A todos nos gusta jugar y no quedar olvidados en la banca. Pero rara vez es fácil
encontrar maneras eficaces para que la gente del campo ponga sus ideas a trabajar y
aproveche las oportunidades de mejorar su vida especialmente cuando ya se ha
acostumbrado al oído sordo del abandono crónico.
El CIAT y sus socios nacionales han invertido 10 años en aprender cómo
las comunidades rurales en América Latina pueden organizarse para realizar su propia
investigación agrícola con una cantidad moderada de apoyo técnico. El impacto es
sumamente alentador. Los agricultores que trabajan mediante los comités de investigación
local están produciendo resultados útiles y estimulando la adopción de tecnologías y
la experimentación adicional. El modelo ahora se ha difundido a ocho países.
El personal del Centro y los socios colaboradores locales también están
aplicando enfoques participativos en el manejo comunitario de los recursos naturales
suelos, agua y bosques en las vulnerables zonas de ladera de Colombia,
Honduras y Nicaragua. Nuevas organizaciones locales ahora están tratando de convertir a
las olvidadas comunidades en agentes de cambio fortalecidos y en adversarios de la
pobreza.

Sabiduría tradicional se une con la ciencia formal
La pobreza puede definirse como la negación de las oportunidades para construir una
subsistencia adecuada. En las zonas rurales, las limitadas opciones que tienen millones de
personas de escasos recursos se centran en la producción agrícola y el consumo es
decir, trabajo y supervivencia. ¿Qué cultivos o variedades de cultivos debemos sembrar?
¿Cuáles son las mejores técnicas para cultivarlos? ¿Cómo se puede dar un mejor uso a
la cosecha?
Lamentablemente, las soluciones no siempre son ideales. Pueden provenir de sistemas de
conocimientos locales, incapaces de tratar problemas como el crecimiento demográfico y la
degradación ambiental. O pueden provenir de "expertos" externos, que aunque
tienen buenas intenciones, no disponen de información adecuada acerca de las necesidades
y preferencias de los agricultores. Las elecciones de los agricultores pueden resultar
extremadamente estrechas y las oportunidades limitadas. La pobreza continúa, por tanto,
dominando.
Pero cuando los agricultores de escasos recursos aceptan la oportunidad de tomar ellos
mismos las decisiones, de explotar lo mejor de la sabiduría tradicional y la ciencia
formal, están dando un paso crucial en el lento sendero hacia la prosperidad. Ann Braun,
líder del Proyecto de Investigación Participativa del CIAT, se refiere a esta situación
como autogestión. Para ella, no sólo implica tomar decisiones sino también movilizar
los recursos necesarios, como conocimientos, mano de obra, dinero y espíritu de
comunidad.
CIAL es la sigla en español para comités de investigación agrícola local. Para
Braun, esta innovación altamente exitosa incorpora la autogestión. "Los resultados
de nuestros experimentos con este enfoque tanto nos han asombrado como encantado",
dice Braun. "Al asumir responsabilidad del proceso de investigación, los
agricultores tienen la experiencia de percibir un nuevo propósito en su vida.... Ven la
investigación como una oportunidad de escaparse de la pobreza y de ayudar a otros de su
comunidad. Se aferran con ambas manos a esa oportunidad. En resumen, están facultados
para hacerlo".
El modelo de los CIAL, cuyo desarrollo ha sido financiado sistemáticamente por la
Fundación W.K. Kellogg, se puso a prueba por primera vez en 1990. El CIAT trabajó con
comunidades del departamento del Cauca, Colombia, para establecer cinco CIAL a escala
piloto. Desde entonces, el modelo y los materiales de capacitación relacionados se han
ido perfeccionando y la idea se ha difundido a otras partes de Colombia y a otros siete
países: Bolivia, Brasil, Ecuador, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Venezuela. Para
principios de 1999, ya se habían formado más de 250 CIAL en América Latina. La
Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (CORPOICA) es especialmente
aficionada a este tipo de investigación participativa con los agricultores. En 1998,
anunció sus planes de aplicar el enfoque CIAL en todo el país.
Un CIAL normalmente está compuesto de un mínimo de cuatro miembros de la comunidad.
Deben ser agricultores activos y experimentadores versados, dispuestos a compartir tiempo,
energía e información con sus vecinos. La formación de un CIAL empieza con una reunión
de "motivación" a la cual se invita a toda la comunidad. Una entidad bien
versada en el enfoque CIAL, generalmente un instituto de investigación, un servicio de
extensión o una organización no gubernamental (ONG), se hace cargo de organizar la
reunión. Un facilitador explica los fundamentos, los riesgos y las recompensas de la
experimentación agrícola, el trabajo de un CIAL y su estructuración.
Si la comunidad llega a un acuerdo sobre su prioridad de investigación y los miembros
que conformarán el comité, en ese momento un agrónomo o agricultor facilitador
capacitado en los fundamentos de investigación y en los métodos CIAL, ayuda a los
agricultores investigadores escogidos a identificar las opciones tecnológicas para
experimentación y adaptación. Por ejemplo, si la meta es una mejor producción de
frutas, los experimentos podrían enfocarse hacia opciones para la aplicación de
fertilizantes orgánicos.
El asesor técnico de la entidad organizadora ayuda al CIAL con el diseño
experimental. La investigación normalmente se ejecuta en tres fases. La escala del
experimento por ejemplo, tamaño de la parcela aumenta en cada fase.
Al final de cada fase, el equipo CIAL consulta con el técnico experto para sacar
conclusiones a partir de los resultados, lo cual garantiza un flujo de información en dos
sentidos entre el CIAL y la organización de investigación o de extensión que lo apoya.
Posteriormente, el CIAL presenta sus datos y recomendaciones a la comunidad. El riesgo
financiero es minimizado por un pequeño fundo administrado por el CIAL, que es propiedad
de la comunidad.
"Nuestra situación es mejor ahora", dice Carlos Daza, un agricultor
colombiano de 61 años de edad, esposo, padre de 10 hijos y miembro de un CIAL en el
Cauca. Él habla de un pequeño auge que se ha presentado en el cultivo del maíz durante
los últimos años, lo cual ha mejorado el régimen alimenticio de más de 100 familias en
las comunidades de Pedregal y San Bosco, y les ha proporcionado un ingreso adicional de
dinero en efectivo.
Las dos comunidades deben gran parte de su éxito reciente al trabajo del CIAL al cual
pertenece Daza. Él y sus colegas experimentaron con variedades mejoradas de maíz
proporcionadas por el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT).
Durante los experimentos varietales, los agricultores investigadores también aprendieron
acerca de fertilización, métodos de siembra, conservación ambiental y selección y
almacenamiento de semilla para cultivos futuros. Este conocimiento se compartió con otros
agricultores.
"Los CIAL nos han ayudado a mejorar nuestro nivel de vida", dice Daza. Ahora
que un cultivo de maíz productivo se encuentra bien establecido en las dos comunidades,
los agricultores tienen excedentes de grano para criar pollos, cerdos y peces para consumo
doméstico o venta. Además, la gallinaza adicional, dice Daza, fertiliza las parcelas. El
molino comunitario es también una bendición para los agricultores. Hoy en día pueden
hacer su propia harina integral de maíz en vez de comprarla; el molino también produce
alimento para cerdos a partir de subproductos como las mazorcas.
A medida que los CIAL ganan experiencia y el enfoque se disemina, el CIAT ha estudiado
el impacto y ha examinado una serie de temas derivados de otros que se estudiaron
inicialmente. Un estudio realizado en 1998 reveló, por ejemplo, que los CIAL producen
efectos benéficos indirectos, además de nuevas tecnologías, en las comunidades donde
operan. Una encuesta de 229 hogares en ocho comunidades del Cauca indicó que la
experimentación independiente realizada por agricultores que no eran miembros de los CIAL
fue mayor en las comunidades que tenían CIAL que en las que no tenían estos comités.
Los grupos estimulan la experimentación de los agricultores de la comunidad en un nivel
más amplio, lo cual, a su vez, diversifica la producción y brinda a los agricultores
nuevas opciones.
Aparte del impacto, un tema clave para el CIAT es la sostenibilidad de los CIAL. No es
solamente asunto de fortalecer la autonomía financiera. También tiene que ver con
brindar a los CIAL acceso permanente al apoyo técnico y a la capacitación que necesitan
para responder a las prioridades de la comunidad. Hacia ese fin, un grupo de más de 50
CIAL en el Cauca formaron una asociación de apoyo llamada CORFOCIAL. Los fondos
operativos provienen de los intereses ganados sobre un aporte dado por un donante, el cual
está invertido en una institución financiera colombiana. Este modelo de financiación es
sólo uno de los que pueden resultar útiles para promover la viabilidad a largo plazo de
los CIAL. En la medida en que maduran otros comités de investigación de agricultores
latinoamericanos, seguramente surgirán nuevos modelos de apoyo.
Los científicos del CIAT están examinando sistemáticamente los factores y los
modelos de desarrollo de los CIAL que conducen al éxito. Mediante la incorporación de
sus resultados en trabajos adicionales sobre investigación participativa, el Centro
continúa trabajando para que los agricultores de escasos recursos autogestionen,
brindándoles un rango más amplio de oportunidades y la esperanza de una vida mejor.

Componentes del manejo comunitario de la tierra
Los comités de investigación conformados por agricultores son una de las muchas
herramientas que pueden facultar a las comunidades rurales en la lucha contra la pobreza y
la degradación ambiental. Desde 1992, el CIAT ha estudiado diversos métodos para ayudar
a las comunidades de escasos recursos a manejar los recursos naturales en formas que
permiten a los agricultores ganarse la vida decentemente, mientras conservan el paisaje
que es su patrimonio legítimo.
El primer sitio experimental para este trabajo fue la cuenca del río Cabuyal,
localizada en las laderas del suroccidente colombiano. Desde entonces, la investigación
se ha extendido a sitios de referencia en laderas de Honduras y Nicaragua. La
financiación ha provenido de los gobiernos de Canadá, Suiza y Dinamarca, así como del
Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Ecorregional de los Países Bajos para
el Apoyo de Iniciativas Metodológicas.
Dicho sencillamente, una cuenca es la zona geográfica drenada por una red definida de
ríos, arroyos y manantiales. Como un científico del CIAT lo expresó, una cuenca
proporciona "un fácil punto de encuentro para la comunicación, la negociación, la
planificación y el seguimiento del impacto para asistencia técnica". Una cuenca
puede dividirse en subcuencas y microcuencas, según la escala deseada de análisis y de
intervención. En el levantamiento de los límites precisos de un área objetivo para
fines de investigación y de acción comunitaria, el CIAT considera también la dinámica
de la economía local, las condiciones sociales y las jurisdicciones políticas.
Las laderas proporcionan un punto focal lógico para la investigación que realiza el
CIAT sobre el manejo comunitario de los recursos naturales. Las laderas tienden a ser
áreas de pobreza arraigada. Las propiedades de tierra son generalmente pequeñas,
formando un mosaico de parcelas dedicadas a la agricultura que son propiedad de muchos
individuos, a menudo de diferentes grupos étnicos. Las zonas de ladera pueden ser
ambientalmente vulnerables, especialmente porque son el sitio donde compiten el bosque y
la agricultura.
Es importante equipar a los agricultores de escasos recursos, en zonas de ladera, con
tecnologías de producción ambientalmente seguras. Pero los científicos del CIAT
comprendieron, desde muy temprano, que quedaba pendiente una tarea mucho más difícil y
esencial, dirigida hacia la gente: encontrar maneras de organizar y motivar a las
comunidades para que se responsabilizaran del manejo de la tierra. Sin estructuras
sólidas en su lugar apropiado para vincular a los diversos actores y grupos interesados,
las soluciones basadas solamente en tecnologías mejoradas son, en el mejor de los casos,
como remiendos en un techo con goteras.
El exitoso manejo comunitario de los recursos requiere del uso de métodos validados
para unir a los miembros de la comunidad y a instituciones locales en tareas comunes.
Significa hacer que ellos hablen un lenguaje común, compartan una visión de lo que puede
ser. La tarea puede consistir en definir y llegar a un acuerdo sobre necesidades y metas,
fijar prioridades locales, escoger grupos beneficiarios (como mujeres de escasos
recursos), elaborar un mapa de los recursos naturales de una zona, o realizar una
investigación. O también puede ser, arremangarse la camisa y echar pala, martillo y
machete para cavar pozos, sembrar cultivos, instalar barreras para el control de la
erosión del suelo o levantar una cerca alrededor de una fuente de agua.
Una reunión en una aldea al noroeste de Nicaragua es un buen ejemplo
de cómo funciona el componente organizacional en el desarrollo de comunidades. Un día en
marzo de 1999, más de 50 personas llenaron un aula de una pequeña escuela ubicada en la
parte alta de una montaña, en el municipio de San Dionisio. Habían venido a pie, en
camión o a lomo de caballo para oír y conversar acerca de las cosas amadas por ellos:
cómo mejorar la vida cotidiana en su pueblo, Susulí, y cómo proteger el paisaje
circundante, la cuenca del Río Calico. Sólo había espacio para estar de pie. Los que
llegaron tarde tuvieron que quedarse afuera, al aire libre, arremolinados alrededor de las
ventanas abiertas para escuchar lo que estaba ocurriendo.
Precisamente 4 meses antes, el Huracán Mitch había azotado a América Central,
incluyendo esta zona empobrecida de Nicaragua. Los cultivos de frijol fueron devastados y
los campos de maíz y café fueron severamente dañados por una semana de lluvia continua.
El curso del Río Calico cambió y algunas personas, especialmente los ganaderos ubicados
cerca del río, perdieron sus hogares y pertenencias. Los deslizamientos de lodo
arrastraron con el suelo y la vegetación en las laderas escarpadas.
La esperanza de actuar para ayudar a Susulí a levantarse nuevamente fue, seguramente,
un poderoso atractivo para esta reunión pública, organizada por una asociación novata
de grupos comunitarios llamada Campos Verdes. Pero Campos Verdes, que el CIAT ayudó a
lanzar a principios de 1998, se preocupa por mucho más que brindar ayuda de emergencia a
los agricultores y otras víctimas del huracán. Es una organización con una visión
amplia y a largo plazo: un mejor manejo de los suelos, del agua y de los árboles; una
mejor seguridad alimentaria; un proceso de diálogo con instituciones y gobiernos locales;
y una organización y acción comunitaria sólidas en San Dionisio. La mezcla de intereses
que representa es tan amplia como su visión. Campos Verdes reúne a comunidades locales,
comités de manejo de agua, poblaciones indígenas, comités de agricultores
investigadores y otros grupos.
"Es mucho más fácil conseguir financiación para infraestructura, centros de
salud y proyectos de agua cuando se está organizado", dice el presidente de Campos
Verdes, Mariano López. "Uno de nuestros problemas más grandes es la deforestación.
El número de árboles en la cuenca del Río Calico se ha reducido. La reforestación y la
conservación del suelo ahora son importantes".
Los organizadores de la reunión, ayudados por dos miembros del CIAT, cubrieron muchos
temas importantes. El secretario de la asociación Juan Carlos Castro presentó un informe
acerca de un proyecto de siembra de vegetales que incluía 70 familias de un pueblo
vecino. Luego describió el reciente mapeo de los recursos naturales en diversas
microcuencas del sistema del Río Calico una zona que abarca cerca de 170
kilómetros cuadrados. Un total de 17 comunidades participaron en el ejercicio, que fue
financiado por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (CIID) del
Canadá.
"¿La persona que elegimos para representarnos en Campos Verdes debe ser alguien
que ya está en el comité de agua?" preguntó alguien del público. No, contestó un
miembro del comité ejecutivo; los miembros de la comunidad pueden elegir a quien ellos
piensan que representará mejor sus intereses.
Hubo una nominación: Juan Molinarez. Las miradas se centraron en un hombre con
sombrero de paja, parado en la parte de atrás de la habitación. Después de una breve
discusión, los organizadores hicieron un llamado para votar. Nuestra visión de Molinarez
se bloqueó momentáneamente por el salón lleno de manos levantadas. Una vez confirmado
el candidato, los asistentes aplaudieron entusiasmados. Susulí ya tenía su representante
oficial en Campos Verdes; ya estaba en su sitio otro eslabón en la cadena organizativa
local.
Los CIAL son otro nexo institucional clave en el enfoque de manejo comunitario que
está siendo promocionado por el proyecto de laderas del CIAT. Desde 1997, el Centro ha
ayudado a ocho aldeas de San Dionisio a establecer comités de investigación de
agricultores. El frijol, el maíz, la soya y las hortalizas son los principales temas de
investigación. En 1998 se llegó a un convenio con el Instituto Nacional de Tecnología
Agropecuaria (INTA) de Nicaragua para brindar asesoría científica a los CIAL.
El CIAT ahora está estableciendo una red de fincas experimentales locales, denominadas
SOL por "supermercado de opciones para laderas", incluyendo una en San Dionisio.
Con base en peticiones expresadas por diversos grupos que tienen interés en las
condiciones de la cuenca, se están estableciendo tecnologías alternativas para mejorar
la producción agrícola y el manejo de los recursos en las fincas, y se evaluarán estas
tecnologías con la participación activa de los agricultores locales, incluyendo los
CIAL. Los SOL también proporcionaron sitios para hacer investigación de tesis,
actividades de capacitación, días de campo, etc.
Aparte de generar tecnologías biofísicas, el CIAT también ha trabajado con socios
colaboradores en varios países para crear nueve herramientas de apoyo a la toma de
decisiones respecto al manejo de los recursos naturales y a la acción comunitaria. Por
ejemplo, una guía explica un método para incluir a los agricultores en el diseño de
indicadores de la calidad del suelo que sean sencillos y fáciles de usar. Otra trata un
método comunitario para medir los niveles de bienestar humano e identificar precisamente
los focos de pobreza en zonas rurales, como una ayuda para escoger mejor los sitios donde
se realizarán los proyectos.
En el proyecto de laderas ya sea en Colombia, Honduras o Nicaragua la
cooperación se extiende mucho más allá de los límites inmediatos de las comunidades
escogidas. En Nicaragua, por ejemplo, el CIAT trabaja con la unidad de sistemas de
información geográfica (SIG) y teledetección del Ministerio de Agricultura y
Silvicultura. El Centro recientemente proporcionó capacitación técnica al personal que
trabaja en SIG y les está colaborando en la preparación de un atlas socioeconómico y
biofísico de Nicaragua, similar al atlas de Honduras mencionado antes.
Otro socio colaborador importante a nivel nacional es la Facultad de Recursos Naturales
y del Ambiente (FARENA) de la Universidad Agrícola Nacional. Con el apoyo del CIAT, los
estudiantes de pregrado están participando en estudios sobre la estructura y la
fertilidad del suelo, la calidad del agua y la biodiversidad de los bosques en la cuenca
del Río Calico y en otros dos sitios de FARENA.
El CIAT, dice José Ignacio Sanz, líder del Proyecto de Laderas, tiene una obligación
"para llenar el vacío entre la investigación y el desarrollo, para asegurar que
tenemos un impacto concreto al terminar el día. Por tanto, cualquier evaluación de
nuestro trabajo no debe mirar solamente si nuestra investigación estratégica ha generado
los productos concebidos. También debe ver si esos productos han tenido un efecto a nivel
local, tanto en el bienestar de la gente como en el estado del medio natural".
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