El agricultor de mera subsistencia aislado de la economía del mercado, comiendo
sólo lo que puede cosechar pacientemente de una pequeña parcela es un mito. Los
agricultores pobres, al igual que los ricos, casi siempre son compradores y también
cultivadores de alimentos.Por
tanto, cuando la ciencia incrementa la productividad de los cultivos mediante el
desarrollo de variedades mejoradas, todos los consumidores se benefician de la baja en
precios que resulta incluyendo los agricultores de escasos recursos. Pero las
ganancias en productividad significan también mayores ingresos para los agricultores que
adoptan nuevas variedades, porque pueden sembrar más en la misma cantidad de tierra y con
la misma mano de obra. Aunque pueden necesitarse insumos como fertilizantes, la mayor
eficiencia genera una mayor cantidad de excedentes para vender o, al menos, más tiempo
para ganar dinero de otras fuentes.
En las próximas páginas, examinaremos contribuciones recientes y pasadas
del CIAT y sus socios nacionales para el mejoramiento de la producción de arroz y de
frijol. También miraremos cómo la investigación sobre cultivos alternos está ayudando
a que los agricultores obtengan dinero extra.

Nuevas especies para una economía cambiante
Los nuevos tratados comerciales y los recortes a los subsidios agrícolas están
cambiando la cara de la agricultura mundial. Pero, mientras se abren nuevas oportunidades
del mercado, los agricultores de los países tropicales están preocupados. Para muchos ya
no es rentable sembrar cultivos tradicionales, como el trigo, el maíz y la cebada, porque
la competencia extranjera que es altamente eficiente puede producirlos a
precios más bajos.
Históricamente, los productos alimenticios que no se consideran básicos, incluyendo
las hortalizas de huerta, las flores, la palma de aceite y las frutas tropicales, que se
envían a los mercados, han recibido poca atención de los científicos nacionales e
internacionales. No obstante, estos productos alternos de alto valor, que prosperan en los
ambientes tropicales, pueden ser una solución para millones de pequeños agricultores que
luchan para adaptarse a la nueva realidad económica. Mediante la diversificación de su
producción, los agricultores de escasos recursos pueden mejorar su seguridad alimentaria
y asegurar ingresos.
El CIAT continúa su investigación en frijol, yuca, arroz y forrajes, pero también
ayuda a los programas nacionales y a grupos de agricultores a resolver los problemas de
producción que presentan otros cultivos. El Centro no pretende iniciar un proceso de
mejoramiento de estos cultivos, pero hay muchas maneras de apoyar este tipo de
investigación realizada por instituciones locales.
"Si somos serios acerca de reducir la pobreza, es posible que tengamos que abarcar
otros cultivos", dice Aart van Schoonhoven, director de Investigación sobre Recursos
Genéticos del CIAT. El Centro está respondiendo a estas necesidades emergentes, explica
Schoonhoven. Diversas áreas de conocimiento y experiencia, como fitopatología,
biotecnología, manejo de suelos y conservación de los recursos genéticos, pueden
aplicarse provechosamente a cultivos alternos.
El cambio hacia cultivos alternos, frecuentemente para exportación, plantea nuevos
problemas, incluyendo amenazas ambientales. Algunos cultivos exigen una significativa
inversión por parte de los agricultores. Una parcela de tomate, por ejemplo, puede
requerir hasta 10 veces más recursos que una parcela de frijol de igual tamaño, dice
Francisco Morales, virólogo del CIAT. "Muchos agricultores asperjan sus cultivos con
productos químicos día de por medio hasta la cosecha", esperando proteger su
inversión de enfermedades y plagas. "Si no les brindamos asistencia técnica a estos
países y a los agricultores que tratan de producir cultivos no tradicionales para
exportación, podríamos estar contribuyendo a la degradación ambiental, sin ser esa
nuestra intención", dice Morales.
Recientemente, Morales y sus colegas compartieron sus conocimientos y experiencias con
los productores de palma de aceite del municipio de Tumaco, en la costa húmeda del
suroccidente colombiano. Esta zona, que cultiva cerca del 13 por ciento de la palma de
aceite africana que se produce en Colombia, es el hogar de algunos de los agricultores
más pobres del país.
En años recientes, dos enfermedades mancha anular y el anillo clorótico
han atacado las plantas de palma de aceite hasta los 3 años de edad, tanto en los viveros
como en las plantaciones comerciales. Lamentablemente, es difícil diferenciar las plantas
enfermas en los viveros. De manera que el material de siembra infectado se introduce en
las plantaciones comerciales, causando serias pérdidas.
El Centro de Investigación en Palma de Aceite (CENIPALMA), la entidad de
investigación de un grupo productor, contactó al CIAT para solicitar su ayuda en la
solución de este problema. En el laboratorio de virología del CIAT, Morales y sus
colegas pudieron detectar dos agentes patógenos virales diferentes, asociados con las
enfermedades de mancha anular y anillo clorótico que atacan la palma de aceite .
La investigación es oportuna, porque el gobierno colombiano introdujo recientemente un
programa de inversión en el campo, que crea incentivos para que los agricultores
aumenten, en Tumaco, el área sembrada en palma de aceite.
El CIAT ha trabajado también con floricultores para resolver problemas específicos de
enfermedades en orquídeas y rosas. Ahora está investigando el inmenso potencial de las
frutas tropicales arbóreas y arbustivas como fuente de ingresos para los agricultores de
escasos recursos. Entre estas frutas se incluyen granadilla, papaya, guanábana, lulo,
aguacate y mora. Los investigadores utilizan técnicas de marcadores moleculares para
caracterizar la diversidad genética de las especies de fruta seleccionadas. También
desarrollan métodos de multiplicación rápida y de almacenamiento in vitro, y detectan e
identifican virus.
Al aprovechar sus considerables conocimientos y su experiencia con cultivos más
tradicionales, el CIAT está ayudando a abrir caminos alternos de prosperidad para el
pequeño agricultor. El apoyo del sector privado es decisivo para que la estrategia
funcione.

Sabor para el arroz
Durante los últimos 50 años, el consumo de arroz blanco por persona se ha triplicado,
desde 10 hasta 30 kilogramos en América Latina y el Caribe. Hoy, el arroz es el principal
grano alimenticio en las zonas tropicales de la región.
Este aumento ha sido impulsado en gran parte por la rápida urbanización. Siete de
cada diez personas viven en pueblos y ciudades. Los alimentos de fácil preparación y que
ahorran tiempo al ama de casa son uno de los pequeños lujos buscados, al igual, por ricos
y pobres, en la medida en que cambian los estilos de vida y los patrones de empleo. El
arroz es fácil de llevar a casa, almacenar y cocinar. Es una atractiva alternativa frente
a los voluminosos alimentos básicos, como la yuca y el plátano, que son sumamente
perecederos.
Por el lado de la oferta, el flujo de variedades mejoradas de arroz hacia los
productores ha generado una revolución en la productividad. El rendimiento promedio en
los campos de arroz anegados bajo riego o zonas naturalmente húmedas aumentó
de 3.3 toneladas por hectárea, a mediados de los años 60, a 4.6 toneladas en 1995. La
producción total se ha duplicado y ahora la región es casi autosuficiente. En 1995, las
modernas variedades semienanas aportaban el 80 por ciento de la producción total de la
región (por peso). En los sistemas de inundación, que generan el 81 por ciento de la
producción total, su penetración alcanzó el 93 por ciento. Para los sistemas de arroz
de secano de temporal, la cifra es de 26 por ciento.
¿Qué papel han desempeñado las ciencias agrícolas en este éxito? Un estudio de
impacto realizado por el CIAT y el Instituto Internacional de Investigación en Políticas
Alimentarias (IFPRI) en 1998 estima que, en un período de 30 años, los programas
nacionales de investigación agrícola de América Latina y el Caribe han liberado casi
300 nuevas variedades de arroz, la mayoría para las zonas bajo riego. Casi el 40 por
ciento de las liberaciones se basaron en cruzamientos hechos por el CIAT. Otro 11 por
ciento provino de cruzamientos realizados por el Instituto Internacional de Investigación
en Arroz (IRRI).
Los que más se han beneficiado con este auge del arroz han sido los consumidores.
"La producción más eficiente de arroz en una escala tan grande ha bajado su precio
en cerca del 50 por ciento, en términos reales, en las últimas 3 décadas", dice
Douglas Pachico, director de Planeación Estratégica y Evaluación de Impacto del CIAT y
autor del estudio "Los consumidores han ahorrado US$518 millones por año desde
1966".
Estos precios bajos ayudan, especialmente, a la población de escasos recursos, ya que
ésta gasta la mitad de sus ingresos en alimentos; de ese gasto, el arroz representa el 15
por ciento. "Para el 20 por ciento de la población de América tropical, cuyos
ingresos son los más bajos, el arroz es el alimento básico número uno como fuente de
calorías y proteínas", dice Luis Sanint, director ejecutivo del Fondo
Latinoamericano para el Arroz de Riego (FLAR), un consorcio principalmente del sector
privado, autofinanciado, compuesto de 13 organizaciones nacionales y tres centros
internacionales. "Por eso es tan importante tener precios bajos".
Los productores en áreas de arroz de riego también han obtenido grandes beneficios,
los cuales totalizan US$437 millones anuales. Estas ganancias compensan, en parte, las
pérdidas que presentan los sistemas que no tienen riego, principalmente en las zonas de
secano de temporal en Brasil.
La estrategia del CIAT de trabajar con los programas nacionales para hacer llegar
germoplasma mejorado de arroz a los agricultores, claramente ha dado resultado. Ahora, los
mismos programas nacionales hacen la mayor parte del trabajo de fitomejoramiento, usando
con frecuencia como progenitores, materiales desarrollados por el CIAT. Con la creación
del FLAR en 1995, las empresas privadas están asumiendo más responsabilidad en la
financiación del desarrollo de variedades.
La puesta en marcha de convenios institucionales es solamente una de las razones por
las cuales el CIAT, en años recientes, se ha centrado en temas estratégicos que pueden
afectar la producción futura de arroz. Una de las más importantes es la base genética
de la industria de arroz de América Latina. Los mejoradores ya han aprovechado la
mayoría de los valiosos genes relacionados con el rendimiento que existen en los bancos
de germoplasma. Pero a menos que los rendimientos sigan aumentando, la producción no
seguirá el mismo ritmo que la demanda, y subirán los precios del arroz. Una base
genética estrecha también hará que el cultivo sea más vulnerable a las enfermedades y
a otros tipos de estrés, comprometiendo aún más la productividad.
El CIAT sigue una estrategia enérgica que cubre múltiples frentes para ampliar la
variabilidad genética del arroz. El cruzamiento de variedades comerciales de arroz con
parientes silvestres del cultivo es una de formas más promisorias de ataque, dice
Fernando Correa, líder del Proyecto de Arroz del Centro. En el caso de las enfermedades,
los científicos del CIAT están utilizando la biotecnología transgénica para luchar
contra un importante enemigo del arroz que es específico de América Latina
"el virus de la hoja blanca (VHB) del arroz", que lo transmite el
saltahojas. En el CIAT se han desarrollado plantas de arroz modificadas genéticamente,
que portan un gen foráneo protector, y se han cruzado con variedades comerciales. Los
resultados han sido alentadores, y actualmente se están haciendo evaluaciones adicionales
en condiciones rigurosamente controladas.

Agricultores cuentan con el frijol
"Estamos vendiendo Qosqo Poroto, tostado y empacado, a los
turistas que viajan en el tren", dice la agricultora peruana Rosalía Medrano.
"El dinero extra nos ayuda a mantener a nuestras familias". Este bocadillo que
se ofrece, se parece a las palomitas de maíz, pero es hecho a partir de una variedad
recientemente mejorada de frijol reventón, un cultivo mantenido durante milenios en esta
región montañosa de América del Sur.
Medrano pertenece al "Club de Madres", un grupo que enseña a
las mujeres locales, diferentes maneras de preparar esta leguminosa. Una vez capacitadas,
estas habitantes de los altos Andes del sur del Perú descendientes de los Incas y
consideradas entre las más pobres de América Latina transmiten sus conocimientos a
otras mujeres. Aparte de los ingresos devengados por ventas, este frijol rico en proteína
también proporciona a los niños una dieta más balanceada.
Antes que la nueva variedad se liberara en 1996, los investigadores del
Instituto Nacional de Investigación Agraria (INIA) del Perú experimentaron con
Qosqo Poroto durante varios años, ayudados por los agricultores en la zona de
Cusco. Los ensayos, que demostraron la buena resistencia a enfermedades y el alto
rendimiento del frijol reventón, fueron patrocinados por el Proyecto Regional de Frijol
para la Zona Andina (PROFRIZA), una red de investigación financiada por la Agencia Suiza
para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE).
La experiencia del Perú con el peculiar frijol reventón forma parte de
una tendencia más amplia hacia la mayor productividad del frijol en América Latina.
Mientras que el área total sembrada con frijol común solamente se ha incrementado en un
2 por ciento en los últimos 10 años, la producción general aumentó en 25 por ciento,
desde 4.2 millones de toneladas, a mediados de los años 80, hasta 5.3 millones, a
mediados de los años 90.
El mejor rendimiento, gracias a la investigación en mejoramiento
realizada por el CIAT y sus socios nacionales durante los últimos 25 años, ha sido la
fuerza motora detrás el rápido incremento de la producción. El crecimiento anual del
rendimiento está ahora en 2.7 por ciento, muy por encima de la tasa de crecimiento
demográfico de la región. Hasta la fecha, los programas nacionales de investigación han
liberado cerca de 225 variedades nuevas, con el apoyo del CIAT. Al menos 40 por ciento del
área total de frijol se siembra ahora con variedades mejoradas.
Los pequeños agricultores tienden a cultivar frijol en diversas
combinaciones con otros cultivos. Gran parte del atractivo hacia las nuevas variedades de
frijol, con diferentes tipos de planta y períodos de crecimiento, radica en su capacidad
de adaptarse fácilmente a sistemas de cultivo complejos. Estas variedades también
presentan resistencia a múltiples enfermedades e insectos, así como tolerancia a la
sequía y a la baja fertilidad del suelo.
El "frijol común" que se cultiva, a pesar de la uniformidad
sugerida por su nombre, es todo menos eso. Viene en muchas formas, colores, texturas y
sabores. La variación refleja la enorme diversidad en las preferencias de los
consumidores latinoamericanos.
"¡Si usted trae un frijol rojo del país X a El Salvador, las
personas no lo quieren!", dice Oswaldo Voysest, coordinador de PROFRIZA.
"Varían los gustos. Nuestros clientes pueden ser pobres, pero son verdaderos
gastrónomos". Voysest recalca el fuerte nexo entre la investigación en frijol y el
bienestar rural. El frijol es la "carne de los pobres". Además de su alto
contenido proteínico, también es fuente de micronutrientes esenciales.
Un frijol mejorado, dice Voysest, genera empleo, que tanto se necesita,
porque este cultivo requiere un uso intensivo de mano de obra. También permite que los
excedentes se comercialicen local o hasta internacionalmente.
Para resaltar su punto, Voysest cita una historia de éxito de la región
de Santa Cruz en Bolivia, cuya población, irónicamente, no ha sido tradicionalmente gran
consumidora de frijol. La severa pobreza y la grave escasez de alimentos en los años 80,
junto con el descenso del sector minero, hizo que las personas recurrieran a la
agricultura y, con el tiempo, complementaran su único cultivo de maíz con un cultivo de
frijol durante el invierno.
"Bolivia comenzó desde cero en 1986; ahora siembra de 15,000 a
20,000 hectáreas de frijol", dice Voysest. "¿Quién siembra estos frijoles?
Los pequeños agricultores. Hasta crearon su propia compañía de exportación. Ahora
venden a Brasil, Colombia y Japón". La asociación de agricultores que administra la
empresa, junto con una universidad local y un instituto gubernamental que apoyan la
investigación, son miembros activos de PROFRIZA y socios colaboradores del CIAT.
Para mantener el impulso de los éxitos logrados con frijol en América
Latina y África, se hace cada vez más necesaria la investigación estratégica. César
Cardona, líder del Proyecto de Frijol del CIAT, vislumbra para el Centro y sus socios
colaboradores un papel permanente y decisivo en el mejoramiento del rendimiento y en el
desarrollo de resistencia mejorada a insectos y a enfermedades y tolerancia a la baja
fertilidad del suelo. Para acelerar el progreso de este trabajo, los científicos del CIAT
están usando diversas técnicas de biotecnología para aprovechar los valiosos genes de
parientes silvestres del frijol. El objetivo, recalca Cardona, es brindar a los
cultivadores de frijol soluciones rentables y ambientalmente seguras.

Alejando el hambre en África oriental
África oriental es una de las regiones productoras de frijol clave en el mundo en
desarrollo. En Uganda oriental, muchas familias, después de vender parte de su cultivo de
frijol para obtener el tan necesitado dinero, comienzan a quedarse sin alimentos en
febrero. Por tanto, las mujeres recurren al engorroso trabajo de recoger plantas
silvestres para calmar el hambre.
La Organización Nacional de Investigación Agrícola (NARO) de Uganda introdujo, en
1995, dos variedades mejoradas de frijol, desarrolladas por el CIAT. Estas variedades
están ayudando a cambiar esta situación. Un estudio de impacto indicó que, durante la
época de escasez de alimentos de abril de 1998, las tres cuartas partes de los hogares en
Nabongo Parish que habían cultivado las nuevas variedades, aún tenían frijol
almacenado. En cambio, sólo la mitad de los agricultores que no habían adoptado las
variedades aún tenían provisiones.
Este frijol de mejor calidad también obtuvo un mejor precio en el mercado.
Una industria floreciente
Recientemente, personal del CIAT trabajó con la Asociación de Productores de
Orquídeas de Colombia para solucionar un problema potencialmente desastroso. Los
cultivadores habían importado material mejorado de Asia el cual, tras ser inspeccionado
por las autoridades nacionales, se constató que traía bacterias foráneas. Se pidió a
la Asociación quemar esas plantas como medida de precaución.
Desesperados, los cultivadores pidieron ayuda al CIAT. "Me dijeron que si se les
obligaba a destruir el material importado, se les dañaría el negocio", recuerda
Elizabeth Alvarez, fitopatóloga del CIAT.
La científica aisló el agente patógeno y repitió los síntomas en plantas de
ensayo. Sus resultados mostraron que las bacterias no era exóticas y, por consiguiente,
no representan una nueva amenaza para Colombia. Alvarez también colaboró con las
autoridades colombianas, realizando pruebas bioquímicas en los aislamientos de bacterias.
Se confirmó el diagnóstico: el agente patógeno era uno comúnmente encontrado en
Colombia, aunque similar a la presunta cepa exótica.
A final de cuentas, se salvaron las orquídeas importadas... y muchos empleos. El CIAT
asesoró a los cultivadores de orquídeas sobre cómo evitar la propagación de bacterias
y, lo más importante, les dio normas para propagar material vegetal en forma segura.
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