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Informe anual del CIAT.


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CIAT en Perspectiva 1998-99
Sendas que Alejan de la Pobreza

Fortalecimiento de la Población Rural

"Me convertí en agricultor e investigador de la noche a la
mañana.  Puedo  contribuir  al  proceso   de  toma  de
decisiones  en  nuestra  comunidad   y  me  siento
capaz de dirigir esta organización comunitaria".

Ernesto Quintanillo, Líder de un comité de
investigación agrícola local (CIAL) en Honduras.


A todos nos gusta jugar y no quedar olvidados en la banca. Pero rara vez es fácil encontrar maneras eficaces para que la gente del campo ponga sus ideas a trabajar y aproveche las oportunidades de mejorar su vida –especialmente cuando ya se ha acostumbrado al oído sordo del abandono crónico.

El CIAT y sus socios nacionales han invertido 10 años en aprender cómo las comunidades rurales en América Latina pueden organizarse para realizar su propia investigación agrícola con una cantidad moderada de apoyo técnico. El impacto es sumamente alentador. Los agricultores que trabajan mediante los comités de investigación local están produciendo resultados útiles y estimulando la adopción de tecnologías y la experimentación adicional. El modelo ahora se ha difundido a ocho países.

El personal del Centro y los socios colaboradores locales también están aplicando enfoques participativos en el manejo comunitario de los recursos naturales –suelos, agua y bosques– en las vulnerables zonas de ladera de Colombia, Honduras y Nicaragua. Nuevas organizaciones locales ahora están tratando de convertir a las olvidadas comunidades en agentes de cambio fortalecidos y en adversarios de la pobreza.


Sabiduría tradicional se une con la ciencia formal

La pobreza puede definirse como la negación de las oportunidades para construir una subsistencia adecuada. En las zonas rurales, las limitadas opciones que tienen millones de personas de escasos recursos se centran en la producción agrícola y el consumo –es decir, trabajo y supervivencia. ¿Qué cultivos o variedades de cultivos debemos sembrar? ¿Cuáles son las mejores técnicas para cultivarlos? ¿Cómo se puede dar un mejor uso a la cosecha?

Lamentablemente, las soluciones no siempre son ideales. Pueden provenir de sistemas de conocimientos locales, incapaces de tratar problemas como el crecimiento demográfico y la degradación ambiental. O pueden provenir de "expertos" externos, que aunque tienen buenas intenciones, no disponen de información adecuada acerca de las necesidades y preferencias de los agricultores. Las elecciones de los agricultores pueden resultar extremadamente estrechas y las oportunidades limitadas. La pobreza continúa, por tanto, dominando.

Pero cuando los agricultores de escasos recursos aceptan la oportunidad de tomar ellos mismos las decisiones, de explotar lo mejor de la sabiduría tradicional y la ciencia formal, están dando un paso crucial en el lento sendero hacia la prosperidad. Ann Braun, líder del Proyecto de Investigación Participativa del CIAT, se refiere a esta situación como autogestión. Para ella, no sólo implica tomar decisiones sino también movilizar los recursos necesarios, como conocimientos, mano de obra, dinero y espíritu de comunidad.

CIAL es la sigla en español para comités de investigación agrícola local. Para Braun, esta innovación altamente exitosa incorpora la autogestión. "Los resultados de nuestros experimentos con este enfoque tanto nos han asombrado como encantado", dice Braun. "Al asumir responsabilidad del proceso de investigación, los agricultores tienen la experiencia de percibir un nuevo propósito en su vida.... Ven la investigación como una oportunidad de escaparse de la pobreza y de ayudar a otros de su comunidad. Se aferran con ambas manos a esa oportunidad. En resumen, están facultados para hacerlo".

El modelo de los CIAL, cuyo desarrollo ha sido financiado sistemáticamente por la Fundación W.K. Kellogg, se puso a prueba por primera vez en 1990. El CIAT trabajó con comunidades del departamento del Cauca, Colombia, para establecer cinco CIAL a escala piloto. Desde entonces, el modelo y los materiales de capacitación relacionados se han ido perfeccionando y la idea se ha difundido a otras partes de Colombia y a otros siete países: Bolivia, Brasil, Ecuador, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Venezuela. Para principios de 1999, ya se habían formado más de 250 CIAL en América Latina. La Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (CORPOICA) es especialmente aficionada a este tipo de investigación participativa con los agricultores. En 1998, anunció sus planes de aplicar el enfoque CIAL en todo el país.

Un CIAL normalmente está compuesto de un mínimo de cuatro miembros de la comunidad. Deben ser agricultores activos y experimentadores versados, dispuestos a compartir tiempo, energía e información con sus vecinos. La formación de un CIAL empieza con una reunión de "motivación" a la cual se invita a toda la comunidad. Una entidad bien versada en el enfoque CIAL, generalmente un instituto de investigación, un servicio de extensión o una organización no gubernamental (ONG), se hace cargo de organizar la reunión. Un facilitador explica los fundamentos, los riesgos y las recompensas de la experimentación agrícola, el trabajo de un CIAL y su estructuración.

Si la comunidad llega a un acuerdo sobre su prioridad de investigación y los miembros que conformarán el comité, en ese momento un agrónomo o agricultor facilitador capacitado en los fundamentos de investigación y en los métodos CIAL, ayuda a los agricultores investigadores escogidos a identificar las opciones tecnológicas para experimentación y adaptación. Por ejemplo, si la meta es una mejor producción de frutas, los experimentos podrían enfocarse hacia opciones para la aplicación de fertilizantes orgánicos.

El asesor técnico de la entidad organizadora ayuda al CIAL con el diseño experimental. La investigación normalmente se ejecuta en tres fases. La escala del experimento –por ejemplo, tamaño de la parcela– aumenta en cada fase.

Al final de cada fase, el equipo CIAL consulta con el técnico experto para sacar conclusiones a partir de los resultados, lo cual garantiza un flujo de información en dos sentidos entre el CIAL y la organización de investigación o de extensión que lo apoya. Posteriormente, el CIAL presenta sus datos y recomendaciones a la comunidad. El riesgo financiero es minimizado por un pequeño fundo administrado por el CIAL, que es propiedad de la comunidad.

"Nuestra situación es mejor ahora", dice Carlos Daza, un agricultor colombiano de 61 años de edad, esposo, padre de 10 hijos y miembro de un CIAL en el Cauca. Él habla de un pequeño auge que se ha presentado en el cultivo del maíz durante los últimos años, lo cual ha mejorado el régimen alimenticio de más de 100 familias en las comunidades de Pedregal y San Bosco, y les ha proporcionado un ingreso adicional de dinero en efectivo.

Las dos comunidades deben gran parte de su éxito reciente al trabajo del CIAL al cual pertenece Daza. Él y sus colegas experimentaron con variedades mejoradas de maíz proporcionadas por el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT). Durante los experimentos varietales, los agricultores investigadores también aprendieron acerca de fertilización, métodos de siembra, conservación ambiental y selección y almacenamiento de semilla para cultivos futuros. Este conocimiento se compartió con otros agricultores.

"Los CIAL nos han ayudado a mejorar nuestro nivel de vida", dice Daza. Ahora que un cultivo de maíz productivo se encuentra bien establecido en las dos comunidades, los agricultores tienen excedentes de grano para criar pollos, cerdos y peces para consumo doméstico o venta. Además, la gallinaza adicional, dice Daza, fertiliza las parcelas. El molino comunitario es también una bendición para los agricultores. Hoy en día pueden hacer su propia harina integral de maíz en vez de comprarla; el molino también produce alimento para cerdos a partir de subproductos como las mazorcas.

A medida que los CIAL ganan experiencia y el enfoque se disemina, el CIAT ha estudiado el impacto y ha examinado una serie de temas derivados de otros que se estudiaron inicialmente. Un estudio realizado en 1998 reveló, por ejemplo, que los CIAL producen efectos benéficos indirectos, además de nuevas tecnologías, en las comunidades donde operan. Una encuesta de 229 hogares en ocho comunidades del Cauca indicó que la experimentación independiente realizada por agricultores que no eran miembros de los CIAL fue mayor en las comunidades que tenían CIAL que en las que no tenían estos comités. Los grupos estimulan la experimentación de los agricultores de la comunidad en un nivel más amplio, lo cual, a su vez, diversifica la producción y brinda a los agricultores nuevas opciones.

Aparte del impacto, un tema clave para el CIAT es la sostenibilidad de los CIAL. No es solamente asunto de fortalecer la autonomía financiera. También tiene que ver con brindar a los CIAL acceso permanente al apoyo técnico y a la capacitación que necesitan para responder a las prioridades de la comunidad. Hacia ese fin, un grupo de más de 50 CIAL en el Cauca formaron una asociación de apoyo llamada CORFOCIAL. Los fondos operativos provienen de los intereses ganados sobre un aporte dado por un donante, el cual está invertido en una institución financiera colombiana. Este modelo de financiación es sólo uno de los que pueden resultar útiles para promover la viabilidad a largo plazo de los CIAL. En la medida en que maduran otros comités de investigación de agricultores latinoamericanos, seguramente surgirán nuevos modelos de apoyo.

Los científicos del CIAT están examinando sistemáticamente los factores y los modelos de desarrollo de los CIAL que conducen al éxito. Mediante la incorporación de sus resultados en trabajos adicionales sobre investigación participativa, el Centro continúa trabajando para que los agricultores de escasos recursos autogestionen, brindándoles un rango más amplio de oportunidades y la esperanza de una vida mejor.


Componentes del manejo comunitario de la tierra

Los comités de investigación conformados por agricultores son una de las muchas herramientas que pueden facultar a las comunidades rurales en la lucha contra la pobreza y la degradación ambiental. Desde 1992, el CIAT ha estudiado diversos métodos para ayudar a las comunidades de escasos recursos a manejar los recursos naturales en formas que permiten a los agricultores ganarse la vida decentemente, mientras conservan el paisaje que es su patrimonio legítimo.

El primer sitio experimental para este trabajo fue la cuenca del río Cabuyal, localizada en las laderas del suroccidente colombiano. Desde entonces, la investigación se ha extendido a sitios de referencia en laderas de Honduras y Nicaragua. La financiación ha provenido de los gobiernos de Canadá, Suiza y Dinamarca, así como del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Ecorregional de los Países Bajos para el Apoyo de Iniciativas Metodológicas.

Dicho sencillamente, una cuenca es la zona geográfica drenada por una red definida de ríos, arroyos y manantiales. Como un científico del CIAT lo expresó, una cuenca proporciona "un fácil punto de encuentro para la comunicación, la negociación, la planificación y el seguimiento del impacto para asistencia técnica". Una cuenca puede dividirse en subcuencas y microcuencas, según la escala deseada de análisis y de intervención. En el levantamiento de los límites precisos de un área objetivo para fines de investigación y de acción comunitaria, el CIAT considera también la dinámica de la economía local, las condiciones sociales y las jurisdicciones políticas.

Las laderas proporcionan un punto focal lógico para la investigación que realiza el CIAT sobre el manejo comunitario de los recursos naturales. Las laderas tienden a ser áreas de pobreza arraigada. Las propiedades de tierra son generalmente pequeñas, formando un mosaico de parcelas dedicadas a la agricultura que son propiedad de muchos individuos, a menudo de diferentes grupos étnicos. Las zonas de ladera pueden ser ambientalmente vulnerables, especialmente porque son el sitio donde compiten el bosque y la agricultura.

Es importante equipar a los agricultores de escasos recursos, en zonas de ladera, con tecnologías de producción ambientalmente seguras. Pero los científicos del CIAT comprendieron, desde muy temprano, que quedaba pendiente una tarea mucho más difícil y esencial, dirigida hacia la gente: encontrar maneras de organizar y motivar a las comunidades para que se responsabilizaran del manejo de la tierra. Sin estructuras sólidas en su lugar apropiado para vincular a los diversos actores y grupos interesados, las soluciones basadas solamente en tecnologías mejoradas son, en el mejor de los casos, como remiendos en un techo con goteras.

El exitoso manejo comunitario de los recursos requiere del uso de métodos validados para unir a los miembros de la comunidad y a instituciones locales en tareas comunes. Significa hacer que ellos hablen un lenguaje común, compartan una visión de lo que puede ser. La tarea puede consistir en definir y llegar a un acuerdo sobre necesidades y metas, fijar prioridades locales, escoger grupos beneficiarios (como mujeres de escasos recursos), elaborar un mapa de los recursos naturales de una zona, o realizar una investigación. O también puede ser, arremangarse la camisa y echar pala, martillo y machete –para cavar pozos, sembrar cultivos, instalar barreras para el control de la erosión del suelo o levantar una cerca alrededor de una fuente de agua.

Una reunión en una aldea al noroeste de Nicaragua es un buen ejemplo de cómo funciona el componente organizacional en el desarrollo de comunidades. Un día en marzo de 1999, más de 50 personas llenaron un aula de una pequeña escuela ubicada en la parte alta de una montaña, en el municipio de San Dionisio. Habían venido a pie, en camión o a lomo de caballo para oír y conversar acerca de las cosas amadas por ellos: cómo mejorar la vida cotidiana en su pueblo, Susulí, y cómo proteger el paisaje circundante, la cuenca del Río Calico. Sólo había espacio para estar de pie. Los que llegaron tarde tuvieron que quedarse afuera, al aire libre, arremolinados alrededor de las ventanas abiertas para escuchar lo que estaba ocurriendo.

Precisamente 4 meses antes, el Huracán Mitch había azotado a América Central, incluyendo esta zona empobrecida de Nicaragua. Los cultivos de frijol fueron devastados y los campos de maíz y café fueron severamente dañados por una semana de lluvia continua. El curso del Río Calico cambió y algunas personas, especialmente los ganaderos ubicados cerca del río, perdieron sus hogares y pertenencias. Los deslizamientos de lodo arrastraron con el suelo y la vegetación en las laderas escarpadas.

La esperanza de actuar para ayudar a Susulí a levantarse nuevamente fue, seguramente, un poderoso atractivo para esta reunión pública, organizada por una asociación novata de grupos comunitarios llamada Campos Verdes. Pero Campos Verdes, que el CIAT ayudó a lanzar a principios de 1998, se preocupa por mucho más que brindar ayuda de emergencia a los agricultores y otras víctimas del huracán. Es una organización con una visión amplia y a largo plazo: un mejor manejo de los suelos, del agua y de los árboles; una mejor seguridad alimentaria; un proceso de diálogo con instituciones y gobiernos locales; y una organización y acción comunitaria sólidas en San Dionisio. La mezcla de intereses que representa es tan amplia como su visión. Campos Verdes reúne a comunidades locales, comités de manejo de agua, poblaciones indígenas, comités de agricultores investigadores y otros grupos.

"Es mucho más fácil conseguir financiación para infraestructura, centros de salud y proyectos de agua cuando se está organizado", dice el presidente de Campos Verdes, Mariano López. "Uno de nuestros problemas más grandes es la deforestación. El número de árboles en la cuenca del Río Calico se ha reducido. La reforestación y la conservación del suelo ahora son importantes".

Los organizadores de la reunión, ayudados por dos miembros del CIAT, cubrieron muchos temas importantes. El secretario de la asociación Juan Carlos Castro presentó un informe acerca de un proyecto de siembra de vegetales que incluía 70 familias de un pueblo vecino. Luego describió el reciente mapeo de los recursos naturales en diversas microcuencas del sistema del Río Calico –una zona que abarca cerca de 170 kilómetros cuadrados. Un total de 17 comunidades participaron en el ejercicio, que fue financiado por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (CIID) del Canadá.

"¿La persona que elegimos para representarnos en Campos Verdes debe ser alguien que ya está en el comité de agua?" preguntó alguien del público. No, contestó un miembro del comité ejecutivo; los miembros de la comunidad pueden elegir a quien ellos piensan que representará mejor sus intereses.

Hubo una nominación: Juan Molinarez. Las miradas se centraron en un hombre con sombrero de paja, parado en la parte de atrás de la habitación. Después de una breve discusión, los organizadores hicieron un llamado para votar. Nuestra visión de Molinarez se bloqueó momentáneamente por el salón lleno de manos levantadas. Una vez confirmado el candidato, los asistentes aplaudieron entusiasmados. Susulí ya tenía su representante oficial en Campos Verdes; ya estaba en su sitio otro eslabón en la cadena organizativa local.

Los CIAL son otro nexo institucional clave en el enfoque de manejo comunitario que está siendo promocionado por el proyecto de laderas del CIAT. Desde 1997, el Centro ha ayudado a ocho aldeas de San Dionisio a establecer comités de investigación de agricultores. El frijol, el maíz, la soya y las hortalizas son los principales temas de investigación. En 1998 se llegó a un convenio con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Nicaragua para brindar asesoría científica a los CIAL.

El CIAT ahora está estableciendo una red de fincas experimentales locales, denominadas SOL por "supermercado de opciones para laderas", incluyendo una en San Dionisio. Con base en peticiones expresadas por diversos grupos que tienen interés en las condiciones de la cuenca, se están estableciendo tecnologías alternativas para mejorar la producción agrícola y el manejo de los recursos en las fincas, y se evaluarán estas tecnologías con la participación activa de los agricultores locales, incluyendo los CIAL. Los SOL también proporcionaron sitios para hacer investigación de tesis, actividades de capacitación, días de campo, etc.

Aparte de generar tecnologías biofísicas, el CIAT también ha trabajado con socios colaboradores en varios países para crear nueve herramientas de apoyo a la toma de decisiones respecto al manejo de los recursos naturales y a la acción comunitaria. Por ejemplo, una guía explica un método para incluir a los agricultores en el diseño de indicadores de la calidad del suelo que sean sencillos y fáciles de usar. Otra trata un método comunitario para medir los niveles de bienestar humano e identificar precisamente los focos de pobreza en zonas rurales, como una ayuda para escoger mejor los sitios donde se realizarán los proyectos.

En el proyecto de laderas –ya sea en Colombia, Honduras o Nicaragua– la cooperación se extiende mucho más allá de los límites inmediatos de las comunidades escogidas. En Nicaragua, por ejemplo, el CIAT trabaja con la unidad de sistemas de información geográfica (SIG) y teledetección del Ministerio de Agricultura y Silvicultura. El Centro recientemente proporcionó capacitación técnica al personal que trabaja en SIG y les está colaborando en la preparación de un atlas socioeconómico y biofísico de Nicaragua, similar al atlas de Honduras mencionado antes.

Otro socio colaborador importante a nivel nacional es la Facultad de Recursos Naturales y del Ambiente (FARENA) de la Universidad Agrícola Nacional. Con el apoyo del CIAT, los estudiantes de pregrado están participando en estudios sobre la estructura y la fertilidad del suelo, la calidad del agua y la biodiversidad de los bosques en la cuenca del Río Calico y en otros dos sitios de FARENA.

El CIAT, dice José Ignacio Sanz, líder del Proyecto de Laderas, tiene una obligación "para llenar el vacío entre la investigación y el desarrollo, para asegurar que tenemos un impacto concreto al terminar el día. Por tanto, cualquier evaluación de nuestro trabajo no debe mirar solamente si nuestra investigación estratégica ha generado los productos concebidos. También debe ver si esos productos han tenido un efecto a nivel local, tanto en el bienestar de la gente como en el estado del medio natural".

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