¿En
qué se parecen un potrero en Colombia, un campo de golf
en Filipinas, una cancha de fútbol en Italia y una tribu
en el Amazonas? La respuesta está bajo los pies.
En todos estos sitios hay pastos que contienen endófitos,
unos hongos invisibles que ofrecen un enorme potencial para
uso industrial, medicinal y agrícola.
Los endófitos viven en espacios intercelulares de
las plantas y crean una relación de beneficio mutuo.
La planta le ofrece albergue y nutrientes al hongo, mientras
éste le da vigor y resistencia contra plagas, enfermedades
y la sequía.
Si bien para el césped que cubre un campo de golf
o una cancha de fútbol la presencia de estos aliados
invisibles es muy benéfica -pues la hace resistente
a enemigos naturales-, esta asociación parece que no
resulta tan buena para el ganado.
El ganado que consume plantas con endófitos puede perder
peso, disminuir la producción de leche, o sufrir de
debilidad, temblores, menor posibilidad de fertilidad, o hasta
gangrena. Dado que los endófitos no se ven, injustamente
los pastos adquieren la mala fama de ser venenosos.
En las zonas templadas del mundo se han estudiado ampliamente
estos efectos, mas no se había hecho en la zona tropical,
hasta que a finales de 1996, un equipo de científicos
del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), con
el apoyo financiero del gobierno japonés, inició
el estudio de los hongos endófitos en pastos tropicales.
El equipo es encabezado por la fitopatóloga Segenet
Kelemu, y a lo largo de estos años ha contado con el
apoyo de científicos japoneses y de personal colombiano.
Los avances alcanzados son muy significativos y se abren enormes
posibilidades para la ciencia.
Gracias a eso, por primera vez en el mundo se logró
identificar un hongo endófito en Brachiaria
-la gramínea forrajera más importante de América
tropical- y también se descubrió que este hongo
-el Acremonium implicatum- produce un químico
que protege la planta contra plagas y enfermedades, y le genera
resistencia contra la sequía.
Asimismo, se demostró que el hongo, asociado con la
planta, se transmite por la semilla. "Si una planta tiene
este hongo, su semilla lo lleva y se reproduce generación
tras generación, siempre y cuando sea bien almacenada",
dice la Dra. Kelemu.
A medida que la investigación ha ido avanzando, se
han alcanzado otros logros. El último, que a juicio
de los científicos es muy importante y que les llevó
tres años en desarrollarlo con ayuda de la biotecnología,
es una metodología, a nivel de ADN, para identificar
si en la planta hay o no hay endófitos.
"Este método será muy útil para
probar lotes de semilla de Brachiaria y establecer
la presencia o ausencia de endófitos", agrega
la Dra. Kelemu. "Al principio teníamos que hacerlo
sólo con microscopio, labor muy difícil, ya
que hay muchos hongos y se tenía que conocer muy bien
al endofito para localizarlo... Con nuestro método
ya se lo puede identificar fácil".
Sin embargo, aún resta mucho camino por recorrer,
pues todavía no se sabe cuál es el efecto en
el ganado que consume pastos con este tipo de hongos. El equipo
investigador del CIAT pidió la colaboración
de sus colegas de la Universidad de Kentucky, Estados Unidos,
para que examinen exclusivamente la parte tóxica de
unas cepas de endófitos enviadas desde Colombia.
"Probablemente, a finales del año vamos a saber
si son tóxicos o no para los animales", dice la
Dra. Kelemu. "Los datos preliminares indican que sí
producen algunas toxinas y atacan a hongos patógenos,
pero no sabemos si esas toxinas son malas para el ganado".
¿Qué pasará si esas toxinas afectan
al ganado? El trabajo que se avecina no será fácil,
pues los científicos tendrán que investigar
la posibilidad de eliminar esa toxicidad para los animales,
pero manteniendo los efectos beneficiosos -que los tiene-
para la planta.
Por el contrario, si se comprueba que no tienen efectos adversos
para los animales, lo que se avecina será muy bueno
para la ganadería, pues con base en la metodología
desarrollada se podrá inocular el hongo en más
plantas y explotar a gran escala el beneficio de resistencia
en las pasturas.
Estos hongos también tienen propiedades medicinales.
En Europa y América del Norte, compañías
farmacéuticas los emplean para producir sedantes y
agentes anticoagulantes. Algunas tribus del Amazonas utilizan
pastos que contienen endófitos para el control de la
natalidad y para facilitar el proceso de nacimiento. Varios
grupos indígenas del Ecuador cultivan ciertas especies
tanto para uso medicinal como para ritos religiosos.
Ante todo esto se abre un panorama gigantesco para el sector
industrial y agrícola del mundo, y por eso mismo los
científicos siguen concentrados en este trabajo fascinante.
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