El mundo habla de pobreza y algunas organizaciones están trabajando para erradicarla,
pero a ciencia cierta se desconoce cuántos pobres hay, en dónde están y en qué
condiciones sobreviven. Ese desconocimiento obedece a una sencilla razón: los
instrumentos de medición utilizados no son lo suficientemente confiables para
proporcionar los datos que demuestren el grado de bienestar de las personas. Preocupada
por esa situación, la investigadora danesa Helle Ravnborg, con el apoyo de la Agencia
Danesa de Desarrollo Internacional (DANIDA) y del Banco Interamericano de Desarrollo
(BID), está trabajando en ese sentido. El proyecto, con una metodología innovadora, se
está ejecutando en Honduras, en América Central, país con casi seis millones de
habitantes, de los cuales el 56% vive en zonas rurales.
La Dra. Ravnborg es una socióloga rural, experta en planificación social y ambiental,
vinculada al Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), con sede en Cali,
Colombia. Desde hace siete meses viene recopilando información que permitirá localizar
en un mapa la pobreza y, simultáneamente, ubicar los recursos naturales. El cruce de
datos permitirá averiguar si los pobres realmente están degradando los recursos
naturales y en qué proporciones; al mismo tiempo, se podrán averiguar los problemas
específicos de los desposeídos para enfocar más la ayuda hacia ellos.
La manera convencional de medir la pobreza es con base en datos de ingresos o gastos
que tiene cada familia o con base en sus necesidades satisfechas o insatisfechas
(alimentación, servicios públicos, vestido, educación). "Hay problemas con esas
dos maneras de medición", sostiene la Dra. Ravnborg. "No se puede poner todo en
una fórmula monetaria; hay otros aspectos. El de independencia, por ejemplo; es decir, no
tener que humillarse para obtener ingresos; eso es muy importante para la gente, y así se
gane poco se sienten mejor; ese tipo de bienestar no se refleja con la manera
convencional", dice.
Entonces se diseñó una estrategia para buscar las percepciones de bienestar entre la
misma gente y que fueran ellos los que dijeran qué tenía sentido medir y qué no.
Recurriendo a técnicas ya conocidas, pero innovando la manera de tomar muestras entre las
comunidades, ha ido avanzando el proyecto, cuya meta es poder extrapolar esa información
a nivel regional.
La investigadora hizo unos supuestos de cuáles son los factores a nivel de comunidad
que pueden influir o determinar para que haya diferentes percepciones de bienestar y
escogió seis: altitud, densidad de población, etnia, género, servicios públicos y
vías de acceso.
Para la muestra se escogieron 90 comunidades bien diferentes de tres departamentos. Es
lo que se denomina muestra de máximo contraste. "Si en esas comunidades se
encuentran las mismas percepciones de bienestar, hay bases para decir que se puede
extrapolar", afirma la socióloga rural. La metodología hasta ahora funciona y se ha
detectado similitud en las percepciones de algunas comunidades.
Cuando los investigadores sepan hasta qué punto es factible extrapolar los
indicadores, van a cuantificarlos a través de una encuesta siguiendo un sistema de
puntuación y poder así hablar en porcentajes del nivel de bienestar. "Ese será
otro logro en la metodología", dice la Dra. Ravnborg . "Lo que se hace en todo
el mundo es identificar los indicadores, pero no se ha podido extrapolar ni
cuantificar". En cuanto a la encuesta, como instrumento, va a suministrar más
información relacionada con bienestar; va a ser más útil y más confiable que las
convencionales. Además, la recolección de esa información tomará muchísimo menos
tiempo (media hora por familia frente a seis horas en promedio que toman las encuestas
tradicionales).
Durante la etapa de recolección de información, los campesinos indagaban si el
proyecto les iba a traer beneficios a sus comunidades. "Infortunadamente, dice la
investigadora, esos beneficios no son inmediatos y nosotros hemos sido honestos con
ellos". El resultado tangible será un mapa con información detallada sobre la
región, sus recursos económicos, sus recursos naturales, sus preferencias, sus
problemas, lo cual permitirá enfocar más la ayuda a través de la investigación o de
proyectos de desarrollo.
"Dentro de tres meses espero dar una respuesta concreta", afirma la Dra.
Ravnborg, que sueña con contribuir de una manera práctica para combatir la pobreza.
"Estoy haciendo todo este trabajo porque veo que se invierte mucho dinero en
desarrollo con el fin de ayudar a los pobres. Mi país, Dinamarca, es uno de los que
contribuyen considerablemente. Todos los proyectos de desarrollo tienen este fin, pero
tienen dificultades en cómo medir, cómo orientarse y cómo enfocarse. Mi sueño es poder
contribuir a desarrollar algo práctico en ese sentido", concluye.
El CIAT aplica la ciencia a la agricultura para aumentar la producción de alimentos,
conservando, a la vez, los recursos naturales. El CIAT es uno de los 16 centros
internacionales auspiciados por el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola
Internacional (GCIAI).
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