En
lo que se considera una victoria para los campesinos latinoamericanos
dentro de uno de los más sonados casos de biopiratería,
la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO)
revocó la patente de un fríjol amarillo que
había otorgado a un estadounidense, para su uso exclusivo
comercial, y en que éste alegaba que él lo
había 'inventado'.
Desde que se concedió la controvertida patente en
1999 el Centro Internacional de Agricultura Tropical
(CIAT), organización sin ánimo de lucro con
sede en Palmira (Colombia) y que posee la mayor reserva
de frijoles en el mundo, con 35.000 variedades, decidió
iniciar una larga batalla jurídica para defender
los derechos de millones de campesinos latinoamericanos,
que han venido consumiendo ese fríjol por siglos.
Al conocerse el fallo, el Director General del CIAT, Geoff
Hawtin, expresó su complacencia, aunque mostró
su preocupación porque este caso tardó mucho
tiempo en resolverse, pese a que el CIAT siempre tuvo la
razón. La contraparte buscaba mecanismos legales
para dilatar la decisión y seguir aprovechándose
económicamente del fríjol y perjudicando a
millares de pequeños productores, especialmente de
México y sur de Estados Unidos.
"Sin necesidad, esos agricultores han tenido que padecer,
durante ya varios años, amenazas de tipo jurídico
e intimidaciones simplemente por sembrar, vender o exportar
un fríjol que han estado cultivando durante generaciones",
dijo Hawtin.
El objeto de este caso de biopiratería es conocido
por los mexicanos como azufrado o Mayocoba, mientras que
el supuesto dueño, Larry Proctor, lo bautizó
como "Enola", en homenaje a su esposa. Para la
Oficina de Marcas y Patentes de Estados Unidos simplemente
se trataba de la patente 5,894,079.
El origen de este fríjol de color amarillo se ubica
en el Perú, pero ha sido uno de los alimentos ancestrales
de los mexicanos.
La historia comenzó en 1994 cuando Proctor compró
un paquete de frijoles amarillos en México y los
sembró en una propiedad suya en el condado de Montrose,
Colorado. Dos años después presentó
una solicitud de patente para su uso exclusivo en su país.
En abril de 1999 obtuvo la patente que le daba derecho a
utilizar el fríjol de manera exclusiva por 20 años,
y enseguida inició un juicio contra dos empresas
mexicanas que exportaban dicho fríjol a los Estados
Unidos, y contra 16 empresas y agricultores de Colorado,
alegando que estaban violando sus derechos.
El CIAT decidió formular oficialmente una solicitud
de revisión de la controvertida patente, contando
con el respaldo del Grupo Consultivo para la Investigación
Agrícola Internacional (CGIAR)
y la Organización de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO).
Uno a uno se refutaron los 15 puntos expuestos por Proctor.
El texto de la apelación, presentada por el CIAT,
rechazó el reclamo de propiedad exclusiva que la
patente hace sobre cualquier fríjol común
(Phaseolus vulgaris) que sea de un matiz amarillo
específico, señalando que "todo el sistema
de patentes se volvería ridículo si se permite
patentar un color en sí mismo".
"No
hay ningún mejoramiento en ese fríjol, y la
novedad es el primer requisito para exigir patente de un
invento", dijo desde un principio Daniel Debouck, especialista
en recursos genéticos del CIAT. "En nuestra
colección tenemos al menos 260 variedades de fríjol
amarillo y 6 son sustancialmente idénticas al Enola",
aseguró.
En esta apelación se dijo que el fríjol amarillo
le fue "expropiado" a México y que viola
los derechos soberanos de ese país sobre sus recursos
genéticos, tal como lo reconoce el Convenio de Diversidad
Biológica de Naciones Unidas.
En el 2003, la USPTO falló a favor de la apelación
del CIAT, pero inmediatamente los abogados de Proctor interpusieron
otra acción de revisión adjuntando 43 nuevos
puntos para exigir que se le respete la patente.
Durante todo este tiempo, Proctor hizo cumplir su patente
de manera activa. Según fuentes del gobierno mexicano,
en cierto momento, el reclamo hecho por el titular de la
patente de que se le pagara US$0.6 por cada libra de fríjol
amarillo vendida en los Estados Unidos hizo que se desplomaran
las exportaciones de dicho producto de México a los
Estados Unidos.
La disputa jurídica desde entonces fue lenta, y
en cuatro oportunidades la USPTO le dio siempre la razón
al CIAT (que ha aportando pruebas genéticas), hasta
que finalmente se dio el fallo que revoca la controvertida
patente.
Las directivas del CIAT señalaron que, aunque estaban
preocupados por el impacto económico inmediato de
la patente de Enola, en general les preocupaba el hecho
de que la patente establecería un precedente que
amenazaría el acceso público al germoplasma
vegetal material genético que comprende cualidades
heredadas de un organismo mantenido en fideicomiso
por el CIAT y otros centros de investigación en todo
el mundo y que le pertenece a la humanidad.
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