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CIAT en Perspectiva 1998-99
Sendas que Alejan de la Pobreza

La Compleja Red de la Pobreza

"Se supone que la marea creciente de riquezas debe levantar a
todas las  embarcaciones,  pero  algunas son más  apropiadas
para la navegación que otras. Los yates y los transatlánticos
están poniéndose a la altura para responder a nuevas
oportunidades, pero muchas balsas y botes de remo
están llenándose de agua y se están hundiendo".

Revisión General del Informe de Desarrollo Humano de 1977,
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)


Un día cualquiera de febrero de 1999, encontramos a Longinio Hernández tendiendo una parcela de tomates, en la parte alta de una ladera en el norte de Nicaragua. El tomate no es el cultivo que él generalmente siembra. Pero, a finales de 1998, el Huracán Mitch devastó la mitad de su cultivo de maíz y casi todo su frijol. "Tengo muchas esperanzas de comenzar de nuevo", dice Hernández. El novedoso cultivo del tomate, una medida de emergencia para las víctimas del huracán, se destina para la venta. Promete algo de dinero en efectivo para comprar alimentos que se necesitan desesperadamente.

La situación de los pequeños agricultores como Hernández pone en evidencia la vulnerabilidad de la población de escasos recursos en los países en desarrollo, especialmente cuando azota un desastre. Aun en la mejor de las épocas, son pocas las oportunidades que tienen para maniobrar económicamente. El desastre puede llegar en forma de un huracán, de una guerra civil, de una sequía o de una nueva plaga que ataca los cultivos. La situación de la población de escasos recursos es agravada por la degradación ambiental, como en el caso de Nicaragua, donde la deforestación hace que el fango se deslice por las laderas en cualquier momento.


Pobreza humana vs pobreza de ingresos

Nicaragua es uno de los países más pobres de América Latina, según el índice de pobreza humana (IPH) para 1997, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Según este criterio, cerca del 26 por ciento de los nicaragüenses quedan por fuera del progreso nacional.

Los expertos consideran cada vez más la pobreza como una red compleja de privaciones interrelacionadas, y no sólo la falta de dinero o de bienes materiales. Se ve menos como un estado de existencia o de subsistencia y más como el resultado de un empobrecimiento dinámico, impulsado por fuerzas sociales, políticas y económicas. El PNUD describe la pobreza como una "negación de oportunidades para vivir una vida llevadera".

El IPH no mide el ingreso o la falta de él, lo cual, durante décadas, ha sido el medidor, ampliamente usado, del desarrollo nacional y de su sombrío acompañante, la pobreza. Más bien, considera otros tres factores que tratan de aproximar las complejidades de la privación humana.

El primero es la breve duración de la vida. Para los países en desarrollo, este indicador registra esa parte de la población que no alcanzará a cumplir los 40 años –la edad actual de los bebés más jóvenes que nacieron durante la revolución industrial. El segundo es la falta de una educación básica, que es medido por la tasa de analfabetismo. El tercer factor es la falta de acceso a recursos públicos y privados, con una proporción de la ciudadanía sin una nutrición adecuada, sin agua potable y aislados de los servicios de salud. Por tanto, el índice distingue entre la "pobreza humana" y la "pobreza de ingresos", que es el indicador netamente económico.

El Informe de Desarrollo Humano de 1997, que introdujo el IPH, señala que, según este criterio, más de una cuarta parte de la población del mundo en desarrollo es pobre. A nivel mundial, las mujeres son más pobres que los hombres, a menudo sin autoridad y agobiadas por el esfuerzo intenso del trabajo duro, tanto dentro como fuera del hogar.

En América Latina y el Caribe (ALC), la pobreza humana se encuentra menos generalizada que la pobreza de ingresos. Con un IPH general del 15 por ciento, ALC es una región que ha logrado reducir algunos de los aspectos no económicos de la pobreza. No obstante, los ingresos se han rezagado y, según esta medida, la pobreza aún tiene entre sus garras al 24 por ciento de la población, es decir, cerca de 110 millones de personas.

El crecimiento económico es una herramienta potente para reducir la pobreza. Pero sus beneficios están lejos de ser automáticos. Por ejemplo, Honduras presentó un crecimiento anual del 2 por ciento desde 1986 hasta 1989, pero, a pesar de esto, su nivel de pobreza por ingresos se duplicó. Ahora, con miles de muertos por el Huracán Mitch y unos US$4 mil millones en daños, el país se está reconstruyendo casi de la nada. Sus problemas dan a la pobreza un significado completamente nuevo.


Alimentando el cuerpo y el alma

El componente nutricional del IPH refleja directamente la importancia de la innovación agrícola en la lucha contra la pobreza. Tres cuartos de la población más pobre del mundo vive en zonas rurales y depende de la agricultura y de trabajos relacionados para sobrevivir.

En la mayor parte de ALC, el número de personas que viven en pobreza absoluta en zonas rurales, es decir, los que ganan 50 centavos de dólar al día o menos, equivale o excede el número en las zonas urbanas. México es un ejemplo sorprendente: los más pobres entre los pobres de la población rural sobrepasan en número a los más pobres entre los pobres de la población urbana, en una relación de ocho a uno.

La presencia de la pobreza en zonas agrícolas rurales, especialmente en América Latina, resalta la pertinencia del trabajo que realiza el CIAT, dice Douglas Pachico, director de Planeación Estratégica y Evaluación de Impacto. "No tener suficiente para comer es casi lo peor que le puede suceder a uno. Estamos atacando uno de los aspectos más fundamentales de la pobreza".

La desnutrición, dice Pachico, se encuentra entre los enemigos más peligrosos de la población pobre. "Conlleva graves problemas de salud, paraliza el desarrollo cognoscitivo de los niños y erosiona el capital humano". El problema es particularmente serio en Africa subsahárica y en Asia meridional, donde viven más del 70 por ciento de los niños mal alimentados del mundo. El Instituto Internacional de Investigaciones en Políticas Alimentarias (IFPRI), al considerar las perspectivas mundiales respecto a la seguridad alimentaria hasta el año 2020, predice que estas regiones permanecerán como "puntos críticos".

Aunque la investigación ayuda a los agricultores a producir más y mejores alimentos para el consumo doméstico, debe hacer mucho más que esto. "La gente está quedando a la zaga, aún a medida que las economías avanzan", asegura Pachico. "Es crucial vincular a los agricultores de escasos recursos a los mercados".

El valor agregado de los cultivos, mediante pequeñas agroempresas que responden a una clara demanda del mercado, es una de las maneras en que las familias pueden aumentar y asegurar sus ingresos. Aunque los precios de los alimentos son determinados cada vez más por las fuerzas económicas mundiales, no locales, "la tecnología agrícola es todavía la mejor manera de mantener las comunidades a un nivel competitivo en el mercado mundial", dice Pachico.

Al mismo tiempo, la investigación debe ayudar a las comunidades de escasos recursos a crear una base fecunda para "acumular bienes". De especial importancia son los bienes no materiales, como el conocimiento sobre el entorno biofísico, las aptitudes para manejar los recursos, el entendimiento del mercado, la capacidad organizacional y la capacidad para comunicar necesidades e ideas. "La investigación misma no puede sacar a la población de la pobreza", afirma Pachico. "Pero sí puede abrir oportunidades para ellos y, de hecho, lo hace". Sus puntos de vista hacen eco con los de los expertos del PNUD: "Una estrategia enfocada hacia la persona humana para erradicar la pobreza debe comenzar por fortalecer los bienes de la población pobre –y capacitar a esta población para que gane la lucha contra la pobreza".

La comunidad localizada en las laderas nicaragüenses, donde plantaba Longinio Hernández su cultivo comercial del tomate, es un sitio donde el CIAT y sus socios nacionales tratan de hacer precisamente eso, mediante un proyecto que busca facultar a una comunidad agrícola de escasos recursos, constituida por unas 24,000 personas, para hacerse cargo del manejo de los recursos naturales de su cuenca.


Optimismo por el camino que viene

Aquí hemos recalcado el gran alcance de la pobreza rural, especialmente en América Latina. No obstante, tenemos muchas razones para sentirnos optimistas al contemplar el panorama global.

En los últimos 50 años, la reducción de la pobreza ha sido mayor que en los 500 años anteriores. Las tasas de mortalidad infantil en el mundo en desarrollo son cerca de la mitad de lo que fueron en 1960, y la proporción de hogares rurales que no tienen acceso a agua potable ha descendido de cerca del 90 por ciento al 25 por ciento. Se han logrado grandes avances en la reducción del número de personas que viven por debajo del umbral nacional de ingresos que indican pobreza. En total, las personas viven más tiempo y tienen mejor acceso a servicios sociales básicos.

Estos adelantos, entre otros, dice el PNUD, muestran que es factible erradicar la pobreza absoluta en los próximos 10 ó 20 años, es decir "está dentro de nuestro alcance". Las proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) también apuntan hacia el progreso futuro. A pesar del crecimiento de la población, se espera que el número de personas que no disfrutan de una seguridad alimentaria en el mundo descienda de 840 millones –la cifra para 1990-92– a 680 millones de personas en el 2010.

Según el IFPRI, los pronósticos de crecimiento económico en los próximos
25 años son también favorables. En efecto, se espera que las tasas de crecimiento económico en los países en desarrollo –el foco de la pobreza– sean casi el doble de las de los países industrializados.

Pero mientras se supone que "la marea creciente de riquezas debe levantar a todas las embarcaciones", muchas se irán a pique a menos que se tomen medidas sólidas ahora y en el futuro. El incentivo para actuar debe ser el simple hecho de que el número de personas que viven actualmente en pobreza absoluta en el mundo sigue siendo asombrosamente alto. Cada unidad familiar de mínimos recursos representa una deuda moral colectiva que está por saldar.

Entre las prioridades sugeridas para la acción, el PNUD cita la creación de un entorno favorable para la agricultura a pequeña escala y para las microempresas. También se requerirá una segunda Revolución Verde para aquellos agricultores pobres que fueron pasados por alto por la primera revolución, y la inversión de la degradación ambiental en zonas marginales frágiles.

Diferentes actores definirán los objetivos de manera diferente, y la forma de alcanzarlos también será diferente. El CIAT sigue comprometido con esta tarea, según lo ilustra el resto de este informe.


A través de los ojos de los pobres

El índice de pobreza humana del PNUD muestra una enorme mejoría en comparación con las evaluaciones convencionales que dependen de indicadores definidos externamente, por ejemplo, el ingreso. Aun así, como afirma la socióloga rural Helle Ravnborg, este índice todavía presenta deficiencias. "Es necesario escuchar lo que la misma población pobre tiene que decir acerca de la pobreza", dice.

Una técnica que ella y otros han utilizado para obtener apreciaciones acerca de las percepciones locales de la pobreza es la de jerarquización del bienestar. Sin embargo, debido a que las percepciones de las personas son específicas en una localidad determinada, junto con otros obstáculos metodológicos, las apreciaciones obtenidas de esta manera han servido como adiciones a las medidas de pobreza convencionales, en vez de proporcionar una base para la evaluación de la pobreza.

A través del trabajo en Tanzanía y Colombia, y más recientemente en Honduras y Nicaragua, Ravnborg y sus colegas están desarrollando una metodología que supera las deficiencias de la evaluación participativa de la pobreza. El trabajo en Honduras se realizó con financiación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Ayuda Danesa para el Desarrollo Internacional (Danida).

El nuevo enfoque, presentado en un manual publicado recientemente por el CIAT, proporciona una medición integral que refleja la naturaleza multidimensional y dinámica de la pobreza en las zonas donde predomina la agricultura a pequeña escala. El método comienza basándose en las percepciones de los informantes locales, en sitios seleccionados, quienes clasifican a sus vecinos según niveles de bienestar. Las descripciones resultantes se traducen en indicadores de bienestar, mediante un cuestionario de hogares. Luego, los indicadores se combinan en un índice de bienestar, que puede usarse para desarrollar un perfil de pobreza para todas las zonas de estudio.

Los planificadores de proyectos de desarrollo en zonas rurales pueden, por tanto, formar una imagen exacta de la pobreza a través de los ojos de los mismos pobres.

 

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