Sale al mercado libro
de este científico colombiano sobre
frutales del neotrópico
¿Ha oído hablar del borojó? Lo más seguro es que sí, y también es seguro que haya
escuchado maravillas acerca de sus efectos reconstituyentes. Lo que posiblemente no sabe
es que su descubridor fue un autodidacto, que dedicó su vida a la ciencia, y que era
vallecaucano.
Se trata de Víctor Manuel Patiño Rodríguez, nacido en Zarzal (Valle del Cauca) en
1912, fallecido en Cali el 15 de enero de 2001, y que dejó un legado científico
invaluable, no sólo para Colombia sino también para América Latina y el Caribe.
Aún después de su fallecimiento, este etnobotánico sigue aportando su saber. En este
mes de abril se hizo entrega oficial de su obra póstuma Historia y dispersión de los
frutales nativos del neotrópico, libro de 23 capítulos que complementa una obra que
publicó el autor hace 37 años.
El libro fue editado por el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT),
institución a la que Patiño Rodríguez le hizo importantes aportes en la colección de
clones de yuca y de leguminosas forrajeras. La financiación fue hecha por la Asociación
de Horticultores y Fruticultores de Colombia (Asohofrucol).
Patiño Rodríguez dedicó su vida al conocimiento y la protección de los recursos
naturales agrícolas y forestales del neotrópico. Es autor de 29 libros y de otras
publicaciones sobre temas de agronomía, botánica, historia natural, antropología y
arqueología, y colaboró con muchas revistas científicas. También fundó dos boletines
científicos.
Descubrió para el país y para el mundo el borojó, un frutal promisorio de la región
del Pacífico ¾ en cuyo nombre científico (Borojoa patinoi) se conserva el
apellido Patiño¾ así como otras especies útiles que se mencionan en el nuevo libro.
Fue fundador y director de estaciones agrícolas y forestales; fundador del Instituto
Vallecaucano de Investigación Científica (INCIVA); asesor de instituciones protectoras
de recursos naturales, director del Jardín Botánico del Valle y asesor del Jardín
Botánico de Bogotá y Cartagena.
Colaboró con el museo de Botánica de la Universidad de Harvard, también lo hizo con
la Universidad de California y la Central de Venezuela. La Universidad del Valle, donde
fue profesor de botánica económica y de ecología, le otorgó el título de Doctor honoris
causa.
La obra de Patiño es considerada una fuente imprescindible de consulta para los
estudios biogeográficos sobre América que emprendan los especialistas.
Con respecto a su libro póstumo, el objetivo global fue reconstruir la escala de
valores que tanto plantas como animales habían establecido en la vida de los pueblos de
la región ecuatorial americana. El autor se trazó este plan de trabajo en 1947, inició
la publicación de sus hallazgos en 1963 con el título Frutales, y concluyó su
periplo por 450 años de dispersión, migración y asentamiento de especies en el Nuevo
Mundo meses antes de su fallecimiento.
A juicio de los entendidos, su obra es monumental y sus proyectos
sobre la cultura material de los pueblos americanos pueden
calificarse de gigantescos.
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