 70%, pero la
región tradicionalmente productora Asia no podrá atenderla debido a la
escasez de tierra y agua.
Se abre así un nuevo horizonte para los países arroceros de América Latina y el
Caribe, región que se convierte en una frontera agrícola aprovechable en forma inmediata
pues tiene junto al 8.3% de la población mundial, el 12.1% de las tierras agrícolas y el
13.2% de los recursos renovables de agua del planeta.
En la actualidad, el mundo consume 575 millones de toneladas de arroz, estimándose que
para el año 2025 se requerirán 400 millones de toneladas adicionales. Esta es la
oportunidad que tiene América Latina de incrementar su producción, que ahora es de
apenas 20 millones de toneladas por año (3.5% del total mundial).
"Es errado creer que esa oportunidad se hará realidad sólo por poseer esos
privilegiados recursos naturales", advirtió Luis Sanint, director ejecutivo del
Fondo Latinoamericano y del Caribe para el Arroz de Riego (FLAR). "Para comenzar,
América Latina debe afianzar las condiciones que le permitan superar las crisis
socioeconómicas y aprovechar esa oportunidad basándose en tecnologías que fomenten el
desarrollo sostenible", dijo.
Justamente el FLAR, un consorcio arrocero creado en 1995 por los sectores privado y
público de América Latina y el Caribe, del que forman parte 16 países, sentó las bases
que permitirán a la región acometer con éxito esta empresa. Esas bases son la
investigación y la cooperación regional.
"Paralelamente, es indispensable revisar las implicaciones del actual modelo
económico extendido por América Latina, y adoptar políticas claras con respecto al
sector agrícola", precisó Sanint, un economista que, además del FLAR, lidera
proyectos de investigación sobre arroz en el Centro Internacional de Agricultura Tropical
(CIAT), con sede en Cali, Colombia.
Los arroceros de la región reaccionaron con moderado optimismo frente al reto.
"No será fácil, pero es posible", dijo Ana Lorena Guevara, de la Oficina
Nacional de Semillas de Costa Rica. "Si el conjunto de países logra consolidar ese
esfuerzo productivo, como creemos, sí podremos aceptar el desafío".
Esta opinión es compartida por los venezolanos. "América Latina será capaz, si
cada país asume el papel que tiene que desempeñar", dijo Pedro Luis Cordero,
presidente de la Fundación Nacional del Arroz. "Venezuela acepta la parte del reto
que le corresponde".
Por su parte, los brasileños los mayores productores de arroz de la
región consideran que este aumento de producción se puede lograr "siempre y
cuando la política económica beneficie a los productores eficientes, sean éstos
grandes, medianos o pequeños", dijo Rogerio Ortiz Porto, del Instituto Rio Grandense
do Arroz.
Para César Moquete, investigador de República Dominicana, la verdadera riqueza de la
región radica en su potencial humano cuya capacidad de trabajo es impresionante. "Es
cuestión de apoyo y de que cada país entienda su rol", dijo.
Esta afirmación la comparten los panameños: "Somos un país pequeño y no
representamos mayor cosa respecto al mundo, pero podremos colaborar a nuestra
manera", manifestó Nicolás Bayo, presidente de la Federación de Arroceros de
Panamá.
El arroz se considera el cultivo más versátil, pues las 120,000 variedades conocidas
se adaptan a diferentes climas, suelos y condiciones hídricas. Sus virtudes como alimento
son numerosas: es rico en vitaminas y sales minerales que cubren en un 80% las necesidades
alimenticias del ser humano. Es de bajo contenido graso (1%), está libre de colesterol, y
su nivel de sodio es muy bajo.
En América Latina, el papel de los científicos del arroz ha sido decisivo en las
últimas décadas. Entre 1967 y 1995 se liberaron 275 variedades de arroz y se duplicó la
producción total.
Los españoles y portugueses trajeron este cereal al Nuevo Mundo en el siglo XVI, pero
sólo a mediados del siglo XX entró a formar parte de la dieta de los latinoamericanos.
Aun así, no somos fuertes consumidores de arroz (30 kilos per cápita), si se nos compara
con Asia (más de 100 kilos per cápita). En ese continente se consume el 90% de todo el
arroz producido en el mundo.
El siglo XXI verá tal vez al Nuevo Mundo llevar de regreso el arroz al lejano oriente,
donde la cultura ha girado en torno a este cereal desde hace más de 7 mil años.
El reto es de todos porque, en opinión de Carlos Monteverde, de la Federación
Nacional de Arroceros del Ecuador, "la alimentación también es para todos".
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