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CIAT en Perspectiva 1998-99
Sendas que Alejan de la Pobreza

Soluciones con una Perspectiva
de Sistemas

"Mi principal inquietud es cómo ser más eficiente, de
manera que pueda sobrevivir como ganadero".

José Antonio López
agricultor, Costa Rica


Hasta para un observador novato, un paseo por una pequeña finca en un país en desarrollo le confirmará la complejidad de los sistemas de producción de pequeños productores. Éstos ocupan, con frecuencia, tierras marginales, a veces las laderas escarpadas o los márgenes de bosque, que estarían mejor sí se dejaran en su estado de vegetación natural. En general, las personas que trabajan esta tierra son pobres. Ellas siembran una mezcla de cultivos y crían ganado, cada uno de estos componentes con usos múltiples en la economía familiar. Una serie de plagas y enfermedades pueden atacar los cultivos, ya debilitados por el suelo infértil y la lluvia insuficiente.

Aunque no es fácil diseñar soluciones para reducir la pobreza en estas circunstancias, sí se puede hacer. Según lo muestran los siguientes ejemplos, el CIAT busca soluciones mediante un enfoque de sistemas que vinculan el germoplasma mejorado con un mejor manejo de los recursos naturales. Trabajando con socios nacionales, ayudamos a los agricultores de escasos recursos a incorporar nueva tecnología en sistemas complejos, de manera que ellos pueden mejorar la producción, su nivel de ingreso y la tierra.


Forrajes formidables

José Antonio López acaba de darles de comer a sus vacas la ración diaria de una leguminosa forrajera rica en proteína, Cratylia argentea, mezclada con caña de azúcar. A los animales les encanta. Y se nota que el agricultor costarricense también está feliz con la mezcla.

Su finca es de "doble propósito". Produce tanto leche como carne –y forma parte de las casi 35,000 operaciones de este tipo que se realizan en este país centroamericano. En la finca de López, la leche se trasforma en queso. Las terneras se quedan con el hato, mientras los terneros se venden después del destete, para engorde.

En América Latina y el Caribe abundan las pequeñas fincas de este tipo. Representan casi el 80 por ciento del total de ganado y cerca del 40 por ciento de producción de leche. Son un vínculo clave en la economía y en la cadena alimentaria a nivel regional.

Pero se vislumbra una grave amenaza. De las 590 millones de hectáreas de pasturas en la región, se considera que cerca de la mitad están en avanzado estado de degradación ambiental. Se necesitan mejores opciones tecnológicas si se quiere que los agricultores de escasos recursos den marcha atrás al daño ya causado e impulsar la productividad en respuesta a la creciente competencia internacional.

El año pasado, calcula López, su "banco de forraje" de Cratylia, que ahora ocupa más de una hectárea de tierra anteriormente degradada, redujo sus costos agrícolas en un monto equivalente a un tercio de su ingreso agrícola anual después de deducir los costos. El gran ahorro se debió a que ya no tuvo que comprar estiércol de gallina, un característico suplemento alimenticio utilizado de diciembre a mayo. Esa es la estación seca, cuando las pasturas ofrecen a las vacas poco verdor para consumir y son especialmente sensibles al sobrepastoreo y a la compactación del suelo. Pero, con el aumento de la producción de vegetales en el país, la demanda de estiércol de gallina como fertilizante orgánico ha aumentado en forma explosiva y, junto con ello, el precio.

Para López, Cratylia de corte ha resultado ser un sustituto ideal de bajo costo que puede producirse en el mismo sitio. También ha reducido la presión de pastoreo y le facilitó la recuperación de una parcela, por lo demás inútil, dándole un buen uso. Además, el forraje adicional le ha permitido dejar varias hectáreas de pasturas fuera de producción y sembrar, en cambio, árboles. Como parte del esfuerzo de reforestación, protegió un nacimiento de agua en zona de ladera. Hasta ha notado un aumento en el número de aves y mamíferos en la finca. "Estamos viendo más mariposas –y serpientes también," dice López riéndose.

Cratylia es un arbusto nativo de América del Sur. El CIAT ha experimentado durante varios años con ésta y con otras leguminosas, así como con gramíneas forrajeras. Ahora, mediante un proyecto en red llamado Tropileche, establecido en 1996 y coordinado por el CIAT, los científicos y los productores como López están ensayando nuevas combinaciones promisorias a nivel de la finca en Costa Rica, Honduras, Nicaragua y Perú. Este proyecto es financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Agencia Alemana de Cooperación Técnica (GTZ).

Tropileche forma parte de un esfuerzo de investigación internacional más amplio –el Programa Pecuario a Nivel del Sistema del GCIAI– que es coordinado por el Instituto Internacional de Investigación Pecuaria (ILRI). El proyecto reúne a investigadores internacionales y nacionales, a extensionistas y a agricultores de los cuatro países participantes.

"La estación seca plantea graves problemas de producción, que son característicos en muchas fincas de doble propósito, en las laderas de América Central", explica Pedro Argel, consultor del CIAT. Las pasturas naturalizadas, principalmente gramí-neas africanas intro-ducidas hace siglos, no prosperan. La producción de leche desciende, y los animales, a veces, se enferman y mueren. El ingreso familiar es, a menudo, precario. López conoce bien la rutina.

Se estudian dos de las principales técnicas de alimentación con Cratylia. El arbusto puede plantarse como un banco de forraje, como lo ha hecho López. Cada día se corta la ración de forraje y se pasa, junto con caña de azúcar, a través de una trituradora. Una parte de Cratylia proporciona la proteína, y dos partes de caña de azúcar, el componente energético.

Alternativamente, Cratylia puede cultivarse directamente en las pasturas para que los animales en pastoreo se alimenten de ella. En áreas reforestadas, esta leguminosa puede plantarse alrededor de árboles jóvenes para protegerlos contra el ramoneo.

Para López, el suplemento de caña de azúcar y Cratylia no sólo ha reducido los costos de alimentación sino también ha impulsado la producción de leche. En la estación seca, las vacas ahora producen hasta 7 litros por día. En años pasados, su producción era de sólo 1.5 litros. También ha bajado la mortalidad animal y, además, López vende semilla de Cratylia a los vecinos. La producción de la leguminosa forrajera también encaja dentro de la empresa casera de elaboración de queso, que es manejada por la mamá de López. Ella elabora diariamente 4.5 kilogramos de queso a partir de 40 litros de leche.

Cratylia es solamente una de varias especies forrajeras que Tropileche está ensayando a nivel de finca. Otra es Arachis pintoi (una leguminosa relacionada con el maní), que se siembra directamente en las pasturas y que tolera el pastoreo intensivo en asociación con la gramínea africana Brachiaria. Juntas, estas dos especies proporcionan un alimento de alta calidad para animales y una espesa cobertura del suelo, lo cual mantiene la humedad y previene la erosión.

A pesar de las mejorías, para los agricultores con fincas de doble propósito como la de Antonio López, el futuro es aún incierto. Para el año 2004, el impuesto sobre productos lácteos importados se habrá reducido gradualmente del 111 por ciento actual hasta el 30 por ciento, lo cual obligará a los productores costarricenses a ser más competitivos o a dedicarse a otras actividades que no se relacionen con la ganadería. "La globalización económica es mal negocio para los pequeños y medianos agricultores", cree López. "Pero nos enfrentaremos a los cambios de la mejor manera posible".


Escalones que alejan de la pobreza

Los agricultores de las tierras altas del sudeste asiático ven el ganado como un escalón –una manera de alejarse del ciclo de pobreza, que cada vez es más apretado, causado por los decrecientes retornos de la agricultura tradicional de tumba y quema. El ganado y los búfalos proveen estiércol para mantener el rendimiento de los cultivos y, los animales pueden venderse en cualquier momento por un precio estable. Desafortunadamente, la producción pecuaria está sufriendo un destino similar al de la agricultura migratoria: el agotamiento de los recursos. La tierra de pastoreo se ha tornado escasa o está sobreutilizada.

"Muchos agricultores de esa región se enfrentan a un gran dilema", dice Peter Horne, un agrónomo que trabaja con el Proyecto Forrajes para Pequeños Propietarios (FSP). "Para mejorar sus vidas, los agricultores quieren seguir en la ganadería. Pero necesitan más mano de obra para cortar el alimento para los animales o para llevar la manada a pastar lejos de la aldea".

El FSP es coordinado conjuntamente por el CIAT y la Organización de la Mancomunidad Australiana para la Investigación Científica e Industrial (CSIRO) y es financiado por la Agencia Australiana para el Desarrollo Internacional (AusAid). Los socios nacionales que participan en el proyecto aplican un enfoque de investigación participativa con los agricultores de Indonesia, Laos, Filipinas, Tailandia y Vietnam. Juntos, desarrollan y ensayan sistemas a base de forrajes para superar los problemas de alimentación pecuaria. Las gramíneas y las leguminosas de amplia adaptación son componentes biológicos clave de estos nuevos sistemas.

El "desarrollo de sistemas a base de forrajes no consiste simplemente en introducir las especies y luego alejarse", dice Horne. Inicialmente, los agricultores fueron cautelosos, prefiriendo evaluar algunas especies en parcelas pequeñas. A medida que fueron familiarizándose con las plantas y que aumentaba su confianza en la asistencia continua de FSP, empezaron a experimentar con otras especies forrajeras.

"Mis amigos pensaban que estaba loco cuando empecé a sembrar gramíneas para alimentar a mi ganado", recuerda un agricultor vietnamita que participa en el proyecto. "Ahora ven los beneficios y me han pedido esquejes para sembrar en sus propias fincas".

"El reto ahora", dice Horne, "es extender el impacto de estos beneficios mediante el desarrollo de nuevos enfoques, que nos permitan trabajar con un número mucho más grande de agricultores, en un marco participativo".


Bonanza de la yuca en Asia

La yuca es amiga fiel de 500 millones de personas en todo el mundo que dependen de su raíz amilácea como alimento y como fuente de ingresos. El cultivo sobrevive en los suelos más pobres y su tolerancia a la sequía es notable. Pero se está demostrando que este "cultivo de último recurso" también es una dinámica fuente económica, especialmente en el sudeste asiático, brindado mucho más que seguridad alimentaria a la población rural de escasos recursos.

Aunque la yuca (Manihot esculenta Crantz) es originaria de América Latina, hace muchísimos años los marineros portugueses la trajeron a África, luego a Asia. Aunque la yuca todavía ocupa un lugar importante en la cocina en gran parte del mundo en desarrollo, cada vez se cultiva más como materia prima para la producción de almidón y de alimentos para animales. En este proceso, esta versátil planta le da a millones de pequeños agricultores la oportunidad de aprovechar mercados comerciales y darle la espalda a la pobreza.

En el sudeste asiático se han desarrollado y liberado 25 variedades mejoradas de yuca, mediante esfuerzos colaborativos entre CIAT y programas nacionales que pertenecen a la Red Asiática de Investigación en Yuca. Las nuevas variedades, de alto rendimiento y ricas en almidón, se siembran en cerca de 880,000 hectáreas (principalmente en Tailandia, Indonesia y Vietnam), y generan beneficios económicos calculados en US$245 millones.

En esa región, Tailandia ha sido precursor cuando se trata de explotar el potencial industrial de la yuca. Por mucho tiempo ha exportado trozos de yuca seca a Europa para uso como alimento para animales. Más recientemente, el sector privado fortaleció su capacidad de producción de almidón, tanto para exportación como para uso doméstico. Como resultado de los esfuerzos intensivos realizados por el Departamento de Extensión Agrícola de Tailandia, cerca del 63 por ciento de las principales zonas productoras de yuca del país siembran ahora cuatro nuevas variedades desarrolladas por el Instituto de Investigación en Cultivos, con el apoyo del CIAT.

Vietnam está siguiendo el ejemplo de Tailandia. En 1997, los nuevos materiales ya cubrían cerca del 10 por ciento de la zona yuquera, y los productores presenciaban aumentos de rendimiento entre 20 y 40 por ciento.

Ahora que el país es autosuficiente en la producción de arroz, los investigadores vietnamitas están enfatizando la investigación y el desarrollo de la yuca, en un verdadero esfuerzo para abordar las necesidades de los agricultores de escasos recursos de las tierras altas. Pero, al igual que otras naciones del sudeste asiático, el que continúe obteniéndose dividendos económicos por el uso del germoplasma mejorado dependerá del mejoramiento de la eficiencia de producción por parte de los agricultores y del surgimiento de mercados para los productos a base de yuca.

En el norte del país, la producción de almidón aún es dominada por pequeñas empresas rurales. La yuca se usa primordialmente para alimentar cerdos, pollos, patos y peces de estanque. A medida que aumenta la demanda de carne, los pequeños agricultores aumentan gradualmente sus ingresos mediante el trozado y secamiento de la yuca a una escala mayor. Las variedades mejoradas ayudan a que este cambio sea posible, factible y rentable.

Nguyen Thi Sau está sacando provecho de las nuevas variedades. Vive con su esposo y sus dos niños en el caserío de Dong Tom, ubicado en las colinas del norte de Vietnam. Mientras que el Sr. Sau tiene un trabajo con el municipio, la Sra. Sau administra su diminuta finca, de solamente media hectárea. Como muchos otros pequeños agricultores de esta zona, no sólo cultiva yuca sino también cría animales como cerdos, pollos y peces.

Hace 7 años empezó a participar en los ensayos de variedades mejoradas de yuca a nivel de finca. Los experimentos eran organizados por el Instituto de Ciencias Agrícolas de Vietnam (VASI), un socio colaborador del CIAT desde 1990. Durante más de una década, el gobierno japonés ha sido uno de los sostenedores financieros clave de este tipo de trabajo del CIAT, tanto en Asia como en América Latina.

Los resultados de los ensayos de yuca cambiaron la vida de la Sra. Sau. Adoptó dos variedades mejoradas, llamadas KM60 y KM94. La combinación de un mejor material genético y el uso de fertilizantes comerciales (junto con el estiércol de animales que siempre ha aplicado) aumentó la producción en forma notoria.

Con la cosecha adicional, la Sra. Sau aumentó la cantidad de trozos de yuca que secaba para alimentar a sus animales, y amplió exitosamente su cría de cerdos. El dinero adicional le permitió comprar una motocicleta de segunda. Luego, compró un televisor y, con el tiempo, los ingresos adicionales ayudaron a la familia para construir una nueva casa.

Para los pequeños agricultores de Vietnam y de otras partes, la promesa de una mejor vida utilizando la yuca como medio económico tiene sus limitaciones, debido a que la producción agrícola debe ser sostenible. El crecimiento demográfico y el cultivo intensivo de la tierra están ejerciendo presión sobre áreas vulnerables, como las tierras altas de Tailandia y de Vietnam. La fertilidad del suelo y la erosión son obstáculos grandes. "Para que cualquier método de conservación de suelos sea adoptado, los agricultores deben estar motivados y tener dinero extra para la inversión", dice Kazuo Kawano, antiguo mejorador de yuca del CIAT.

Con el apoyo de la Fundación Nippon de Japón, el CIAT trabaja estrechamente con institutos nacionales y agricultores en cuatro países del sudeste asiático para encontrar soluciones. Desde 1995, los agricultores, en más de 12 sitios piloto, han participado de lleno en los experimentos sobre protección del suelo.

En la actualidad se está ensayando un rango de opciones técnicas. La yuca se siembra en caballones a través de la pendiente (y no con la pendiente), en asociación con maní, para dar una mejor cobertura del suelo (y proporcionar otra fuente de ingresos). Los setos de contorno de pasto vetiver y la leguminosa Tephrosia forman barreras "vivas" contra la erosión provocada por la lluvia.

Hasta ahora, una de las conclusiones es que los agricultores prefieren enfáticamente prácticas de conservación del suelo que generen ingresos.

En una segunda fase del proyecto se involucrarán más agricultores y sitios de ensayo, especialmente en Tailandia y Vietnam. Al enfatizar la participación de los agricultores en la investigación y en la extensión, los investigadores esperan extender el impacto de su trabajo, haciendo que la yuca sea un cultivo sostenible y rentable para un número mucho mayor de agricultores de escasos recursos en el sudeste asiático.

Recetas para agroempresas exitosas

Mezcle 10 g de almidón agrio con 12 g de agua. Amase y forme seis bolas del mismo tamaño. Coloque en el horno durante 25 minutos a 290 grados C. Luego mida el volumen de los buñuelos ya expandidos.

Esta "receta" colombiana quizás no gane un premio culinario, pero es una valiosa herramienta de control de calidad para los pequeños procesadores de almidón de yuca. Les permite medir fácilmente el poder de hinchamiento de su producto, de manera que puedan satisfacer sistemáticamente los requerimientos de mercado de los consumidores, los panaderos y otros clientes de la industria alimentaria. Este "protocolo" sencillo se diseñó recientemente con la participación de procesadores de almidón y sus clientes en un proyecto realizado por el CIAT, el Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agrícola para el Desarrollo (CIRAD) de Francia y dos instituciones colombianas, la Universidad de Valle y la Corporación para Estudios Interdisciplinarios y Asesoría Técnica (CETEC). El proyecto se diseñó para fortalecer la industria del almidón de yuca en el departamento del Cauca, Colombia. Es solamente uno de muchos esfuerzos apoyados por el Proyecto de Desarrollo de Agroempresas Rurales del Centro para ayudar a las comunidades de pequeñas fincas a dar un valor agregado a sus cultivos y otros productos agrícolas, como la leche.

Mientras que algunos alimentos básicos tradicionales, como la yuca, ofrecen nuevas y provechosas oportunidades para los productores en muchos países, otros pueden ser un callejón sin salida en las finanzas. "Cada vez es más difícil para los pequeños agricultores ganarse el sustento a partir de ciertos cultivos tradicionales", dice Chris Wheatley, especialista en agroempresas del CIAT.

Las comunidades rurales de todo el mundo necesitan desesperadamente cultivos alternos y nuevas ideas para procesar y vender productos básicos tradicionales en forma rentable, especialmente en la medida en que cambian los modelos mundiales de comercio. "Debemos considerar aquellas empresas que darán un salto cualitativo en el nivel de ingresos", dice Rupert Best, líder del Proyecto de Agroempresas del CIAT.

Opciones nuevas no sólo ponen más dinero en las bolsillos de los pobres, sino que también dan a los pequeños agricultores los recursos y la motivación para invertir en prácticas agrícolas sostenibles y en la conservación de los recursos naturales, algo especialmente importante en ecosistemas frágiles.

Pero, para que esto suceda, dicen Wheatley y Best, se necesita un enfoque integrado hacia el desarrollo de empresas. Este enfoque debe considerar el potencial de mercado de productos nuevos, la idoneidad de las tecnologías de procesamiento disponibles y la organización de las empresas y sus servicios de apoyo. Estos factores, a su vez, deben considerarse en términos de las necesidades de la comunidad, especialmente las mujeres, quienes son, a menudo, los actores clave en las prácticas poscosecha.

Durante la última década, el CIAT y sus diferentes organizaciones colaboradoras, como el CIRAD, han aprendido mucho del trabajo que han hecho para mejorar la yuca y de las investigaciones sobre procesamiento relacionado con este cultivo. El CIAT está aplicando esa experiencia en cultivos alternativos, incluyendo frutas tropicales, en colaboración con instituciones en Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela.

El enfoque del CIAT no consiste en concentrarse en la mecánica de tecnologías individuales de producción o de procesamiento, aunque en algunos casos éstas son importantes. Más bien, la meta principal es formular nuevos métodos, desarrollar herramientas de apoyo a la toma de decisiones y generar información que pueda ayudar a otras organizaciones y grupos comunitarios a desarrollar un rango de nuevas agroempresas viables vinculadas a los mercados en crecimiento. En este sentido, el CIAT está produciendo "bienes públicos" capaces de tener un amplio impacto.

Por ejemplo, Carlos Ostertag, investigador del CIAT, diseñó recientemente un método general para identificar oportunidades de mercado para agroempresas rurales. Aunque este método se basa en el contacto que el CIAT ha mantenido, durante muchos años, con los agricultores del Cauca, se ha adaptado para usarse en otros sitios, con base en trabajos realizados en lugares representativos de Perú y Honduras. También se produjo un manual acompañante de capacitación. Recientemente se ensayó este manual en talleres en Honduras y Nicaragua y, más adelante este año, se utilizará en un evento similar en África.

Uno de los principales cuellos de botella en el desarrollo de agroempresas es el estado incipiente de los canales de mercadeo internacionales para productos tropicales alternativos. Simplemente, los compradores y los vendedores tienden a ignorarse mutuamente. Por ejemplo, una búsqueda que el CIAT realizó en Internet en 1998 mostró que todavía no hay una base de datos bien desarrollada sobre el comercio de estos productos.

Para ayudar a llenar este vacío, el CIAT está diseñando un sistema de información sobre productos agrícolas alternativos y entidades comerciales, reglamentos y servicios pertinentes. Su contenido se está compilando actualmente y pronto estará disponible en la página web del Centro. El personal del Centro actualizará la información periódicamente y la compartirá con organizaciones que promueven actividades empresariales en zonas rurales, por ejemplo el Programa para el Desarrollo Agroindustrial Rural (PRODAR), un programa cooperativo para América Latina y el Caribe.

Un estudio sobre el impacto del trabajo que realiza el CIAT en Brasil, en relación con el procesamiento de la yuca para alimento de animales, proporcionó interesantes apreciaciones acerca de la mejor manera de promover pequeñas empresas rurales sostenibles. Una conclusión clave se refiere a la integración de las actividades –producción, procesamiento y comercialización– que resultó un enfoque sólido. Más del 95 por ciento de los beneficios económicos quedaron en la comunidad, con la mejor parte para los pequeños productores. Según las mujeres entrevistadas en el estudio, el dinero adicional que ganaron del procesamiento de la yuca les permitió comprar artículos para el hogar y ropa y zapatos para sus hijos.

Estos resultados muestran que el enfoque holístico del CIAT hacia el desarrollo de agroempresas va por buen camino. El reto ahora es formalizar y compartir estos conocimientos a una escala mayor.


Batalla contra mosca blanca

"Las moscas blancas constituyen uno de los problemas más graves de la agricultura tropical", dice Pamela Anderson, entomóloga del CIAT y coordinadora del Proyecto Mundial de Manejo Integrado de Plagas (MIP) para Mosca Blanca. Es común perder los cultivos en su totalidad. En América Central, tanto el frijol como el tomate y el algodón han sido seriamente afectados por problemas de mosca blanca.

De más de 1,150 especies conocidas de mosca blanca, al menos siete representan graves amenazas. Atacan directa y agresivamente los cultivos, transmiten los virus que causan enfermedades, o hacen ambas cosas. Pero una especie llamada Bemisia tabaci es, indiscutiblemente, el miliciano del creciente ejército de moscas blancas a nivel mundial. Además de ser una plaga directa, pues chupa la savia del follaje de las plantas, esta mosca blanca es también vector de "geminivirus" –microorganismos que causan algunas de las enfermedades más dañinas que se conocen en la agricultura.

La amenaza de mosca blanca es compleja, en términos biológicos, sociales y económicos. Y está empeorando. Aunque durante más de un siglo Bemisia tabaci se ha reconocido tanto como plaga como vector de enfermedades, el daño tendía a limitarse a unos cuantos cultivos y zonas geográficas. Pero durante los últimos 10 ó 20 años, ese modelo ha cambiado drásticamente.

Las moscas blancas y los virus que transmiten ahora causan daño en muchos cultivos, tanto en los que proveen alimentos básicos como en los que generan ingresos adicionales. Entre sus blancos favoritos están el frijol, el tomate, la yuca, el algodón, el ají, el melón, el zapallo, el repollo, la berenjena, el tabaco y el brócoli. Además, las enfermedades virales que éstas transmiten han extendido su alcance geográfico, así como el número de cultivos hospedantes que atacan.

La creciente amenaza de mosca blanca para los cultivos puede explicarse por la diversificación de los cultivos e, irónicamente, por el auge en el uso de plaguicidas, especialmente en América Latina. La demanda de hortalizas y otros cultivos comerciales va en aumento, y los agricultores del trópico han aprovechado la tendencia para aumentar sus ingresos. "El hecho de que los sistemas de cultivo se han tornado más complejos debido a estas fuerzas económicas internacionales significa que las moscas blancas también se han vuelto más importantes", dice Anderson.

Con el creciente uso de plaguicidas, explica Anderson, las moscas blancas han desarrollado resistencia. Al mismo tiempo, han disminuido las poblaciones de enemigos naturales benéficos de esta plaga. Con el equilibrio ecológico perturbado, el camino queda libre para más ataques de mosca blanca, lo que sencillamente induce a los desesperados agricultores a aplicar aún más plaguicidas, causando mayor contaminación del suelo y del agua y amenazando la salud de consumidores y trabajadores agrícolas.

Con financiación de la Ayuda Danesa para el Desarrollo Internacional (Danida), el Proyecto Mundial de Mosca Blanca empezó operaciones en América Latina y África en 1997, bajo la coordinación del CIAT. El proyecto forma parte del Programa de MIP a nivel del Sistema del GCIAI, que busca desarrollar y promover enfoques de MIP a través del mundo en desarrollo.

Con un problema tan complejo como las moscas blancas, es decisivo un enfoque pantropical coordinado y multidisciplinario, dice Anderson. Pero antes que los científicos puedan diseñar armas eficaces de MIP, se necesitan respuestas precisas a preguntas difíciles: ¿Cuánto daño se está haciendo a qué cultivos? ¿Cómo se están diseminando los virus transmitidos por la mosca blanca dentro de los cultivos y entre ellos? Aunque los científicos ya saben bastante, falta mucho para completar el cuadro.

Hasta que se estableció el proyecto de Mosca Blanca, "no existía ninguna visión integrada del problema", dice Anderson. "No podíamos responder a ciertas preguntas". La primera fase del proyecto, ya culminada, ha establecido los vínculos necesarios para superar ese obstáculo.

La red del proyecto reúne a expertos de cinco centros internacionales y 55 instituciones nacionales de 30 naciones latinoamericanas, caribeñas, africanas y asiáticas. Varios institutos de investigación avanzada en países industrializados también participan en el proyecto.

La participación de Asia, un nuevo eslabón en la cadena científica, es financiada por el Centro Australiano para la Investigación Agrícola Internacional (ACIAR). Se han adicionado otros componentes –combatir la enfermedad del mosaico de la yuca en África y estudiar la genética de la resistencia de la yuca a mosca blanca– gracias a la financiación de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) y del Ministerio de Asuntos Exteriores y Comercio de Nueva Zelanda. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) se proponen unirse a la pléyade de socios colaboradores del proyecto para fines de 1999.

Los logros del proyecto en 2 años han sido muchos. Los métodos de investigación se han estandarizado y los estudios de campo han recopilado información clave sobre el daño causado por mosca blanca y sobre la forma como los agricultores perciben y tratan el problema de esta plaga. A medida que se va armando el rompecabezas, la información se incorpora en sistemas de información geográfica para ayudar a los investigadores a identificar sitios críticos y fijar prioridades.

Anderson resalta la función apremiante de esta investigación en la protección de comunidades vulnerables, especialmente agricultores de escasos recursos que dependen de cultivos alimenticios como la yuca y el frijol. "Esta plaga está devastando los alimentos de primera necesidad de la población. En África oriental, a fines de los años 80 y principios de los 90, hubo inanición y muerte debido a los virus que atacaron a la yuca, los cuales fueron transmitidos por mosca blanca. Actualmente, casi nunca se oye hablar de problemas de esta índole". Debido a una severa epidemia viral en los campos de yuca de África oriental, el proyecto ha acelerado los esfuerzos de control en esa región. Este trabajo se centra en el uso de variedades resistentes para desacelerar la propagación de la enfermedad del mosaico de la yuca y ganar tiempo para ejecutar otras alternativas de MIP.

"La sinergia de los esfuerzos colaborativos es lo que está impulsado el proyecto general", dice Anderson. "Nunca soñé que este esfuerzo fuera a despegar tan rápidamente".

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