Más allá de los beneficios que la
máquina ha traído para este grupo de agricultores, está el cambio de mentalidad,
adquirido a través de su experiencia con los CIAL. Iniciaron experimentos con 12
variedades de frijol, siguieron paso a paso el proceso y, poco a poco, hallaron la
variedad que mejor se adaptó a las condiciones de su entorno, Cal 96 y AFR 612. Estas
variedades fueron facilitadas por el proyecto de Mejoramiento de Frijol del Centro.
Los
integrantes del CIAL son Jairo Calvo, Jhon Jairo Ramírez, Efraín Santos, y Pablo
Salinas. Hablamos con dos de ellos para conocer de cerca sus historias y esto fue lo que
nos contaron:
¿Quiere
un Cuaderno? ¡Sembremos Frijol!
En
una pequeña banca de madera ubicada frente a un cultivo de frijol, se sienta todas las
tardes Jairo Calvo a planificar su terreno, a hablar con su esposa y a recordar que un
tiempo atrás su vida era totalmente distinta.
Todo
empezó hace 3 años, cuando Jairo dijo a su familia que se dedicaría a trabajar en el
campo. Ellos no lo entendieron, pues él había pasado toda la vida en el pueblo y el
terreno que tenía pensado adquirir, era para muchos, un rastrojo. "Mis padres fueron
agricultores, pero yo siempre fui criado en el pueblo, me levanté manejando carro,
tractoriando por allí", dice. En una época Jairo tuvo la oportunidad de viajar a
Israel para trabajar con el plástico. "Cuando vi esas tierras tan áridas de por
allá, aprendí a valorar la tierra que tenemos, por eso lo primero que hicimos, mi esposa
y yo, cuando llegamos a Colombia fue comprar este terreno de seis cuadras y media, donde
vivimos felices. Es lo mejor que me ha pasado en la vida ", afirma.
Aunque
el terreno lo compró con el dinero que había ahorrado de su trabajo en Israel, su padre,
de tradición cafetera, no quiso volver a visitarlo cuando se enteró que estaba tumbando
las matas de café. "Esta finca es suya, haga lo que quiera que yo por aquí no voy a
volver", fueron sus palabras. Lo que el padre no sabía era que él estaba sembrando
fríjol. "Al tiempo lo invité y desde allí ha estado viniendo cada 8 días".
Está muy contento, dice. "Debemos ser conscientes de que el café fue en su momento
muy bueno, nos permitió comprarlo todo, pero ya no; además, son dos cosechas al año,
mientras que frijol tenemos cada 90 días".
"No
miramos que haya verano, que haya invierno, sólo sembramos. Hace un mes, sacamos una
frijolera en verano; uno consigue mangueras y surtidores. El único que sacó frijol en
verano fui yo, nadie de la región quiso arriesgarse. En invierno las enfermedades atacan
el cultivo, en cambio en verano no".
El
investigar y experimentar despierta en ellos un interés por probarlo todo. Ya no sólo
siembran frijol sino que experimentan con tomate, papaya, espinaca, habichuela y sapotes.
Todo se les ha convertido en una posibilidad.
Jairo
y su familia viven felices, ya no tienen necesidad de ir por comida al pueblo, basta con
tomar una bolsa, dar una vuelta a su finca para tener el mercado de la semana. Lo más
importante para ellos es lograr autosuficiencia y, sin duda, lo están logrando.
A
Jairo, algunas veces, sus hijos le piden dulces, cuadernos, juguetes, y él, con una
sonrisa, les responde: "¡Sembremos frijol!".
De Tradición Cafetera
Desde que tenía un año, Jhon Jairo
Ramírez vive en un espacio que es la herencia, de generación en generación, de sus
padres y abuelos: Una finca cafetera. "Mi abuelo sembró café, mi padre sembró
café y yo, en este momento, estoy diversificando entre café y otros cultivos. Uno sigue
de terco, aunque está intercalado con el plátano y ahora con el frijol, que es el que
nos está dando la mano".
El
padre de Jhon Jairo quería que él no se dedicara a la finca, pero hoy piensa que era
casi imposible dejar de hacerlo cuando se ha vivido siempre jugando con los árboles y
comiendo tierra. "A uno empieza a gustarle esto y no fui capaz de dejarla; además,
si está bien administrada puede funcionar como cualquier empresa".
"Los
planes aquí en la finca son tener de todo un poquito. La mitad en café y la otra mitad
en pan coger y otros cultivos"
Al
inicio del proyecto, fueron invitados al Cauca para que fueran partícipes de otras
experiencias. Cuenta Jhon Jairo que el choque más grande que tuvo en esa visita, fue ver
cómo ese grupo de agricultores había logrado buenos resultados, en tierras que no eran
tan de buena calidad como las de ellos. "El agua era escasa y en comparación,
nosotros estamos en la gloria, porque nos baja por gravedad; sin embargo, la voluntad de
trabajo que demostraron, fue lo que nos motivó para seguir adelante", comenta.
En
la región cafetera es tanta la acogida de este CIAL, que son visitados por otras personas
interesadas en iniciar el mismo proceso. Hace poco estuvo una asociación de 30
agricultores de Trujillo, Valle, quienes se asombraron con la variedad de cultivos que
estaban manejando.
Por
ahora, y mientras en la vereda los vecinos los miran con admiración, Jhon Jairo, Efraín
y Pablo seguirán desgranando frijol en medio de los cafetales.
La Máquina También Tiene su Historia
En los años ochenta, el CIAT trajo a Palmira una máquina de
Alemania que servía para desgranar frijol en los ensayos. Su sistema centrífugo llamó
la atención de Humberto Muñoz, supervisor de talleres de Metalmecánica del Centro en
esa época. La máquina era muy grande y se necesitaba una más pequeña para que los
agricultores pudieran trasladarla de una finca a otra a través de las montañas. Fue así
como Humberto pensó que podría adaptarla; con su ingenio logró hacerlo. Esta máquina
empezó a utilizarse, con grandes resultados, en los CIAL del Cauca para el tratamiento de
semillas. El nuevo sistema evita que las semillas sufran, puede desgranar una tonelada en
el día y no importa que el frijol esté maduro o húmedo, ya que tiene variación de
revoluciones. Además, es económica y tiene muy buena aceptación en Colombia y en otros
países donde es utilizada. Hay dos en Ecuador, dos en Haití y una en Venezuela. Según
su diseñador, no tiene nada que se le dañe, pues sólo deben cambiársele las balineras
cada dos mil horas y los motores pueden durar hasta 10 años, con la posibilidad de ser
reparados.

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