En sus 76 años de vida, el agricultor hondureño Jerónimo González ha sido testigo de
muchos momentos difíciles, pero nunca había presenciado uno tan destructivo como el
Huracán Mitch. Su cultivo de frijol fue destruido por completo en la tierra que alquilaba
cerca de Danlí. "Si no hubiéramos recibido esta ayuda", dice González,
refiriéndose a Semillas de Esperanza para América Central (un proyecto de emergencia
establecido por cuatro centros del GCIAI y sus socios colaboradores locales y financiado
por los gobiernos de los Estados Unidos y Canadá), "ahora seríamos más pobres que
antes".
La semilla mejorada de frijol que don Jerónimo y miles de otros
centroamericanos recibieron en la primavera de 1999 fue suministrada por organizaciones de
ayuda, pero producida por los pequeños agricultores con el apoyo del proyecto Semillas de
Esperanza. Algunos de estos agricultores trabajan también con comités de investigación
local y asociaciones locales de manejo de cuencas, que promueven la innovación para
lograr un mejor manejo, no sólo de los cultivos sino también de la tierra.
Ni la furia de Mitch pudo detener a estas mujeres y hombres tenaces en su
búsqueda de sendas que los alejen de la pobreza.
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