La
yuca (Manihot esculenta Crantz) se cultiva en más de
90 países y le da subsistencia a quinientos millones de personas
del mundo en desarrollo. Esta raíz rústica no sólo es un alimento
básico para muchas familias campesinas de escasos recursos sino
también la materia prima para elaborar concentrados comerciales
para animales, fibra para los fabricantes de papel y de textiles,
y almidón para la industria de alimentos y la farmacéutica.
La producción mundial de yuca se sitúa alrededor de 152 millones de
toneladas por año. La mitad de los 16 millones de hectáreas dedicadas al cultivo de la
yuca se encuentran en Africa, un 30 por ciento en Asia y el 20 por ciento restante en
América Latina.
El banco de germoplasma de yuca del CIAT consta de 6,000 clones que comprenden razas
nativas de América Latina y de Asia, clones elite seleccionados por el CIAT y por el
Instituto Internacional de Agricultura Tropical (IITA), situado en Nigeria, y varias especies silvestres de Manihot.
Estos materiales se almacenan como plántulas in vitro, que son de crecimiento lento. De
cada accesión se conservan cinco plántulas en tubos de ensayo, que servirán para
diversas finalidades, entre otras la conservación a largo plazo, la distribución para
atender los pedidos de germoplasma, las copias de seguridad y la provisión de duplicados
para conservar el germoplasma en el país de origen. Parte del germoplasma de yuca se
conserva también como semilla.
El actual método in vitro da a las plántulas una duración efectiva de 12 a 14 meses
solamente; contrasta con ella la viabilidad larga (de varias décadas) de las semillas
congeladas. Pasado ese tiempo, hay que retirar tejidos de las plántulas más viejas y
recultivarlos en un medio de cultivo fresco.
El CIAT está probando actualmente dos métodos alternativos para mejorar la
conservación del germoplasma de yuca y la prolongación de su período de almacenamiento.
El primero consiste en extender la vida de las plántulas in vitro empleando mejores
técnicas de cultivo; por ejemplo, alterando el medio de cultivo utilizado en los tubos de
ensayo. Esta opción puede duplicar, más o menos, el período de viabilidad de las
plántulas de yuca.
La segunda opción es elaborar semillas "artificiales" y congelarlas. Los
ápices de la parte aérea de la yuca (meristemas) son recubiertos con alginato de sodio y
luego se hacen coagular en gotas diminutas, sumergiéndolos en una solución de cloruro de
calcio. Después de reducir el contenido de agua de las gotas mediante un proceso que
consta de dos pasos, éstas se almacenan en nitrógeno líquido. Este ambiente extremo de
-196 °C detiene eficazmente toda actividad biológica. La técnica permite conservar la
yuca durante 30 años o más sin otro mantenimiento que el seguimiento periódico.
Además, es menos laboriosa que el cultivo in vitro, requiere menos espacio para el
almacenamiento y permite duplicar la colección y transportarla hacia otros sitios
fácilmente. Su desventaja principal es que el proceso de regeneración de plantas
completas de yuca a partir de las gotas congeladas es mucho más difícil que partiendo de
las plántulas mantenidas en tubos de ensayo y por ello el porcentaje de resultados
exitosos es todavía bastante bajo.
El método estándar con que el agricultor propaga la yuca es plantando esquejes
denominados estacas. Aunque las estacas tienen ventajas prácticas como medio de
almacenamiento de germoplasma y como instrumento de propagación, son fuente de
enfermedades de la planta y no se pueden transportar a través de las fronteras
internacionales.
Tipos de material reproductivo: plántulas in vitro; semilla; meristemas
criopreservados.
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