Mucha gente le tiene ganas a mi finca, dice orgulloso don José Balcué,
pero no la vendo, advierte. Él, un curtido agricultor de 68 años, vive feliz
en La Camelia, ubicada sobre una pronunciada pendiente que cae al río
Cabuyal, en el municipio de Caldono, departamento del Cauca, al suroccidente de Colombia.
Y vive feliz porque, pese a la difícil
topografía, no hay erosión, el suelo no requiere de abonos químicos y ha mantenido una
producción constante y variada para poder criar a sus seis hijos.
Esto era una loma brava,
recuerda, mientras señala los cultivos de café, plátano, cítricos y algunas
hortalizas. Parte de su secreto radica en las barreras vivas, que frenan la erosión, pero
le dan paso a múltiples ventajas ecológicas y económicas.
Inicialmente, la adopción de
esta tecnología fue limitada debido a la falta de interés de los agricultores para
conservar el suelo sin recibir nada a cambio en el corto plazo; faltaba el incentivo
económico para motivarlos, explica Edmundo Barrios, líder del Proyecto de Suelos
del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), con sede Cali, Colombia.
Fue entonces cuando se desarrolló, como
alternativa, el sistema de barreras vivas de doble propósito, con el objetivo
de crear un estímulo económico a corto plazo para el agricultor que adoptara esta
práctica de conservación de suelos, tan importante en las laderas. Las barreras vivas de
doble propósito son hileras de plantas perennes que generan un producto comerciable, de
crecimiento denso, sembradas en forma perpendicular a la pendiente, que minimizan el
deslizamiento del suelo provocado por la lluvia y el viento.
En su finca, don José mantiene 25
barreras de 120 metros cada una, sembradas de caña panelera (Saccharum officinarum),
que no solamente retienen suelo y nutrientes, sino que lo abonan (por la considerable
cantidad de biomasa que producen y por la que atrapan de otros cultivos) y, además,
ofrecen alimento para su familia y para el ganado. De un tiempo para acá se está
fabricando panela, que se vende en el mercado, y el bagazo se utiliza como combustible,
evitando así talar los bosques para sacar leña.
Lo que ha hecho don José es una
síntesis de lo que investigadores y técnicos de diferentes instituciones, entre ellas el
CIAT, anhelan observar a gran escala en las laderas andinas y, en general, en todas las
zonas de ladera del trópico, que cubren unos 13 millones de kilómetros cuadrados, y
albergan, a escala mundial, a unos 525 millones de campesinos, la mayoría en condiciones
de pobreza absoluta.
Los investigadores quieren encontrar
fórmulas que motiven a los agricultores a adoptar tecnologías sencillas para proteger
los suelos frágiles y, de paso, generarles beneficios económicos. En esa dirección se
han establecido nuevas alianzas entre expertos en manejo de suelos, investigación
participativa y agroempresas rurales.
Una de estas fórmulas tiene que ver con
la identificación de maneras para procesar los productos de las barreras vivas de doble
propósito, a fin de que esta tecnología sea claramente rentable. La ingeniera
agroindustrial del Proyecto de Agroempresas Rurales del CIAT, Juliana Andrea Rizo,
realizó un trabajo con productores de Caldono para crear una herramienta que les facilite
la toma de decisiones.
Su trabajo se basó en una investigación
realizada por el zootecnista del proyecto IPRA del CIAT, Elías Claros, quien evaluó
conjuntamente con los productores de la subcuenca del río Cabuyal, el uso y manejo de
barreras vivas de doble propósito propuestas por el CIAT, habiéndose identificado la
caña panelera como la preferida.
Sin embargo, también se comprobó que su
adopción ?pese a los beneficios para el suelo? ha sido lenta, ya que la utilidad
económica es mínima, debido al tipo de arreglo comercial que se ha dado tradicionalmente
con las agroindustrias locales productoras de panela, conocidas como trapiches.
Según ese arreglo, el productor debe
llevar la caña hasta el trapiche, con la dificultad que eso representa por el gran
volumen de biomasa; luego, como pago debe entregar la mitad de la panela que resulte,
además de todo el bagazo (que se utiliza como combustible).
Basándose en una metodología diseñada
por el especialista en mercadeo del CIAT, Carlos Ostertag, conocida como Manual de
Identificación y Evaluación de Oportunidades de Mercado para Pequeños Productores
Rurales, la ingeniera Rizo elaboró unos modelos financieros para evaluar
diferentes alternativas de procesamiento de la caña panelera en barreras vivas,
analizando las ventajas y desventajas para los productores.
Los resultados indican que la mejor
apuesta para los agricultores es que formen sus propias empresas de procesamiento de caña
de azúcar. Sin duda, el procesamiento podría hacerse más eficiente y rentable si estos
grupos tuvieran la capacidad de hacer su propia investigación para solucionar problemas,
así como tener acceso a información y otros servicios de apoyo.
El CIAT y diversas
organizaciones colaboradoras están desarrollando y probando
enfoques para formar grupos de este tipo en el suroccidente
de Colombia y en otras partes de América Latina. La enorme
tarea que queda por delante es formar alianzas entre las organizaciones
locales que estén comprometidas con repetir experiencias de
personas como José Balcué, e interesadas en apoyar el desarrollo
de agroempresas operadas por los agricultores. Él y otros
miles de agricultores de las zonas de ladera están ansiosos
por probar nuevas alternativas para mantener viva la tierra
que les da el sustento a ellos y a sus familias.

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