Hace solamente unas décadas, las primeras fotos de la Tierra tomadas desde el espacio
alteraron indeleblemente el sentimiento colectivo de la humanidad de lo que significa
"hogar". Hoy, los sistemas de información geográfica (SIG), primos de algunas
de las tecnologías originales que nos trajeron aquellas imágenes históricas, están
aguzando nuestra comprensión de la vida y ayudándonos a resolver problemas apremiantes
en ese hogar, a veces tan afligido. Las tecnologías de SIG, manejados por computadora,
nos permiten elaborar mapas, no sólo del lado biofísico de nuestro planeta
cultivos, clima, suelos, agua, bosques, y así sucesivamente sino también de
sus dimensiones sociales, especialmente de la forma en que el bienestar humano se integra
íntimamente al paisaje.
Cuando se emplean los SIG para organizar esa información, los
investigadores, los planificadores y los grupos comunitarios pueden tomar mejores
decisiones respecto a la asignación de recursos, y diseñar mejores proyectos para ayudar
a las comunidades rurales necesitadas y a los pequeños agricultores y sus familias. En
esta sección consideraremos los proyectos en Perú y Honduras, que ilustran la forma en
que los SIG ayudan a proyectar la pobreza y a identificar sus nexos con la agricultura y
otros usos de la tierra.

Censo peruano con valor agregado
En la región de Ucayali en el oriente peruano, cerca del pueblo de Pucallpa, los
agricultores migratorios y los empresarios se adentran, año tras año, en la indómita
región fronteriza tropical de la Cuenca Amazónica. La deforestación está devorando
este tesoro de la diversidad biológica y otros recursos naturales.
Una parte de la región sirve de sitio de "referencia" para la
investigación, una zona que en muchos aspectos es representativa de la agroecología de
los márgenes de bosque encontrados en otras partes de América Latina. El área alrededor
de Pucallpa es un enorme laboratorio viviente donde el CIAT, otros centros internacionales
y los socios nacionales pueden aprender cómo usar mejor la tierra en la intersección
entre personas y árboles.
A pesar de la exuberante naturaleza que existe aquí, la privación entre la gente es
la norma, no la excepción. Se estima que dos tercios de las unidades familiares en zonas
rurales viven y trabajan en la miseria. ¿Cuáles son las causas, y qué factores afectan
más el acceso de la población a los recursos? ¿La política? ¿Las diferencias
étnicas? ¿El analfabetismo? ¿El sistema de tenencia de la tierra? ¿El acceso a la
tecnología? ¿Cómo se pueden utilizar los sistemas agrícolas locales sus formas
de sustento como puntos de intervención para mitigar la pobreza, mientras se
protege el ambiente amenazado? Estas son preguntas clave que los investigadores del CIAT
intentan responder en un proyecto colaborativo realizado con el Instituto Nacional de
Estadística e Informática (INEI) del Perú.
En 1994, el INEI realizó un censo agrícola y demográfico del Perú, basado en
encuestas de hogares. La gran cantidad de información tabular que resultó es esencial
para el proceso de planificación nacional en todos los sectores. Pero sería un aporte
mucho más útil para la investigación, la política y el desarrollo si los conjuntos de
datos podrían compararse rápida y fácilmente entre sí y con otra información acerca
del paisaje peruano.
Hacia este fin, los especialistas en SIG del CIAT tomaron un subconjunto de datos
tabulares del censo y lo incorporaron a un SIG que cubría 5,000 unidades familiares de
cuatro distritos ubicados en los alrededores de Pucallpa. "Queremos ayudar a las
entidades de estadística, como el INEI, en la tarea de hacer que las personas que
trabajan en la agricultura y en el manejo de recursos naturales tengan mayor acceso a sus
datos", dice el geógrafo del CIAT Glenn Hyman.
A partir del trabajo original del censo, los peruanos formularon cinco indicadores de
pobreza que reflejan las "necesidades básicas no atendidas", según se registra
en la calidad de construcción de las viviendas, el número de personas por habitación,
el método de eliminación de los desechos humanos, la asistencia de los niños a la
escuela y el número de personas que dependen del "jefe del hogar". Los
indicadores se aplicaron a nivel de distrito. El personal del CIAT ayudó luego, a repetir
el análisis a un nivel inferior a nivel de aldea para dar una imagen más
detallada de la pobreza en el sitio de estudio.
Al crear enlaces entre los datos agrícolas y los sociales en una base de datos
relacional, los dos conjuntos se pueden combinar fácilmente y visualizar en los mapas de
SIG, permitiendo a los investigadores ensayar hipótesis y responder preguntas acerca de
la forma en que el uso de los recursos y la agricultura afectan la pobreza.
Otra hipótesis que se está estudiando en detalle es la de la "trampa de la
pobreza", un tipo de espiral descendiente en que la pobreza y la degradación
ambiental se alimentan mutuamente. En Ucayali, este proceso se concentra en la agricultura
de tumba y quema. Durante algunos años, los agricultores plantan arroz y maíz en las
parcelas desbrozadas de bosque, seguido de yuca. Cuando
el suelo se empobrece por el cultivo y el crecimiento de malezas prolifera, los
agricultores siguen a otros sitios para continuar desmontando el bosque.
La pregunta es si la degradación ambiental es realmente la causa de la pobreza
y viceversa. ¿Qué otras fuerzas importantes están involucradas? Hyman señala que hay
evidencia de suma pobreza aun en sitios donde la fertilidad del suelo continúa alta, por
ejemplo, en los terrenos de aluvión cercanos a los ríos. Otros factores, continúa
Hyman, como las deficientes vías de acceso a los mercados agrícolas, pueden ser
obstáculos mucho más serios para el bienestar humano en esta zona.
Muchos agricultores de la región de Ucayali usan pequeñas embarcaciones motorizadas,
llamadas "peque-peque", para movilizarse por el río. Sin embargo, el
transporte, especialmente por tierra durante la estación lluviosa, es difícil de
conseguir y, a menudo, poco confiable. "Muchas de estas personas se encuentran
aisladas", dice Hyman. "En un día cualquiera, pueden o no lograr llevar sus
plátanos al mercado. Creo que la accesibilidad es un factor importante en la
determinación de la pobreza".
El trabajo de SIG y el desarrollo de bases de datos proporcionan una plataforma, no
sólo para ensayar estas ideas acerca de las causas y los efectos de la pobreza en un
sitio de referencia, sino también para proponer soluciones.

Fundamentos de los SIG
La información requerida por los planificadores, los formuladores de políticas y
otros grupos que participan en el proceso de desarrollo, normalmente proviene de
múltiples fuentes. Los formatos son, a menudo, incompatibles, o los datos se encuentran
en diferentes escalas de tiempo y de espacio, lo cual hace difícil su comparación y
análisis. Los sistemas de información geográfica ayudan a resolver estas dificultades.
Un SIG es, sencillamente, un sistema manejado por computadora que permite que
diferentes tipos de información sean identificados geográficamente (es decir,
"georeferenciados"), luego integrados y visualizados en un solo mapa. Los
usuarios pueden combinar dos o más conjuntos de datos diferentes para visualizar las
relaciones entre factores sociales o biofísicos seleccionados.
Por ejemplo, los planificadores gubernamentales podrían informarse sobre cómo el
crecimiento de la población rural podría afectar a los bosques protegidos en su país.
Un SIG como el Atlas de Indicadores Ambientales y de Sustentabilidad para América Latina
y el Caribe, publicado en disco compacto por el CIAT y el Programa de las Naciones Unidas
para el Medio Ambiente (PNUMA) a finales de 1998, les permite sobreponer los parámetros
necesarios en un mapa geográfico básico.
Un SIG no consta solamente de mapas estáticos. Es una herramienta dinámica que
permite a los usuarios hacer y rehacer mapas rápidamente, con diferentes combinaciones de
información, dependiendo de lo que se está analizando. Algunas de estas herramientas
permiten a los usuarios, no sólo visualizar el actual estado "real" del
paisaje, sino también simular estados futuros alternativos, con base en diferentes
escenarios de políticas o proyecciones.

Profundizando en el análisis de la pobreza en Honduras
En Honduras, el CIAT y sus socios colaboradores nacionales han avanzado mucho en la
combinación de SIG, el manejo de bases de datos y los métodos científicos sociales para
enfocar mejor los esfuerzos para reducir la pobreza. En un proyecto financiado por el
Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el equipo de SIG del Centro está elaborando un
perfil de pobreza para Honduras y sus nexos con la degradación ambiental.
El trabajo empezó con una mirada fresca a los datos de un censo nacional de Honduras
de hace 10 años una encuesta que cubrió 4.2 millones de personas en casi 900,000
hogares. A partir del análisis de la información de hogares, los investigadores
diseñaron indicadores de pobreza basados en "necesidades básicas no
atendidas", el mismo método utilizado en Perú y en otros países. Las unidades
familiares, las aldeas y los municipios se clasificaron en cinco categorías, que variaron
desde sumamente pobres hasta "por encima del umbral de la pobreza". Los
investigadores integraron los resultados con un atlas digital de Honduras, desarrollado
por el CIAT, que muestra la ubicación de 3,730 aldeas y otras características
biofísicas.
Los resultados de este estudio indicaron un nivel de pobreza de cerca del 55 por
ciento a nivel nacional. Cuando se consideró la falta de educación, la tasa subió
repentinamente hasta el 59 por ciento. De los 18 departamentos que tiene Honduras,
Intibuca y Lempira presentaron la incidencia más alta de pobreza, abarcando el 80 por
ciento de la población. En general, los resultados se ajustaron estrechamente a los
obtenidos en otros estudios sobre la pobreza en ese país.
Aun así, estos resultados no constituyen una evaluación global y absoluta de la
pobreza en Honduras. Utilizando los datos del censo, es posible desarrollar indicadores de
pobreza que se "ajustan" más a las necesidades de un proyecto u organización,
destacando dimensiones específicas de la privación (por ejemplo, acceso a la educación
o a los servicios de salud). El proyecto ha demostrado también que la información del
censo puede ser complementada, en forma ventajosa, por los indicadores de pobreza
desarrollados mediante métodos participativos (descritos en el capítulo anterior) para
tomar en cuenta las percepciones de la gente pobre como tal. Hacia ese fin, un estudio que
abarcó un gran número de comunidades rurales diversas identificó 11 factores que pueden
incorporarse en un índice de la pobreza para Honduras. Estos indicadores se han unido con
los datos del censo para producir mapas de pobreza a escala nacional.
La investigación ha proporcionado a los formuladores de políticas y a la comunidad
que participan en el proceso de desarrollo de ese país, algo más que estadísticas y
recomendaciones sobre la pobreza. Los ha equipado con una "herramienta de apoyo a la
toma de decisiones" más flexible y puntual para analizar la pobreza, que lo que la
información misma del censo podría proporcionar.
Los productos de la investigación también permiten a los usuarios determinar si los
niveles de pobreza están relacionados con la degradación ambiental, de qué forma y en
dónde. Muchos han asumido que este nexo existe, pero para poder documentarlo es necesario
hacer un análisis complejo. Este análisis debe ser realizado por personas que conocen
bien el país. Aun así, como lo expresa Grégoire Leclerc, un especialista en SIG del
CIAT que trabajó en el proyecto: "Este trabajo ayudará a separar lo mítico de lo
real". Hasta los grupos locales que carecen de tecnología de computación pueden
entender mejor los modelos de bienestar humano si tienen acceso a copias en papel de los
mapas pertinentes. "Estas herramientas tienen enorme potencial para capacitar a las
comunidades locales en su lucha contra la pobreza", ratifica Leclerc.
Un compromiso mundial con la información
Al igual que los ríos, los bosques y las montañas, el alcance de los sistemas de
información geográfica va más allá de las fronteras de los países. No es
sorprendente, entonces, que los especialistas en SIG tiendan a creer enfáticamente en la
importancia de compartir información a nivel mundial. Hacia este fin, el CIAT ha sido,
tanto promotor entusiasta del nuevo Consorcio para la Información Espacial (CIE),
patrocinado por el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional
(GCIAI), como participante del mismo.
La iniciativa, que incluye nueve centros internacionales de investigación, tuvo su
primera reunión importante de planeación en Noruega en diciembre de 1998. El consorcio
trabajará en un amplio rango de temas relacionados con SIG.
En 1998, el laboratorio de SIG del CIAT se convirtió también en un nodo de la Red
Interamericana de Datos Geoespaciales (IGDN), un esfuerzo conjunto del Estudio Geológico
de los Estados Unidos, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el
Instituto Panamericano de Geografía e Historia. En vista de que IGDN es un canal clave
para distribuir información geográfica en el continente americano, es un honor y una
importante responsabilidad para el CIAT asumir esta función. Ya ha fortalecido nuestro
trabajo en SIG y nos ha llevado a implementar normas internacionales de precisión en la
elaboración de mapas y de imágenes. 
El Atlas Mitch
El trabajo en SIG que se realiza en Perú, Honduras, Nicaragua y en otras partes, forma
parte de un esfuerzo a largo plazo para dar una buena base científica a las decisiones
que se toman respecto a la agricultura y al manejo de los recursos naturales. Pero, en
noviembre pasado, las capacidades del CIAT en SIG aparecieron como ayuda divina a la
situación de emergencia causada por el Huracán Mitch, el peor desastre natural que haya
azotado a América Central en este siglo.
Honduras y Nicaragua fueron los países más golpeados, pero Honduras llevó la peor
parte. Gran parte del daño causado no fue ocasionado por los vientos de alta velocidad
sino por los 2 metros de lluvia que cayeron en solamente una semana. Las inundaciones y
los deslizamientos de lodo mataron a miles de personas y devastaron, tanto las
plantaciones comerciales como las parcelas de frijol y maíz sembradas por los pequeños
agricultores. Un 60 por ciento de la tierra agrícola de las dos naciones juntas sufrió
graves daños. El agua arrastró con puentes y caminos, complicando los esfuerzos de
ayuda.
Uno de los frutos del extenso trabajo realizado en años recientes por el CIAT en
Honduras en relación con SIG es un atlas digital de ese país, disponible en disco
compacto. Este atlas se desarrolló durante un período de 4 años, con el apoyo de la
Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) y la Fundación Ecorregional
de los Países Bajos para Apoyar Iniciativas Metodológicas. Esta herramienta es, quizás,
la más completa base de datos biofísicos y socioeconómicos de Honduras que alguna vez
se haya compilado. Su lanzamiento formal, acompañado de un taller de capacitación, fue
en octubre de 1998, justo 3 semanas antes del huracán Mitch.
Por tanto, el CIAT se encontró en una posición conveniente para ayudar a recopilar e
integrar la información que podría usarse para orientar las medidas de emergencia. A
raíz del taller de capacitación, rápidamente se difundió la noticia acerca de la
existencia del atlas electrónico. "Fuimos bombardeados con solicitudes de mapas y
otra información para ayudar a la gente en la planificación de los esfuerzos de
ayuda", dice Leclerc.
El viernes después del huracán, la Agencia Canadiense para el Espacio reprogramó un
satélite de radar, que puede "ver" de noche y penetrar las nubes, para obtener
imágenes sobre la devastación. Estas imágenes fueron procesadas rápidamente por una
empresa canadiense, utilizando datos de referencia verificados en el terreno,
proporcionados por el CIAT.
Leclerc y su equipo de trabajo incorporaron los datos de satélite en el atlas de
Honduras, permitiendo así una mejor evaluación de los daños. Los investigadores
mejoraron también la base de datos de SIG, incorporando información adicional.
En enero, los científicos del CIAT ya habían puesto en circulación un "Atlas
Mitch" de Honduras en disco compacto. Se produjeron 2,000 copias con la colaboración
del Estudio Geológico de los Estados Unidos (USGS) y el Instituto de Investigación de
Sistemas Ambientales (ESRI). El personal del Centro contribuyó también al desarrollo de
una herramienta complementaria, el Atlas Digital de América Central: Preparado en
Respuesta al Huracán Mitch, el cual fue copublicado por USGS, ESRI y CIAT.
Sin embargo, allí no termina la historia. Aunque las aguas de las crecientes se han
rezagado, su huella en la tierra podría durar décadas. Tomará años recuperar la capa
arable del suelo que fue arrastrada por las aguas en muchas de las laderas. Pero la tarea
más inmediata e intimidante para millones de hondureños que habitan en zonas rurales y
para otras víctimas del huracán en América Central es sembrar cultivos y reconstruir
sus fincas.
Como apoyo a los esfuerzos nacionales para regenerar la agricultura para la producción
de alimentos en Honduras y Nicaragua, el CIAT y otros tres centros del GCIAI lanzaron un
proyecto llamado "Semillas de Esperanza para América Central". La financiación
inicial proviene de la Oficina de Ayuda para Desastres en el Exterior de la Agencia
Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) y la División de Programas
Multilaterales de la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional (CIDA). La tarea
inmediata del proyecto es multiplicar semilla de variedades apropiadas de cultivos y
distribuirla a través de las redes de investigadores, extensionistas y agricultores.
Con la ayuda del Atlas Mitch, se está proyectando la distribución de semilla a las
comunidades agrícolas más necesitadas. Una entidad que está utilizando el atlas para
este fin es la Cruz Roja Centroamericana. "Aprovechamos el atlas para determinar
exactamente dónde se debe distribuir una variedad específica de frijol... Tuve muchas
preguntas específicas, y el atlas me dio las respuestas", dice Andrew Pinney,
coordinador del programa de la Cruz Roja para la recuperación agrícola.

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